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domingo, 26 de abril de 2026

Cueva de ladrones

            El próximo 8 de junio, durante su visita al Reino de España, León XIV tiene una cita en el Palacio de las Cortes donde se reunirán el Congreso y el Senado. ¿De qué hablará? Sabiendo que Robert Prevost, antes de Papa, fue el Prior General de la Orden de San Agustín, yo espero un discurso que recoja la espiritualidad sociopolítica de su santo patrono. Algo en la línea de lo que predicó en Guinea Ecuatorial el pasado 21 de abril ante la plana mayor de los políticos del país.

San Agustín se convirtió al cristianismo a los 32 años, corría el año 387. El libro-testamento social, que nos dejó en el 426, “La Ciudad de Dios”, explica el contraste entre una civilización basada en la gracia y el amor frente a otra basada en el pecado y el egoísmo. En la primera (el “Reino de Dios en la Tierra”), los hombres y mujeres de todas las edades vivirían (tratarían de vivir) los gozos y tristezas de su vida terrenal cumpliendo la voluntad de Dios-Padre, que se concreta en el amor a nuestros hermanos. El amor a Dios nos ayuda a olvidarnos de nuestros intereses egoístas y asegura una paz cimentada en la justicia.

Lamentablemente, los hombres que habitamos la Tierra estamos sujetos a los reclamos del egoísmo personal. Si lo alimentamos, acabaremos por olvidarnos de Dios y machacar a los hombres, empezando por los más cercanos. A escala global, los resultados no pueden ser otros que la injusticia del tirano, la violencia y la guerra.

               Corresponde a las autoridades crear las instituciones que nos estimulen a dar lo mejor de nosotros mismos. A dictar unas leyes justas y tratar de que todos las cumplan, empezando por quienes las dictan. Su conclusión es tan fuerte como clarividente: cuando las autoridades políticas y religiosas de un país anteponen el interés propio al bien común, tanto el Senado como  el Templo se convierten en una cueva de ladrones.

domingo, 29 de marzo de 2026

Blanquear la muerte

 

            El 26 de marzo de 2026, Noelia Castillo murió en un hospital público acogiéndose a su derecho a la eutanasia. Tenía 25 años. Desde la Ley Orgánica 3/2021, el Registro Civil anota estos casos como “muerte por causas naturales”. La mayoría de los medios de comunicación han recibido con júbilo la noticia. ¡Por fin se ha conseguido el derecho a una muerte digna al amparo del Estado!

              Permítasenos unas reflexiones desde el Derecho natural, el que está en la base de las antiguas civilizaciones y en las declaraciones modernas de derechos fundamentales. El artículo 15 de la Constitución española considera la vida como un derecho fundamental e inviolable. ¿Y qué diremos cuando uno se quita la vida voluntariamente? Hasta hace poco, el suicidio se consideraba un pecado moral que impedía un entierro normal y un delito grave castigado hasta en su modalidad de tentativa. Hoy en día, el suicidio está despenalizado teniendo en cuenta la complejidad de las razones o enfermedades psiquiátricas que suele haber detrás. El art. 143 del Código Penal español sigue castigando, con prisión de 2 a 10 años, la inducción, cooperación y auxilio al suicidio de otra persona… excepto si se trata de la eutanasia aprobada en 2021.

              La eutanasia es, digámoslo claro, un suicidio asistido, practicado por organismos estatales siguiendo un protocolo preestablecido. El Estado ha blanqueado el suicidio llamándolo “muerte digna” y dándole la categoría de derecho fundamental, en paralelo al derecho a la vida. Consecuentemente, el suicidio ha quedado normalizado y el “Estado del bienestar en vida y muerte”, glorificado.

El Estado no puede evitar los suicidios (cada vez serán más simples y discretos), pero menos aún puede asistirlos. Lo que sí debe hacer el Estado, y no ha hecho en el caso de Noelia, es proteger a las familias-educadoras, fundamentar la tutela en centros de acogida “acogedores” y garantizar un sistema de cuidados paliativos. Me duele que estemos blanqueando la muerte estando la casa sin barrer.

La Tribuna de Albacete (30/03/2026)

domingo, 15 de marzo de 2026

Habermas cierra la escuela de Frankfurt

 

Acaba de fallecer J. Habermas, el último representante de la Escuela de Frankfurt. Tenía 97 años. Posiblemente el lector nunca ha oído hablar ni del difunto ni de la Escuela. Sin embargo, puede tener por seguro que nos ha influido, forma parte del ADN de los partidos progresistas de Occidente. La Escuela y la “Teoría crítica” que abanderó se fundaron en 1923, en pleno despegue del fascismo. Su punto culminante llegó tras la Segunda Guerra Mundial. Entre los fundadores destacan: T. Adorno (“La cultura de masas”), H. Marcuse (“El hombre unidimensional”), E. Fromn (introduce la pansexualización de Freud). En la segunda generación:  J. Habermas (“Comunicación y Ética del discurso”).

Estos intelectuales marxistas, tras constatar su fracaso en Europa, decidieron cambiar de estrategia en la línea sugerida por el politólogo italiano Antonio Gramsci (“La hegemonía cultural”). Desde la Universidad y los medios de comunicación había que reconstruir el relato marxista de la dominación y “deconstruir” las instituciones tradicionales que manipulaban nuestras conciencias: religiones dogmáticas, familia patriarcal, educación moral y sexual…

La Escuela de Frankfurt tuvo un fuerte impacto en el parisino Mayo de 1968. Su influencia en la ideología de género y el actual movimiento woke también es evidente. Con un matiz: la ideología ha desplazado a la razón. Un compañero me decía: “Yo disfrutaba dialogando con los marxistas de la Escuela de Frankfurt. Con los actuales ideólogos me resulta imposible. Han sustituido la razón por una opinión cambiante”. J. Ratzinger afirmó algo parecido en un debate público que sostuvo con Habermas, 14 meses antes de convertirse en el Papa Benedicto XVI. Les consideró hijos de la Ilustración que sustituyó la razón dada por Dios por la razón contra Dios. Sin Dios, el ser humano se ha ido degenerando hasta abjurar de la razón y el sentido común.

