domingo, 3 de mayo de 2026

¡La imaginación y la irresponsabilidad al poder!

 

En los últimos días, dos malas noticias financieras con raíces políticas. “El Gobierno holandés autoriza el embargo del Instituto Cervantes en Utrecht por impago de la deuda del Estado español”. “El Gobierno de los Estados Unidos autoriza el embargo de bienes invertidos en aquel país por empresas públicas españolas, así como de los bienes que allí lleguen este verano con motivo del Mundial de fútbol”.

Detrás de estas noticias subyacen impagos reiterados del Estado español. En el boom de las renovables (2004-08), el presidente Zapatero se comprometió a otorgar generosas primas que garantizarían una rentabilidad mínima a los inversores internacionales. Esto dio origen a un enorme déficit tarifario: el coste de producir energía eléctrica con fuentes renovables (subvenciones y primas incluidas) era muy superior al precio de la electricidad en el mercado. Tras la crisis del 2008, los sucesivos gobiernos rebajaron unilateral y retroactivamente las primas prometidas. Los fondos internacionales (entre los que destacan los planes de pensiones estadounidenses) reclamaron ante las instituciones de arbitraje, que ya han dictado 27 laudos condenatorios contra el Gobierno español, decisiones convalidadas en instancias superiores. El Gobierno dio largas al asunto. A fecha de hoy, las condenas por impagos suman 1.700 millones de euros, una cifra similar a la de Grecia antes de ser intervenida. Si sumamos los intereses de demora y los costes procesales, la cifra anterior asciende a 2.000 millones.

Tres lecciones que nuestros políticos debieran anotar. (1) El derecho internacional privado obliga al Estado español cuando se compromete en negocios mercantiles. (2) El impago de una deuda estatal con particulares acabará pagándose por los “contribuyentes netos” españoles, a saber, los autónomos y los trabajadores por cuenta ajena. El pasotismo del actual Gobierno es un intento desesperado de ganar tiempo mientras llega un auge fulminante que dispare la recaudación. En el peor de los casos, el Gobierno que le suceda habrá de tragarse el marrón.

¡La imaginación y la irresponsabilidad al poder!

La Tribuna de Albacete (4/05/2026)

domingo, 26 de abril de 2026

Cueva de ladrones

            El próximo 8 de junio, durante su visita al Reino de España, León XIV tiene una cita en el Palacio de las Cortes donde se reunirán el Congreso y el Senado. ¿De qué hablará? Sabiendo que Robert Prevost, antes de Papa, fue el Prior General de la Orden de San Agustín, yo espero un discurso que recoja la espiritualidad sociopolítica de su santo patrono. Algo en la línea de lo que predicó en Guinea Ecuatorial el pasado 21 de abril ante la plana mayor de los políticos del país.

San Agustín se convirtió al cristianismo a los 32 años, corría el año 387. El libro-testamento social, que nos dejó en el 426, “La Ciudad de Dios”, explica el contraste entre una civilización basada en la gracia y el amor frente a otra basada en el pecado y el egoísmo. En la primera (el “Reino de Dios en la Tierra”), los hombres y mujeres de todas las edades vivirían (tratarían de vivir) los gozos y tristezas de su vida terrenal cumpliendo la voluntad de Dios-Padre, que se concreta en el amor a nuestros hermanos. El amor a Dios nos ayuda a olvidarnos de nuestros intereses egoístas y asegura una paz cimentada en la justicia.

Lamentablemente, los hombres que habitamos la Tierra estamos sujetos a los reclamos del egoísmo personal. Si lo alimentamos, acabaremos por olvidarnos de Dios y machacar a los hombres, empezando por los más cercanos. A escala global, los resultados no pueden ser otros que la injusticia del tirano, la violencia y la guerra.

               Corresponde a las autoridades crear las instituciones que nos estimulen a dar lo mejor de nosotros mismos. A dictar unas leyes justas y tratar de que todos las cumplan, empezando por quienes las dictan. Su conclusión es tan fuerte como clarividente: cuando las autoridades políticas y religiosas de un país anteponen el interés propio al bien común, tanto el Senado como  el Templo se convierten en una cueva de ladrones.

domingo, 19 de abril de 2026

Personas de paz

 

Hace unos días escuchamos los ataques del presidente de EE.UU. contra el Papa. Digo bien, el ataque personal lo lideró Donald Trump, sintiéndose aludido por un mensaje de León XIV que tiene más de 2000 años de antigüedad y que ha sido elevado a la categoría de los valores fundamentales desde la encíclica de Juan XXIII, Pacem in Terris: “Nada se pierde por la paz, todo puede perderse con la guerra”.

En tiempos de Jesús, los judíos defendían la ley del Talión: “Ojo por ojo, diente por diente”. Los romanos miraban hacia delante: “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Las actuales “guerras preventivas” y la competencia por exhibir armas cada vez más letales y rentables, implican un paso atrás. La Iglesia católica, basándose en la ley natural, solo justifica la guerra en defensa propia y siguiendo los pasos marcados por el derecho internacional.  

