El fontanero, un chico de 40 años, estaba arreglando un radiador.
Tras realizar varios ajustes en la instalación, comentó que esperaría media
hora para ver la evolución del circuito de agua. Concluyó: “Eso sí, a las tres salgo
pitando a recoger a mis hijas y ayudarles con sus deberes escolares. Es el
único rato que puedo estar con ellas, y no me lo pierdo por nada del mundo”. No
hizo falta preguntarle si estaba separado. Lo confesó él mismo al tiempo que
reconocía que la culpa era totalmente suya: Un problema de adicciones. Con
tranquilidad siguió explicando cómo llegó a ese infierno, cómo salió de él y,
lo más importante, cómo había conseguido mantenerse sobrio durante muchos meses.
Con convencimiento y tranquilidad prosiguió con el corazón sobre la mesa.
El alcohol estaba destruyendo a pasos acelerados mi salud
corporal y espiritual, la de mi familia y la de las personas que más me
querían. Un día me dijo el jefe: “Te voy a pagar la estancia en un centro de
recuperación. No quiero perder para siempre a uno de mis mejores trabajadores”.
El ambiente del Centro era… ¿cómo decirlo?, “singular”.
Convivíamos personas de todas las edades y condición social, unidas por las
adicciones más variadas. El día estaba lleno de actividades que habían de cumplirse
SÍ o SÍ. Tras las charlas, no me costó esfuerzo identificarme con ese niño
caprichoso, que lo quería todo al momento y que era incapaz de obedecer y seguir
una disciplina. La labor del tutor personal fue esencial para mantener alta la
autoestima y compromiso personal.
El proceso de recuperación consistía en trabajar humildemente
en el dominio propio. Soy consciente que ese proceso durará toda mi vida. Afortunadamente,
hoy tengo un trabajo exigente y un descanso sano, alejado de los ambientes y
personas que me intoxicaron. De alcohol ni una gota: “NO es NO”. Visito el
centro de vez en cuando, pues allí apadrino a personas que, como yo, desean ser
libres.
Cuando se marchó le di las gracias al fontanero por la doble lección que me
había enseñado: nadie está libre de caer en la desgracia de una adicción; todos
podemos salir de ellas si ponemos los medios.
La Tribuna de Albacete (02/03/2026)