La Tribuna de Albacete (16/03/2026)

lunes, 2 de marzo de 2026

Confesiones de un adicto

 

El fontanero, un chico de 40 años, estaba arreglando un radiador. Tras realizar varios ajustes en la instalación, comentó que esperaría media hora para ver la evolución del circuito de agua. Concluyó: “Eso sí, a las tres salgo pitando a recoger a mis hijas y ayudarles con sus deberes escolares. Es el único rato que puedo estar con ellas, y no me lo pierdo por nada del mundo”. No hizo falta preguntarle si estaba separado. Lo confesó él mismo al tiempo que reconocía que la culpa era totalmente suya: Un problema de adicciones. Con tranquilidad siguió explicando cómo llegó a ese infierno, cómo salió de él y, lo más importante, cómo había conseguido mantenerse sobrio durante muchos meses. Con convencimiento y tranquilidad prosiguió con el corazón sobre la mesa.

El alcohol estaba destruyendo a pasos acelerados mi salud corporal y espiritual, la de mi familia y la de las personas que más me querían. Un día me dijo el jefe: “Te voy a pagar la estancia en un centro de recuperación. No quiero perder para siempre a uno de mis mejores trabajadores”.

El ambiente del Centro era… ¿cómo decirlo?, “singular”. Convivíamos personas de todas las edades y condición social, unidas por las adicciones más variadas. El día estaba lleno de actividades que habían de cumplirse SÍ o SÍ. Tras las charlas, no me costó esfuerzo identificarme con ese niño caprichoso, que lo quería todo al momento y que era incapaz de obedecer y seguir una disciplina. La labor del tutor personal fue esencial para mantener alta la autoestima y compromiso personal.

El proceso de recuperación consistía en trabajar humildemente en el dominio propio. Soy consciente que ese proceso durará toda mi vida. Afortunadamente, hoy tengo un trabajo exigente y un descanso sano, alejado de los ambientes y personas que me intoxicaron. De alcohol ni una gota: “NO es NO”. Visito el centro de vez en cuando, pues allí apadrino a personas que, como yo, desean ser libres.

Cuando se marchó le di las gracias al fontanero por la doble lección que me había enseñado: nadie está libre de caer en la desgracia de una adicción; todos podemos salir de ellas si ponemos los medios.

La Tribuna de Albacete (02/03/2026)

domingo, 14 de septiembre de 2025

Modernidad (3) - La falacia de la paz perpetua

 

Immanuel Kant, el gran filósofo de la modernidad, escribió en 1795 un ensayo titulado “La paz perpetua”. A su entender, si los hombres se guiaran por la “razón práctica” comprenderían que la guerra no favorece a nadie. Hasta los conflictos religiosos se esfumarían cuando la fe quedara subyugada a la razón. Un siglo después, el economista francosuizo, Leon Walras se auto propuso para el premio Nobel de la paz tras demostrar matemáticamente que el libre comercio internacional no es un juego de suma cero donde unos ganan a costa de otros. Todos pueden beneficiarse simultáneamente de la prosperidad económica. Las guerras por motivos económicos no tienen razón de ser.

               El siglo XX demostró la falacia de estas profecías. Dos guerras mundiales seguidas de 40 años de guerra fría. La guerra caliente continúa hoy en todos los continentes. En Europa, cerca de la ciudad de Kant, una guerra inesperada entre rusos y ucranianos. En
África, los países más pobres se desangran en guerras civiles. En el Oriente Próximo, un conflicto perenne entre árabes y judíos que hoy supura en Gaza. En las tierras colindantes, los cristianos son masacrados en sus propias iglesias a manos de musulmanes fanáticos. Por doquier, nacionalismos excluyentes que alimentan el odio, fuente de todas las guerras.

               El error de la modernidad consistió en ignorar la naturaleza del ser humano, capaz de lo mejor y lo peor. Olvidó la fragilidad de la razón y voluntad humanas, así como la necesidad de educarlas en la familia, la escuela y las organizaciones. Nadie es capaz de pensar correctamente cuando está enfadado. Tampoco actuaremos con justicia y generosidad si nuestra única preocupación es aumentar el poder y satisfacción personal. La paz perpetua es una quimera. El esfuerzo por cultivar las semillas de la paz por métodos pacíficos, eso sí que debiera ocuparnos perpetuamente a escala individual y social.

La Tribuna de Albacete (15/09/2025)

lunes, 1 de septiembre de 2025

Modernidad, quién te ha visto y quién te ve

            Las vacaciones veraniegas son una magnífica oportunidad para tocar el fondo de las cuestiones cruciales que enmarcan nuestra manera de pensar y actuar. Yo las he aprovechado para recordar el cambio radical que se produjo en Europa (y, por contagio, en el resto del mundo) bajo la bandera de “la modernidad”. Desde el siglo XVI las élites intelectuales se confabularon para eliminar el legado de la Edad Media, sin discriminar entre los materiales obsoletos y aquellos que resultaban esenciales para construir personas juiciosas y sociedades pacíficas.

               Ante todo, la modernidad se afanó por diluir ese Dios que el vulgo situaba por encima del hombre. Para conseguirlo fue necesario aniquilar las religiones que decían lo contrario (el cristianismo en particular), amén de las familias que mantenían, generación tras generación, la fe en Dios y en la Iglesia.

            La modernidad trastocó los fundamentos filosóficos que los pensadores cristianos (San Agustín y Sto. Tomás) derivaron de la Grecia clásica. El subjetivismo y el relativismo desplazaron a la ley natural que nos permite saber quién es el ser humano y qué principios objetivos deben regir su comportamiento. Los avances científicos y tecnológicos reemplazarían la fe y esperanza que animaron a los incultos hombres del medievo.  El Estado democrático de Derecho aseguraría la justicia y la paz.