León XIV no se olvida de mostrar la otra cara de la moneda: la paz. La verdadera paz, la que Cristo propuso para el Reino de Dios en la tierra, ha de estar cimentada en la justicia y la dignidad de las personas. Cita al papa Francisco para referirse a un “proceso artesanal y permanente”, en el que cada uno da lo mejor de sí para sembrar la paz en su entorno. El “no a la guerra” degenera en un eslogan vacío e hipócrita cuando lo proponen políticos que solo buscan conseguir votos para mantenerse en el poder; y lo cacarean personas que tratan de esconder su incapacidad de mantener la paz en su entorno social y en su propia familia. “La verdadera fuerza (pacificadora) —concluye León XIV— se mide en el servicio a la vida y la solución de los problemas concretos de las personas”.

Personas pacíficas que busquen la paz por encima de sus intereses políticos, eso es lo que falta.

La Tribuna de Albacete (20/04/2026)

lunes, 13 de abril de 2026

A río revuelto, ganancia de políticos

 

Nunca había visto tan eufóricos a los presidentes de los EE.UU. y España. Trump se jacta de dominar el mundo con sus guerras de diseño y amenaza con destruir civilizaciones milenarias. Sánchez  se presenta como el adalid del derecho internacional y pinta pancartas con el lema “no a la guerra”.  Los dos aprovechan la ocasión para salir a los platós extranjeros y exhibir lo que sea. Comprensible, pues en sus respectivos países, no pueden pisar la calle. Lo típico de autócratas prepotentes que ningunean las instituciones y el derecho nacional. En el extranjero, donde apenas se les conoce, todo es más fácil. No me extrañaría que, dentro de unos meses, ambos se volvieran a postular al premio Nobel de la Paz.

              Los dos han aprendido a hacer de la necesidad (la guerra) virtud (la compra de votos). Nuestro presidente presentó en el Congreso unas medidas extraordinarias contra la crisis de estanflación que se avecina. Anunció todo tipo de subvenciones para los damnificados: transportistas, trabajadores agrícolas y nuevos parados. La falta de presupuestos no le preocupa. Al contrario, su gobierno tendrá las manos libres para gestionar con mayor discrecionalidad los fondos europeos y los provenientes de los ingresos extraordinarios catapultados por la inflación.

El ADN de la izquierda comunista le impulsa a organizar la sociedad “de arriba – abajo”. La derecha liberal prefiere que la sociedad se organice ella misma “de abajo – arriba”. Pero los autócratas como Trump y Sánchez pasan de ideologías. Su instinto político les insinúa cómo aprovechar las circunstancias para fidelizar los votos de sus admiradores. Las guerras, pandemias y grandes crisis económicas son una oportunidad de oro para conseguirlo. Me temo que a todos los políticos les va bien una guerra detrás de otra, por aquello de “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

La Tribuna de Albacete (13/04/2025)

domingo, 5 de abril de 2026

La Sagrada Familia

 

En torno al año 1000 a.C., el rey David confesó al profeta Natán: “Mira, yo habito en un palacio de cedro mientras el arca de Dios habita en una tienda”. Natán bendijo su intención de construir para Dios el templo más bello. La “belleza”, junto a la práctica de la “bondad” y la búsqueda de la “verdad”, son los tres pilares sobre los que se ha levantado la civilización cristiana. La vida y obra de Gaudí, en especial la Sagrada Familia, son un ejemplo sublime.

              Antonio Gaudí nació en Reus en 1851 y murió en 1925 atropellado por un tranvía. Nadie lo reconoció de entrada, su sencilla indumentaria. Recogió el testigo del modernismo, dándole un estilo más naturalista y vivo. La Sagrada Familia, se inició en 1883 y será consagrada por el papa León XIV el próximo 10 de junio de 2026. Apenas hace una semana que se culminó la Torre de Jesucristo. Sus 173 metros, le convierte en el edificio más alto de Barcelona y la catedral más alta del mundo.

Lo de menos son la altitud y los años. El “arquitecto de Dios” justificó la lentitud de las obras afirmando que su “cliente” no padecía del mal de prisas, que lo importante era conseguir una belleza tal que agradara a Dios y atrajera a los visitantes hacia Él. “La Biblia en piedra””, “el mejor libro para la catequesis”, fueron las metáforas utilizadas por Benedicto XVI para manifestar su asombro. Las tres fachadas ilustran la Natividad, la Pasión y Muerte de Jesús, así como su Gloria. Las dieciséis torres llevan los nombres de los apóstoles y evangelistas. Las dos últimas se dedican a la Virgen María y a Jesucristo. Y todo ello sin subvenciones públicas.

Un último apunte. Antonio Gaudí fue declarado “venerable” en 2015, un título previo a la canonización que la Iglesia católica reserva a las “personas que han vivido las virtudes humanas en grado heroico”. Posiblemente la grandiosidad de esta obra se halla en la fe del artista, la caridad de los fieles y la perseverancia en el trabajo. Han sido más de 140 años,

La Tribuna de Albacete (20/04/2026)