lunes, 2 de marzo de 2026

Confesiones de un adicto

 

El fontanero, un chico de 40 años, estaba arreglando un radiador. Tras realizar varios ajustes en la instalación, comentó que esperaría media hora para ver la evolución del circuito de agua. Concluyó: “Eso sí, a las tres salgo pitando a recoger a mis hijas y ayudarles con sus deberes escolares. Es el único rato que puedo estar con ellas, y no me lo pierdo por nada del mundo”. No hizo falta preguntarle si estaba separado. Lo confesó él mismo al tiempo que reconocía que la culpa era totalmente suya: Un problema de adicciones. Con tranquilidad siguió explicando cómo llegó a ese infierno, cómo salió de él y, lo más importante, cómo había conseguido mantenerse sobrio durante muchos meses. Con convencimiento y tranquilidad prosiguió con el corazón sobre la mesa.

El alcohol estaba destruyendo a pasos acelerados mi salud corporal y espiritual, la de mi familia y la de las personas que más me querían. Un día me dijo el jefe: “Te voy a pagar la estancia en un centro de recuperación. No quiero perder para siempre a uno de mis mejores trabajadores”.

El ambiente del Centro era… ¿cómo decirlo?, “singular”. Convivíamos personas de todas las edades y condición social, unidas por las adicciones más variadas. El día estaba lleno de actividades que habían de cumplirse SÍ o SÍ. Tras las charlas, no me costó esfuerzo identificarme con ese niño caprichoso, que lo quería todo al momento y que era incapaz de obedecer y seguir una disciplina. La labor del tutor personal fue esencial para mantener alta la autoestima y compromiso personal.

El proceso de recuperación consistía en trabajar humildemente en el dominio propio. Soy consciente que ese proceso durará toda mi vida. Afortunadamente, hoy tengo un trabajo exigente y un descanso sano, alejado de los ambientes y personas que me intoxicaron. De alcohol ni una gota: “NO es NO”. Visito el centro de vez en cuando, pues allí apadrino a personas que, como yo, desean ser libres.

Cuando se marchó le di las gracias al fontanero por la doble lección que me había enseñado: nadie está libre de caer en la desgracia de una adicción; todos podemos salir de ellas si ponemos los medios.

La Tribuna de Albacete (02/03/2026)