En torno al año 1000 a.C., el rey David confesó al
profeta Natán: “Mira, yo habito en un palacio de cedro mientras el arca de Dios
habita en una tienda”. Natán bendijo su intención de construir para Dios el templo
más bello. La “belleza”, junto a la práctica de la “bondad” y la búsqueda de la
“verdad”, son los tres pilares sobre los que se ha levantado la civilización
cristiana. La vida y obra de Gaudí, en especial la Sagrada Familia, son un
ejemplo sublime.
Antonio
Gaudí nació en Reus en 1851 y murió en 1925 atropellado por un tranvía. Nadie
lo reconoció de entrada, su sencilla indumentaria. Recogió el testigo del modernismo,
dándole un estilo más naturalista y vivo. La Sagrada Familia, se inició
en 1883 y será consagrada por el papa León XIV el próximo 10 de junio de 2026. Hace
una semana se culminó la Torre de Jesucristo que, con sus 173 metros, es el
edificio más alto de Barcelona y la catedral más alta del mundo.
Lo de menos son la altitud y los años. El
“arquitecto de Dios” justificó la lentitud de las obras afirmando que su “cliente”
no padecía del mal de prisas, que lo importante era conseguir una belleza tal
que agradara a Dios y atrajera a los visitantes hacia él. “La Biblia en piedra””
y “el mejor libro para la catequesis”, fueron las metáforas utilizadas por
Benedicto XVI para manifestar su asombro. Las tres fachadas ilustran la Natividad,
la Pasión y muerte de Jesús y la Gloria. Las dieciséis torres llevan los nombres
de los apóstoles y evangelistas. Las dos últimas se dedican a la Virgen María y
a Jesucristo. Y todo ello sin subvenciones públicas.
Un último apunte. Antonio Gaudí fue
declarado “venerable” en 2015, un título previo a la canonización que la
Iglesia católica reserva a las “personas que han vivido las virtudes humanas en
grado heroico”. Posiblemente la grandiosidad de esta obra se halla en la fe del
artista, la caridad de los fieles y la perseverancia en el trabajo, más de 140
años,
La Tribuna de Albacete (20/04/2026)