Estamos celebrando el 250 aniversario de la obra maestra de Adam
Smith: "Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las
naciones". ¡Cuánto desearía que nuestros políticos entendieran los
principios básicos de esta obra para dejar de entorpecer el funcionamiento de
las economías capitalistas de mercado!
El
primer principio es que la economía NO es un juego de suma cero en el que
unos ganan a costa de otros. Cuando un empresario invierte con acierto, además
de beneficiarse él mismo, ganan los trabajadores que podrán disponer de un
empleo y sueldo que mejoren el bienestar de su familia; ganan las demás
empresas por el aumento generalizado de la demanda; y gana el propio Estado,
que contará con una base imponible mayor para sufragar los servicios públicos.
Segundo
principio: la iniciativa privada es el motor clave de la prosperidad económica
y el bienestar social, cuando respeta la propiedad privada, la libertad de
empresa y la coordinación del mercado. La “magia” de los mercados competitivos
la atribuye Smith a una mano invisible que estimula la eficiencia y la
innovación. Cada agente económico tendrá un fuerte incentivo para
esforzarse al máximo cuando de este esfuerzo deriva un mayor beneficio o
salario, amén de la permanencia de la empresa y del puesto de trabajo. También
el beneficio tiene una dimensión social. Para maximizar sus beneficios, una
empresa ha de producir los mejores bienes al mejor precio. La competencia se
encargará de ajustar los precios a un coste decreciente gracias a los avances de
la productividad.
Adam Smith es considerado el padre de la economía moderna y del liberalismo. Yo añadiría otro par de galardones a su realismo y prudencia. Tras reconocer que el mercado era incapaz de conseguir ciertos objetivos económicos, reclamó la intervención complementaria de los poderes públicos para asegurar la seguridad (defensa y orden público), la justicia, las infraestructuras de transporte y la educación. Hoy añadiría algún cometido más, no sin antes advertir que buena parte de nuestros problemas económicos son fruto de un intervencionismo público generalizado y desnortado. ¡Hay medicinas peores que las enfermedades que tratan de corregir!
La Tribuna de Albacete (12/10/2026)