Acaba de fallecer J. Habermas, el
último representante de la Escuela de Frankfurt. Tenía 97 años. Posiblemente el
lector nunca ha oído hablar ni del difunto ni de la Escuela. Sin embargo, puede
tener por seguro que nos ha influido, forma parte del ADN de los partidos
progresistas de Occidente. La Escuela y la “Teoría crítica” que abanderó se fundaron
en 1923, en pleno despegue del fascismo. Su punto culminante llegó tras la
Segunda Guerra Mundial. Entre los fundadores destacan: T. Adorno (“La cultura
de masas”), H. Marcuse (“El hombre unidimensional”), E. Fromn (introduce la
pansexualización de Freud). En la segunda generación: J. Habermas (“Comunicación y Ética del
discurso”).
Estos intelectuales marxistas, tras
constatar su fracaso en Europa, decidieron cambiar de estrategia en la línea
sugerida por el politólogo italiano Antonio Gramsci (“La hegemonía cultural”).
Desde la Universidad y los medios de comunicación había que reconstruir el
relato marxista de la dominación y “deconstruir” las instituciones
tradicionales que manipulaban nuestras conciencias: religiones dogmáticas,
familia patriarcal, educación moral y sexual…
La Escuela de Frankfurt tuvo un fuerte
impacto en el parisino Mayo de 1968. Su influencia en la ideología de género y
el actual movimiento woke también es evidente. Con un matiz: la ideología ha
desplazado a la razón. Un compañero me decía: “Yo disfrutaba dialogando con los
marxistas de la Escuela de Frankfurt. Con los actuales ideólogos me resulta
imposible. Han sustituido la razón por una opinión cambiante”. J. Ratzinger
afirmó algo parecido en un debate público que sostuvo con Habermas, 14 meses
antes de convertirse en el Papa Benedicto XVI. Les
consideró hijos de la Ilustración que sustituyó la razón dada por Dios por la
razón contra Dios. Sin Dios, el ser humano se ha ido degenerando hasta abjurar
de la razón y el sentido común.
La Tribuna de Albacete (16/03/2026)