domingo, 15 de marzo de 2026

Habermas cierra la escuela de Frankfurt

 

Acaba de fallecer J. Habermas, el último representante de la Escuela de Frankfurt. Tenía 97 años. Posiblemente el lector nunca ha oído hablar ni del difunto ni de la Escuela. Sin embargo, puede tener por seguro que nos ha influido, forma parte del ADN de los partidos progresistas de Occidente. La Escuela y la “Teoría crítica” que abanderó se fundaron en 1923, en pleno despegue del fascismo. Su punto culminante llegó tras la Segunda Guerra Mundial. Entre los fundadores destacan: T. Adorno (“La cultura de masas”), H. Marcuse (“El hombre unidimensional”), E. Fromn (introduce la pansexualización de Freud). En la segunda generación:  J. Habermas (“Comunicación y Ética del discurso”).

Estos intelectuales marxistas, tras constatar su fracaso en Europa, decidieron cambiar de estrategia en la línea sugerida por el politólogo italiano Antonio Gramsci (“La hegemonía cultural”). Desde la Universidad y los medios de comunicación había que reconstruir el relato marxista de la dominación y “deconstruir” las instituciones tradicionales que manipulaban nuestras conciencias: religiones dogmáticas, familia patriarcal, educación moral y sexual…

La Escuela de Frankfurt tuvo un fuerte impacto en el parisino Mayo de 1968. Su influencia en la ideología de género y el actual movimiento woke también es evidente. Con un matiz: la ideología ha desplazado a la razón. Un compañero me decía: “Yo disfrutaba dialogando con los marxistas de la Escuela de Frankfurt. Con los actuales ideólogos me resulta imposible. Han sustituido la razón por una opinión cambiante”. J. Ratzinger afirmó algo parecido en un debate público que sostuvo con Habermas, 14 meses antes de convertirse en el Papa Benedicto XVI. Les consideró hijos de la Ilustración que sustituyó la razón dada por Dios por la razón contra Dios. Sin Dios, el ser humano se ha ido degenerando hasta abjurar de la razón y el sentido común.

La Tribuna de Albacete (16/03/2026)

lunes, 9 de marzo de 2026

Pedro Trump o Donald Sánchez

 

Hay preguntas para todos los gustos y situaciones. Preguntas inteligentes o absurdas. Preguntas que buscan la verdad o la ocultan en un enunciado repleto de mentiras. Preguntas transparentes o capciosas (con trampa). Preguntas necesarias o retóricas. Y hay preguntas que son otra cosa.  Las que estos días preocupan a los españoles son: ¿Guerra o paz? ¿Trump o Sánchez?

              Trump y Sánchez tienen demasiadas cosas en común. La misma altura física (1,90 m). La misma altura moral e hipocresía; la demuestran predicando los valores éticos de los que ellos adolecen. Los dos son discípulos avanzados de Maquiavelo: “el fin justifica los medios”. El poder es su único objetivo: llegar al poder, aunque sea con mentiras; aumentar el poder con el premio y el castigo de la zanohoria; eternizarse en el poder: “después de mí, el diluvio”.

              Estamos ante dos autócratas de manual. Les sobra el Congreso y los jueces, a quienes sortean con decretos-ley e indultos políticos. Les molesta la prensa libre y las instituciones que están por encima de los partidos. Eso sí, cientos de asesores que sepan manipular los datos y controlar el relato. Estamos ante dos narcisistas de pata negra que necesitan exhibirse en el escenario internacional, pues en su propio país no se atreven a pisar calle. Nada más llamativo que una guerra televisada. Una guerra de misiles lejos del suelo americano, o una guerrilla cultural contra la guerra de los yankis. El colmo de los desvaríos de un narcisista: los dos magnates se han autopropuesto para el Premio Nobel de la Paz y preguntan cada mañana a su espejito mágico: “¿Estoy en el lado bueno o malo de la historia? ¿Cómo me verán las generaciones futuras?”

              Hay preguntas que es mejor no contestar. “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”, ¡como si el niño pudiera prescindir del amor distinto pero complementario de sus padres! “A quién apoyas con tu voto, a Trump o a Sánchez?”, siendo que son cara y cruz de la misma moneda y absolutamente prescindibles. Propongo que los próximos carteles electorales pregunten: “¿Pedro Trump o Donald Sánchez?” Y que las opciones a elegir sean: “el primero, el segundo, ninguno de los dos”.

La Tribuna de Albacete (09/03/2026)

lunes, 2 de marzo de 2026

Confesiones de un adicto

 

El fontanero, un chico de 40 años, estaba arreglando un radiador. Tras realizar varios ajustes en la instalación, comentó que esperaría media hora para ver la evolución del circuito de agua. Concluyó: “Eso sí, a las tres salgo pitando a recoger a mis hijas y ayudarles con sus deberes escolares. Es el único rato que puedo estar con ellas, y no me lo pierdo por nada del mundo”. No hizo falta preguntarle si estaba separado. Lo confesó él mismo al tiempo que reconocía que la culpa era totalmente suya: Un problema de adicciones. Con tranquilidad siguió explicando cómo llegó a ese infierno, cómo salió de él y, lo más importante, cómo había conseguido mantenerse sobrio durante muchos meses. Con convencimiento y tranquilidad prosiguió con el corazón sobre la mesa.