        Lamentablemente, estas ideas han sido enterradas por sus propias contradicciones dando origen a la “postmodernidad”. El ateísmo, subjetivismo y relativismo han hurtado el sentido de nuestras vidas y nos han enfrentado unos contra otros a una escala desconocida. El mejor ejemplo del sinsentido de la postmodernidad lo suministra el feminismo radical a tenor del cual ya no hay hombres ni mujeres, cada uno decide el sexo con el que se identifica en cada momento. Lo peor: a esto se le llama “progreso”.

La Tribuna de Albacete (1/09/2025)

 

domingo, 22 de diciembre de 2024

Dos buenas noticias, por Navidad

 

En los últimos años, las calles de algunas ciudades europeas y las marquesinas de los autobuses anuncian un mensaje tan obvio como desconcertante: “Dos buenas noticias por Navidad: Dios existe … y no eres tú”.

“Dios existe”. Son muchos los que han descubierto indicios de la existencia de Dios en la creación o la vida de los santos. El mensaje de la Navidad es más sorprendente y reconfortante. Ese Dios se ha rebajado a la altura de los hombres para que podamos alabarle e implorarle con toda naturalidad. Es el mismo Dios que dará su vida en el Calvario para salvarnos del pecado que nos esclaviza. Ninguna religión se había atrevido a proponer tal despropósito.

“Tú no eres Dios”. Cuando ignoramos a Dios, acabamos hincando las rodillas ante los becerros de oro o carne que dominan cada época. Y la cosa no acaba aquí. Al final, nos erigimos en dioses y nos creemos con el derecho de exigir a los demás la reverencia debida. No soportamos la menor ofensa de los demás al tiempo que exigimos plena empatía con nuestras debilidades. Como son muchos los que se creen dioses, el conflicto está servido. La rivalidad entre los dioses de las culturas antiguas muestra las consecuencias de una actitud tan ridícula. Ya en el primer capítulo del génesis se nos advierte del peligro de querer ser como dioses. Eva y Adán comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal. De la fruta que les hacía creer que eran dioses capaces de santificar todo lo que hacían o dejaban de hacer, al tiempo que condenaban los pensamientos y actos de sus semejantes. Con esa actitud, la convivencia entre los hombres se haría insoportable, la civilización humana acabaría con el hombre.

Cada Navidad es una nueva oportunidad para recordar que tenemos un Dios que se ha encarnado para rescatarnos del pecado sacrificando su propia vida.  ¡Feliz Navidad!

La Tribuna de Albacete (23/12/2024)

domingo, 1 de diciembre de 2024

Ética arrojadiza 3 -Bulos

 

“La verdad” destaca entre los valores fundantes de todos los códigos éticos. También en la cultura del pueblo sabio: “La Verdad; no mi verdad” matizó nuestro Antonio Machado. “La mentira” es lo contrario de la verdad. Los mandamientos esculpidos en piedra por Moisés resumen nuestra actitud ante el prójimo en tres verbos: “No matar, no robar, NO MENTIR”.

Los bulos son la forma más eficaz de mentir en la época de internet. Son “mentiras orquestadas” que tratan de confundir a la opinión pública y que internet difunde como la pólvora. Los escándalos son más fáciles de vender que las noticias “normales”. Los medios de comunicación hacen bien en informar de los escándalos. Pero hemos de exigirles responsabilidad.

Sería un error cargar nuestro malestar en la maquinaria de internet y en los medios de comunicación. Parte de la culpa recae en los ciudadanos de a pie (nosotros) que estamos perdiendo el gusto por la verdad y la capacidad de reflexionar sobre la veracidad de cualquier noticia. Contrastar los datos resulta demasiado tedioso para personas criadas en la inmediatez y estimulados por el olor a sangre.

Y no olvidemos a la clase política. A menudo son los políticos quienes lanzan un bulo con la esperanza que provoque un incendio. “Nos conviene que haya tensión”, dijo Zapatero al acabar una entrevista de Gabilondo sin percatarse que el micrófono seguía abierto. Los políticos experimentados son los que responden ante un presunto bulo con otro bulo más descarado. Los que gritan sin titubear y mienten sin pestañear.

El manual de deontología política ha encontrado en la “lucha contra el bulo” su mejor arma arrojadiza.  “Mi verdad” (la de los políticos) se identifica con la verdad a secas; la verdad tradicional ya no cuenta. El objetivo ya no es restaurar la verdad, sino ahogar al adversario con bulos de toma y daca.

La Tribuna de Albacete, 02/12/2024

domingo, 24 de noviembre de 2024

Ética arrojadiza (2). Delito de odio

Seguimos con el análisis de la ética política contemporánea que bien podría subtitularse “ética fluida” (encuentra siempre lo que te interesa) o “ética arrojadiza” (ideal para aplastar al enemigo sin perder el voto de la gente buena). En la primera entrega criticamos la osadía de ahogar los derechos fundamentales del ser humano con una capa de “derechos a medida del grupo que me vota”. En la segunda hablaremos de otra osadía no menos preocupante: tipificar el delito de odio.

El delito de odio se emplea como arma arrojadiza contra cualquier grupo de extrema derecha (es decir, todos los que están a mi derecha), grupo que se atreva a criticar las políticas de los gobernantes o les acuse de presuntos delitos. Supongo que nadie se extrañará cuando la tortilla se dé la vuelta y el nuevo Gobierno cuelgue el sambenito del odio sobre la extrema izquierda y acólitos.

El delito de odio supone un ataque en la línea de flotación del Estado democrático de derecho. No solo quedaría anulada la libertad de expresión sino la mismísima libertad de pensamiento. La primera está recogida en la Constitución. La segunda es tan obvia como el derecho a respirar. Nadie se había molestado antes en legislar sobre cuestiones obvias. Imagino que quienes si pretender hacerlo ahora encargarán a la inteligencia artificial delatar a aquellos cuyo rictus o tono de voz denote odio. Me temo que ningún parlamentario o manifestante podrá librarse de ser acusado de este delito. ¿Habrá celdas para tantos?

Las palabras de Cristo pueden ayudar a focalizar estos problemas y actuar con coherencia. “No juzguéis y no seréis juzgados… porque la medida que uséis la usarán con vosotros… Hipócrita: sácate primero la viga de tu ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano”.

La Tribuna de Albacete (25/11/2024)

lunes, 18 de noviembre de 2024

Ética arrojadiza (1)

No deja de sorprenderme el creciente interés de la cultura atea por presentar sus programas políticos bajo el marchamo de la ética. O inventar nuevos derechos y delitos que pronto se convertirán en dogmas. 

El lema más vitoreado por la izquierda radical resuena así: “Enterraremos los dogmas de la derecha radical creando derechos y más derechos”. Los presentan como un triunfo de la democracia que (¡oh, sorpresa!) nadie puede cuestionar. Como los columnistas de un periódico local estamos fuera del foco político, yo sí me tomaré la licencia de opinar al respecto. Mi opinión estará basada en los pilares que levantaron la civilización occidental. A saber: la ética judeo-cristiana, la filosofía griega, el derecho romano y el estado democrático de derecho alumbrado por la Ilustración.

Los principios y derechos fundamentales derivan de la dignidad de la persona. El derecho a la vida, la igualdad, y la libertad son, por tanto, anteriores a cualquier organización política. El Estado puede “declararlos”, no crearlos ni suprimirlos. Y si no estás de acuerdo, no te enfades cuando un nuevo Gobierno desmonte tu chiringuito.

Son principios generalistas, se aplican a todas las personas. Todo lo contrario de la cultura woke que identifica un grupo “marginado” para arroparlo con derechos exclusivos. Suelen ser grupos minoritarios. Pero si la suma de todos ellos (más simpatizantes) representa el 51% de los escaños del Parlamento puede resultar que las minorías exploten a la mayoría social de un país. Y lo que es más grave: que mayorías contingentes ahoguen la verdad sobre la persona humana.

El paso siguiente consiste en inmortalizar estos principios y derechos bajo el escudo de lo “políticamente correcto”. Quien se atreva a criticarlos es reo de muerte política y civil. Spoiler: Afortunadamente, se trata de un gigante con los pies de barro que sucumbirá bajo el peso de sus propias contradicciones.

La Tribuna de Albacete (18/11/2024)


domingo, 15 de septiembre de 2024

La UE regula la Inteligencia Artificial

 

Una de las primeras aplicaciones de la inteligencia artificial (IA) fue el GPS. Todos nos beneficiamos de él con el coste de perder el sentido de la orientación. Otra que está a la vuelta de la esquina es el coche sin conductor. ¿Quién se responsabilizará de los posibles accidentes? La novedad de los últimos años es la “IA generativa”. En la popular (y gratuita) aplicación chat-gpt el alumno escribirá: “Redacta un Trabajo Fin de Grado de 50 folios y 10 referencias bibliográficas sobre la evolución de las PYMES en Castilla-La Mancha”. Las técnicas que tenemos los profesores para detectar el plagio ya no sirven pues la IA no copia de materiales previamente introducidos en internet. Es capaz de desarrollar un discurso original a partir de ellos. ¿Qué nota pondremos al alumno que ha demostrado su capacidad de sacar partido a las nuevas tecnologías?

El pasado mes de mayo, la UE aprobó una ley para controlar las aplicaciones de la IA. Las que atentan directamente contra los derechos humanos quedan prohibidas. Ejemplo: identificar a los asistentes a una manifestación masiva a partir de una foto aérea. Las aplicaciones de alto riesgo (como el coche sin conductor) serán reglamentadas rigurosamente. El resto requerirán que el vendedor informe de sus peligros. Estoy pensando en un juguete susceptible de ser conectado con la IA.

Encomiable la preocupación de la UE para prevenir los efectos nocivos de la IA. ¿Será efectiva? Lo dudo. Poner puertas al campo no deja de ser un brindis al sol.  El único remedio efectivo pasa por mejorar la educación moral de las personas. Que los niños, jóvenes y adultos aprendan a distinguir el bien del mal y tengan fuerza de voluntad para rechazar lo que es nocivo para ellos y la sociedad. Algunas de esas conductas quedarán prohibidas por ley. ¡Vale! Pero, aunque no lo estuvieran, siempre quedará esa ley-moral-natural exigible a todos los humanos.   

La Tribuna de Albacete (16/09/2024)

domingo, 7 de abril de 2024

El aborto, cada vez más cerca de la caverna

 El 4 de marzo de 2024 la Asamblea Legislativa Francesa constitucionalizó el aborto. La Unión Europea tiene planeado hacerlo el 11 de abril. La historia de la regulación del aborto ilustra elocuentemente el avance de nuestra civilización hacia la oscuridad más peligrosa.

 Desde tiempos remotos, la humanidad ha practicado el aborto, asesinato, robo y prostitución. Ello no impidió a nuestros ancestros reconocer que todas esas conductas eran inmorales e ilegales, algo a evitar.

 En 1973 la Corte Suprema de los EE.UU. justificó el aborto en casos extremos. Los países que se preciaban de "avanzados", pronto legalizaron el aborto inducido. El eufemismo escogido (“interrupción voluntaria del embarazo”) ponía en evidencia que el aborto seguía considerándose como algo inmoral. Atentaba contra el derecho constitucional a la vida, el primero de los derechos fundamentales recogido en la DUDH de 1948.

 A finales del siglo XX, la mayoría de los países aceptaron el aborto a discreción. No es necesario buscar una causa legitimadora si negamos al feto su condición de ser humano. La nueva legislación se daba de bruces con la verdad científica. Difícilmente encontraremos en el mundo 3 genetistas que sitúen el origen de la vida humana en un momento diferente a la unión entre el espermatozoide y el óvulo. Matar a una persona era y seguirá siendo inmoral.