El alcohol estaba destruyendo a pasos acelerados mi salud corporal y espiritual, la de mi familia y la de las personas que más me querían. Un día me dijo el jefe: “Te voy a pagar la estancia en un centro de recuperación. No quiero perder para siempre a uno de mis mejores trabajadores”.

El ambiente del Centro era… ¿cómo decirlo?, “singular”. Convivíamos personas de todas las edades y condición social, unidas por las adicciones más variadas. El día estaba lleno de actividades que habían de cumplirse SÍ o SÍ. Tras las charlas, no me costó esfuerzo identificarme con ese niño caprichoso, que lo quería todo al momento y que era incapaz de obedecer y seguir una disciplina. La labor del tutor personal fue esencial para mantener alta la autoestima y compromiso personal.

El proceso de recuperación consistía en trabajar humildemente en el dominio propio. Soy consciente que ese proceso durará toda mi vida. Afortunadamente, hoy tengo un trabajo exigente y un descanso sano, alejado de los ambientes y personas que me intoxicaron. De alcohol ni una gota: “NO es NO”. Visito el centro de vez en cuando, pues allí apadrino a personas que, como yo, desean ser libres.

Cuando se marchó le di las gracias al fontanero por la doble lección que me había enseñado: nadie está libre de caer en la desgracia de una adicción; todos podemos salir de ellas si ponemos los medios.

La Tribuna de Albacete (02/03/2026)

domingo, 22 de febrero de 2026

La Teoría General de Keynes, 90 años después-

 

En febrero de 1936 se publicó uno de los libros más influyentes (y controvertidos) de la historia del pensamiento económico: “Teoría general del empleo, el interés y el dinero”. Habían pasado 7 años de la Gran Depresión. En Estados Unidos, un país que venía absorbiendo un millón de inmigrantes por año, la tasa de paro subió al 15% de la población activa en 1929 y al 25% en 1933. En su obra magna, Keynes trató de explicar que el pleno empleo no estaba asegurado en una economía de mercado y que no se corregiría automáticamente por la caída del salario cuando detrás había un problema de demanda.

Este problema no radica en el consumo, que crece paralelamente a la producción y renta. Tampoco en la inversión si el ahorro nacional (renta no consumida) se reinvirtiera automáticamente. Lamentablemente, la inversión privada seguirá cayendo cuando se depriman las expectativas de demanda, o se tema una subida impositiva que diezme los beneficios empresariales, o si el ahorro acaba en inversiones especulativas que generan plusvalías pero no empleo. En estos casos, Keynes aconseja estimular la inversión privada con políticas monetarias que reduzcan el tipo de interés y con políticas fiscales que faciliten la inversión pública. A través del efecto multiplicador, esta última estimularía la inversión privada.

Las explicaciones y propuestas de Keynes animaron a los políticos a multiplicar el gasto público. Antes de la Gran Depresión, su peso en el PIB estadounidense rondaba el 15%. Hoy está en el 39%. Varios países de la UE ya han superado  el 50%. Si Keynes levantara cabeza, posiblemente clamaría: “Me habéis malinterpretado. El Estado ha fagocitado la iniciativa privada, motor del crecimiento y bienestar en Occidente durante más de 200 años. Espero que, antes de que lleguemos al centenario, hayáis entendido el mensaje de la Teoría general del empleo, el interés y el dinero”.

La Tribuna de Albacete (23/02/2026) 


domingo, 15 de febrero de 2026

España ingobernable

 

Si una cosa ha dejado clara la actual legislatura es la ingobernabilidad de España. Pedro Sánchez consiguió ser investido comprando a golpe de talonario y prebendas a cualquier partido que no se llamara PP o VOX. La realidad demostró que era poco menos que imposible poner de acuerdo a los socialistas con los marxistas todavía obsesionados por la lucha de clases, con los separatistas de izquierdas y derechas, y con los enemigos de los fines y medios acordados en la Constitución de 1978. Para salir del paso, el Gobierno de Sánchez prescindió del Parlamento y de la ley más significativa de cada año, la que aprueba los presupuestos de ingresos y gastos donde se articulan los programas gubernamentales. 

Lamentablemente, no es solo un problema de la izquierda política ni se manifiesta exclusivamente a nivel estatal.  Por el momento dos comunidades autónomas gobernadas por el PP (Extremadura y Aragón) han debido adelantar las elecciones autonómicas por la imposibilidad de atraer los votos de VOX que le permitirían aprobar los presupuestos. Los resultados de los comicios han sido desconcertantes. Aunque el PP haya ganado en ambas autonomías se ha vuelto más dependiente de VOX pues éste ha duplicado sus escaños. La posibilidad de aprobar una ley de presupuestos es todavía menor.

Es necesaria y urgente una reforma profunda de la Ley electoral para asegurar que los políticos elegidos por la mayoría de los ciudadanos puedan atender las preferencias populares y responsabilizarse de los resultados. La primera reforma consistiría en introducir un sistema proporcional que enterraría la ley de Ohms. La segunda, en adoptar el sistema de doble vuelta. Si ningún partido obtiene un número suficiente de votos en el primer sufragio, se pasará a una segunda votación entre los dos partidos más votados. El sistema dista de ser perfecto, pero favorecería la gobernabilidad y responsabilidad de los políticos con mayor apoyo popular.