 La actual inclusión del aborto entre los derechos fundamentales de la Constitución pretende despejar toda sombra de inconstitucional e inmoralidad. ¡Imposible juntar en el mismo lienzo el día y la noche! Semejante pretensión choca directamente con el derecho a la vida y la igualdad allí recogidos. La verdad es la que es. No depende de mayorías parlamentarias, modas culturales o neologismos.

 La noche seguirá siendo noche por más que la iluminemos con fuegos artificiales. ¡Malos augurios para la sociedad que se empeñe en vivir de noche! El mal se esconderá más fácilmente pero sus estragos se multiplicarán.

La Tribuna de Albacete (8/04/2024).


domingo, 2 de abril de 2023

Líneas rojas

La maternidad por sustitución de una “influencer” española ha conseguido que la prensa del corazón y la política compartieran la misma noticia de portada y la adornaran con argumentos éticos. Lo que nos interesa a nosotros es comprobar la coherencia de estos argumentos con los que venían aplicando para casos similares.

La extrema izquierda ha condenado los vientres de alquiler como una forma de violencia contra la mujer. Nos alegra que hayan vuelto a referirse a la ética como una línea roja, ellos que están hartos de repetir que el progreso consiste en inventar nuevos derechos aunque sea machacando los antiguos (por ejemplo, el derecho a la vida). Dudo que puedan responder a la madre biológica cuando les recuerde que ella es autónoma para hacer de su cuerpo lo que quiera: o tirar el feto al contenedor de residuos orgánicos o esperarse unos días para venderlo.

Los liberales aprueban la gestación por sustitución siempre que se respete la libertad de la madre gestante. Este enfoque fue el que en su día aceptó Ciudadanos y, con ciertos matices, el PSOE y el PP. Nos alegra que ahora acepten líneas rojas que limitan nuestra libertad; que el vientre de una mujer no puede ser objeto de mercadeo, como si de una incubadora se tratase. ¿Se atreverán a proyectar las líneas rojas a campos afines?

Los mandamientos recogidos en la tradición judeo-cristiana y los imperativos categóricos de  Kant son los únicos criterios certeros y coherentes. Pensemos en el “no matarás” que implica el “no harás daño al prójimo, ni abusarás de él, ni harás nada que degrade su dignidad”. Este mandamiento prohíbe tanto la maternidad subrogada como el aborto, la eutanasia, o el sacrificio de un niño concebido para curar a otro. Escandalizarse por la maternidad subrogada de una influencer de 68 años, y tragarse todo lo demás, denota mucha hipocresía.

La Tribuna de Albacete (03/04/2023)

lunes, 21 de marzo de 2022

El superhombre

 Una duda me asaltó buscando explicaciones a la guerra de Putin: ¿Dónde he visto yo esta película?, ¿quién me la contó? No tardé en hallar la respuesta. “Crimen y castigo” de F. Dostoievski (1866). Fue la primera novela seria que leí; me marcó. 

Raskolnicov era un estudiante tan racionalista como orgulloso. En un momento dado llegó a la conclusión de que él era un hombre superior y que esta superioridad le eximía del cumplimiento de  las normas morales. Estas eran para el populacho que precisa de la disciplina moral para no enfrentarse con los demás en una guerra permanente.

Ni corto ni perezoso, el protagonista de la novela entró en la casa de la vieja prestamista y la mató. No le interesaba el dinero. Lo único que pretendía era demostrarse a sí mismo que era un “superhombre”, alguien por encima del bien y del mal.

No debía serlo del todo pues la conciencia le remordía hasta el punto de plantearse el suicidio. Afortunadamente tenía a Sonia, la única persona a quien confesó el crimen. Siguiendo sus consejos, Raskolnicov se arrepintió y se entregó a la policía. Junto a Sonia, empezará una vida… en Siberia.

Veinte años después, F. Nietzsche agradece a Dostoievski la imagen del superhombre que él daría vida en las obras emblemáticas de la modernidad: “Muerte de Dios”, “Más allá del bien y del mal”, “El anticristo” … La diferencia es que el filósofo alemán sí se suicidó para demostrarse que era libre de toda atadura, empezando por la moral cristiana. El novelista ruso acertó a comprender que la muerte de Dios implicaba la muerte del hombres en su huida desesperada.     

Dostoievski entendió que el superhombre era un gigante con los pies de barro; lo dejó tirado los suelos. Nietzsche lo sublimó para reemplazar a Dios y sus mandamientos. Hitler mostró lo que pasa cuando el hombre se cree capaz de marcar la frontera entre el bien y el mal. ¿Estará Putin inspirado por Dostoievski?

lunes, 24 de abril de 2017

Economía y fútbol en un casino macabro

El terrorista que atentó contra el Dortmund Fooball Club 
no llevaba hiyab sino corbata de bróker

 “Los especuladores hacen poco daño mientras sean burbujas en la fuerte corriente de la actividad empresarial. El problema surge cuando son las empresas quienes se convierten en burbujas dentro del torbellino de la especulación. Si las actividades de casino pasan a ser dominantes, hemos de esperar que la economía real funcione mal”. Son palabras de Keynes en su obra magna de 1936. Me gustaría preguntarle, ¿qué opina usted cuando también el futbol se convierte en un producto financiero que se compra y vende en un casino macabro?
El gran casino de las economías capitalistas es la bolsa de valores. El hecho de que sea una de las instituciones económicas más antiguas, denota que cumple una función esencial: dar liquidez a títulos que, de por sí, carecen de ella. Por su parte, los nuevos productos financieros (“derivados”, para resumir) cumplen el importante papel de “asegurar” esos productos en un mundo de máxima incertidumbre.
Los problemas surgen cuando las inversiones en bolsa superan con creces la inversión real de las empresas que allí cotizan. Cuando las preocupaciones y actuaciones a corto superan a las que se mueven en el largo plazo. Cuando los inversores bursátiles no buscan tanto los dividendos relacionados con los beneficios empresariales como las plusvalías que resultarán de la reventa. Cuando los derivados dejan de ser modalidades de seguros para convertirse en apuestas puras y duras. Cuando para ganar esas apuestas algunos manipulan los precios bursátiles pase lo que pase.
            Lo que pasó hace un par de semanas en Alemania rompe las barreras de la racionalidad y la legalidad para acercarnos al género de la ciencia ficción macabra. El autobús que transportaba a los futbolistas del Dortmund sufrió un atentado a las puertas del estadio donde iba a jugar un partido de la champions league. El terrorista no llevaba hiyab sino corbata de bróker. Para dar un pelotazo financiero no se le ocurrió otra cosa que comprar “opciones-put” sobre las acciones del club Borussia-Dortmund. Típica apuesta a la baja en un plan de especulación a corto, la tendencia dominante. Si el atentado, en lugar de saldarse con un herido leve, hubiera dejado maltrecho al equipo de fútbol, se habría desplomado la cotización de las acciones del club. Sería el momento de comprarlas y venderlas en la fecha y al precio convenido por la opción-put. Todo esto, por supuesto, con dinero ajeno. El terrorista ya había conseguido un crédito de 80.000 euros para realizar estas maniobras. En las economías de casino, producir y ahorrar no están bien vistos.
La Tribuna de Albacete (24/04/2017)

lunes, 2 de marzo de 2015

Epicentro e hipocentro

Ser el epicentro del mundo tiene su gracia ... y sus desgracias

Los periódicos del martes veinticuatro de febrero de 2015 abrieron con mapas de España o del globo terráqueo donde se apreciaba un triángulo rojo a la altura de Albacete. El día anterior, durante unos segundos, esta zona de la Mancha fue el epicentro del movimiento sísmico más intenso de la jornada. 5,2 Mw en la escala de Richter no son tonterías. Recordaremos que con 5,1 Mw el terremoto de Lorca dejó once muertos y daños urbanísticos todavía apreciables. Por las mismas fechas Japón experimentó un terremoto-maremoto de 9 Mw que segó la vida de 15.836 personas.
A pesar de estar en el epicentro, los habitantes de Osa de Montiel, el Bonillo y Albacete dieron un ejemplo de tranquilidad edificante. Nadie se tiró por la ventana ni empezó a dar gritos en ascensores abarrotados. Ningún pillo aprovechó la confusión para lanzarse a la rapiña en los supermercados, escena habitual en tantos otros lugares asolados por un terremoto.
La propia tierra manchega nos dio un ejemplo de serenidad y discreción. El terremoto no estampó su firma en grietas que se tragan a hombres y animales y quedan allí para la historia. Las aguas de Ruidera permanecieron en sus lagunas habituales; renunciaron al protagonismo de esos maremotos que siembran caos y pánico por donde pasan.   
Al parecer, el secreto de tanta calma radicó en que el hipocentro del terremoto manchego estaba a 10 kilómetros de profundidad (tres veces más hondo que el de Lorca). De aquí extraigo un par de lecciones para esta columna que lleva por título “tocando fondo”.  La apariencia externa (epicentro) no es lo único que existe, ni siquiera lo más importante. Las personas y las sociedades debemos tener unos sólidos fundamentos (hipocentro) donde enraizar nuestros criterios de conducta. También los criterios para solucionar los conflictos que inevitablemente surgen en la convivencia diaria a nivel familiar, laboral o político.
La segunda lección hace referencia a los peligros que acarrea el ser durante mucho tiempo el epicentro del mundo (o creérselo).  En nuestra sociedad, gusta repetir mi párroco, está creciendo el número de personas con problemas de cervicales. El mal cabe atribuirlo al excesivo tiempo que pasamos mirándonos al ombligo, como si fuéramos el centro del mundo. Cuando volvamos a mirar a los hermanos que tenemos al lado y cuando nos dignemos levantar la vista hacia nuestro Padre común, se acabaron los problemas de cervicales. Ser el epicentro del mundo tiene su gracia … y sus desgracias.

  La Tribuna de Albacete (02/03/2015) 

martes, 24 de junio de 2014

Potestas y Auctoritas

Los romanos dejaron bien clara la distinción entre “Potestas” y “Auctoritas”. La primera indica la capacidad de imponer tus decisiones sobre los demás ya sea por vías jurídicas, ya por la fuerza física. “Auctoritas” se traduce por “autoridad moral”. Asegura el respeto y la lealtad no por el temor a ser castigado sino por la confianza en la sabiduría y honestidad del líder.
El jueves 19 de junio Felipe de Borbón fue coronado como Rey de España. Asumió los símbolos del poder regio: cetro, trono y corona; fajines y bandas; medallas y más medallas. Su efigie en monedas y sellos nos recordará permanentemente quién es el Jefe del Estado español. La repetición de los símbolos esconde, sin embargo, una diferencia fundamental con sus antepasados. Un rey absoluto como Felipe V podía tener mucho poder y poca autoridad. Un rey democrático como Felipe VI o tiene autoridad o no tiene nada. Sus funciones se limitan a la representación del Estado y a la integración de los poderes institucionales y territoriales que lo conforman. Sólo podrá cumplirlas si goza de la confianza de los representantes del pueblo y del pueblo en general.  
 “La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social. Porque, sólo de esa manera, se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública. Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos”

Son palabras del propio Rey en su discurso de coronación. Yo no quitaría ni añadiría ninguna. Para que no se las lleve el viento habrá que empezar a cumplirlas desde ya, en los momentos trascendentes y en el día a día.
La Tribuna de Albacete (23/06/2014)

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Regeneración ética de la política

Preparación intelectual y moral, 
que en la política las dos cosas son igualmente importantes

En julio de 2013 se publicó el último informe de “Transparencia Internacional” donde se recogen las opiniones de 114.000 personas en 107 países. Más de la mitad de los encuestados considera a los partidos políticos como la institución más corrupta y acepta que los niveles de corrupción empeoran con el paso del tiempo por el control que los grupos de presión ejercen sobre los políticos. Esto como media. En España el porcentaje de personas que consideran a los partidos como la institución más corrupta se eleva del 53 al 83%.
En mis estudios universitarios me explicaron que la corrupción política era un problema de países pobres dominados por un déspota y que el problema se curaría con el progreso económico y democrático. A la vista de los datos de la encuesta anterior y los que leo cada mañana en la prensa es evidente que me engañaron. La democracia que conocemos se instrumenta en un sistema de partidos cuyo objetivo prioritario, por no decir único, consiste en ganar elecciones. Para engrasar la maquinaria electoral precisan de donativos de empresas y sociedades. Estas prodigan los “donativos”, a sabiendas de que una nueva contrata les puede asegurar los beneficios de una década. He aquí los dos canales que alimentan el puchero de la corrupción política. El tamaño de esos canales y ese puchero están claramente relacionados con el tamaño y discrecionalidad de los aparatos del Estado.
¿Daremos por pedida la batalla por la gestión honrada y eficaz de la cosa pública? Mercedes Serrano, profesora de Derecho Constitucional, respondió negativamente en la Segunda Jornada Universitas que versó sobre temas éticos.  Aunque no podamos erradicar la corrupción, afirmó, estamos obligados a sacarla a la luz para castigarla y hacerla más difícil. Es posible y necesario un pacto por la regeneración ética de la democracia. En su opinión, la Declaración del Congreso de Diputados el pasado mes de febrero y el subsiguiente informe del Centro de Estudios Políticos-Constitucionales, constituyen un buen punto de arranque.
Yo también valoro positivamente este tipo de iniciativas que combinan las tradicionales vías penales (sanciones a la apropiación indebida de fondos públicos) con la introducción de códigos de buenas prácticas (publicación de las cuentas de los partidos, por ejemplo). Estimo, sin embargo, que se trata de remedios necesarios, que no suficientes. Ha llegado el momento de replantearnos qué hacer con el Leviathan del sector público y la maquinaria que ha montado para su propia supervivencia. Sólo así podremos bloquear los canales que riegan el puchero de la corrupción política
Algunas preguntas subversivas, para calentar el debate. ¿Perderíamos algo si redujéramos drásticamente el número de parlamentarios, exonerándoles de impuestos … y de sueldo? ¿Pasaría algo si la campaña electoral pagada con fondos públicos se redujera al franqueo de un par de cartas a todos los domicilios del país y a quince minutos en la televisión pública para cada formación política? Quienes tengan muchas cosas que contar, que creen una página web interactiva; sale gratis. ¿Pasaría algo si los contratos se asignaran aleatoriamente entre todas las empresas habilitadas para realizar obras públicas? Me temo que el único cambio relevante sería la reducción de las posibilidades de corrupción y de esas vocaciones políticas prematuras que no buscan tanto el servir como el ser servido.

¿Es posible ser un político honrado y no morir en el intento? Esta pregunta surgió en varios momentos de la Jornada Universitas. Rebeca Carrión, estudiante de Derecho, respondió afirmativamente glosando la vida y obra de Robert Schuman. Quienes valoramos las ventajas de pertenecer a la Unión Europea y contamos año a año el periodo más largo de paz en Europa, no debiéramos ignorar la aportación de esos políticos que han consagrado sus vidas al servicio de la causa pública. Uno de los peores efectos de los escándalos actuales sería desanimar a los jóvenes que sientan vocación política. Mirando a Schuman alguno descubrirá la esencia de la vocación política y, ojalá, se anime a prepararse bien. Preparación intelectual y moral, que en esta profesión las dos cosas son igualmente importantes. 
La Tribuna de Albacete (12/11/2013)

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Regeneración ética de la economía

“Sin honestidad no hay confianza 
y sin confianza no hay mercado, solo selva”

La teoría económica tradicional asociaba el crecimiento a una buena combinación de dosis crecientes de trabajo y capital (maquinaria). En los años sesenta del siglo pasado, Robert Solow demostró que los dos factores productivos mencionados apenas explicaban el 50% del crecimiento real. El elemento que faltaba (el “factor residual”) era el progreso técnico. Otros le llamaron el “capital humano” y lo asociaron al gasto en educación y en I+D, gasto que mejora la productividad del trabajo. Pero tampoco el nuevo modelo de crecimiento se mostró suficiente para explicar el éxito de unos países en desarrollo y el fracaso de otros. Se empezó a hablar entonces del “capital social”, identificado con aspectos morales de todo tipo: respeto a leyes y contratos, honestidad de los líderes económicos y políticos, grado de confianza entre los agentes… Doscientos años después, la ciencia económica volvía a reconocer la importancia de los fundamentos éticos. Adam Adam Smith, padre de la Economía, los dejó bien claros; pero sus sucesores los olvidaron pronto, empeñados como estaban de conseguir una ciencia pura a imitación de la Física, sin valores y sin límites éticos.
En la Segunda Jornada Universitas se habló de la regeneración ética de la Economía. Diego Pedregal, Catedrático de la UCLM, trajo a colación la obra de Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998. “Es de idiotas, de idiotas racionales, pensar que el egoísmo y el interés propio hacen funcionar por sí mismos a los mercados. Sin este saber moral, sin la honestidad que comporta respetar los contratos, sin la cooperación y colaboración necesarias para la producción; sin la credibilidad del producto o marca… no hay confianza. Y sin confianza no hay mercado, solo selva”. La fuerza de estas afirmaciones quedó patente cuando fueron contrastadas por frases similares de Benedicto XVI en su encíclica “Caritas in Veritate”. Este tipo de coincidencias nos invitan a concluir que la fundamentación ética de la economía no es una cuestión de credo religioso o ideología; es puro sentido común.
                Quienes piensan que en Occidente andamos sobrados de “capital social” o “moral”, piensan mal. Lo demostró Luis Sahuquillo, estudiante de Economía en la UCLM, en sus comentarios al documental de Charles Ferguson: “Inside Job”.  El título alude, precisamente, a los “chanchullos” (a veces ilegales, casi siempre inmorales) entre directivos financieros de la banca comercial, la banca de inversión y las agencias de calificación. La crisis actual pone de manifiesto, concluyó Sahuquillo, las consecuencias de levantar castillos financieros sobre unas bases morales muy deterioradas.
                Todavía atrapados entre las ruinas del castillo, nos preguntamos hoy: ¿qué podemos hacer para regenerar las bases éticas de la economía? Compartiendo las pautas marcadas por Pedregal y Sahuquillo, entiendo que la solución no estriba tanto en más regulación como en mejor regulación.  Hay que reforzar la responsabilidad ética de los directivos financieros para desincentivar la asunción de riesgos excesivos a costa del bolsillo ajeno. Por concretar: no me opongo a las bonificaciones pero pospondría el pago una década y previo descuento de las pérdidas acaecidas en el ínterin. Para desincentivar el riesgo moral, yo dejaría claro que los bancos pueden quebrar y sus dueños perder todo el capital invertido. Esto podría hacerse sin daño económico si el Gobierno, a través de una nacionalización temporal, garantiza los depósitos y el crédito

                Pensemos ahora en las empresas no financieras. Los códigos éticos de buena conducta y buenas prácticas, así como las certificaciones éticas, han demostrado ser instrumentos útiles. Logran unir los intereses personales (vender los productos) con el interés social (que en la producción de esos bienes no se haya utilizado trabajo infantil, inputs contaminantes…).  El peligro, como decía José Ramón Ayllón, otro de los participantes en las Jornadas, es convertir la ética en etiqueta.  Se evitará si la población tiene una sólida formación moral que le lleva a rechazar todo lo que huele a fraude, robo y abusos sobre la parte débil. Mi experiencia vital me dice que esa formación se mama en la familia y es difícil suplir. Pero, ¿dónde está la familia?  
La Tribuna de Albacete (06/11/2013)  

miércoles, 30 de octubre de 2013

Regeneración ética de la cultura

¿Es posible crear una cultura de calidad 
que atraiga al gran público?

                La cultura es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. Constituye una síntesis lograda de verdad, bondad y belleza, metas a las que todos aspiramos para ser felices y hacer felices a los demás. Nos capacita para comprender y disfrutar del mundo en que vivimos; también para darle sentido y transformarlo. Y todo ello a través de esa gracia estética que entra suavemente por nuestros sentidos hasta mover el corazón.
                La cultura también puede banalizarse hasta exaltar los aspectos más rastreros del ser humano. El mal no radica en contarlos sino en presentarlos como valores alternativos. Pregunto al lector: Si de las películas que has visto en el último año quitáramos todas las escenas de violencia y sexo, ¿qué quedaría de ellas? ¿Cuántas tienen un argumento sólido que pueda interesar a la gente? ¿Cuántas despiertan en el espectador deseos de imitar al héroe o heroína?  La justificación de los directores de cine (y de los novelistas y de los artistas en general) es que no hay alternativa. “¿Se imagina usted (me respondería el cineasta que, para colmo, vive de subvenciones públicas), se imagina usted la taquilla que conseguiríamos con una película que cuente la historia de un matrimonio fiel que gana el pan de sus hijos con el sudor de su frente? Para atraer al público hay que inventar situaciones extremas, dando un paso más allá de la moralidad comúnmente aceptada”. Con este planteamiento, paso a paso, estamos forjando una sociedad rabiosamente agresiva, sensual, superficial, individualista, consumista…
                ¿De verdad no hay alternativas? ¿Es imposible crear una cultura de calidad que atraiga al gran público y despierte deseos de caminar hacia valores que realmente valen la pena? En la Segunda Jornada Universitas se habló de cultura y de regeneración de la cultura. David Pérez Pastor, un estudiante de informática, escudriñó los valores que laten en uno de los libros más traducidos y vendidos de la historia y cuya versión cinematográfica se hizo merecedora de once Óscar. Me refiero, ya lo intuyen, al Señor de los Anillos, libro de fantasía épica escrito por Tolkien y llevado al cine por Peter Jackson. Allí queda reflejado, con toda su fuerza estética, la lucha dramática entre el bien y del mal; el aislamiento y degradación que producen la avaricia y el poder; la comunidad que solo la amistad generosa y fiel, es capaz de forjar.
                Antonio Barnés, profesor de Literatura, explicó las dos funciones que los griegos esperaban de una buena obra de teatro: mimesis (imitación) y catarsis (renovación). Tras presenciar la Antígona de Sófocles, el espectador abandona la sala convencido que hay leyes no escritas que están por encima de los caprichos del tirano. Una buena lección que veinticinco siglos después animó a algunos alemanes a plantar cara al nazismo. En cualquier época histórica, la buena literatura ha forjado unos arquetipos o modelos antropológicos que ayudan a la superación personal y la convivencia social. Aquiles, Ulises y el resto de los “héroes” homéricos muestran cómo hay que obrar para merecer una fama inmortal. En el tránsito de la Edad Media al Renacimiento, Dante y Petrarca introducen la “donna angelicata”, esa mujer que atrae tanto por su belleza como por su sabiduría y su virtud. Los “caballeros andantes” de la Edad Moderna reavivan virtudes como el honor y la fidelidad a las promesas, o la atención desinteresada hacia los débiles. La conquista de América no se entiende sin este arquetipo. Los errores que se cometieron en ella hubieran sido muchos mayores de haber faltado la buena voluntad de los “caballeros andantes”. 

                Para bien o para mal, la influencia de la cultura es hoy mayor que nunca. Las nuevas tecnologías introducen las obras de moda hasta en la cocina de las casas más humildes. Lo que se echa a faltar son artistas que pongan su talento al servicio de la verdad, la bondad y la belleza. También un público mejor educado, que les exija a ellos tanto como se exige a sí mismo. Espectadores que antes de leer una novela o encaminarse hacia la sala de cine o teatro se pregunten: “¿Qué obra mantendrá en vilo mi atención y me moverá a ser un poco mejor?” 

La Tribuna de Albacete (30/10/2013)