domingo, 26 de julio de 2026

Incendios, con y sin cambio climático

 

Los desastres naturales son inevitables. Lo que sí podemos y debemos minimizar es su frecuencia y propagación. La tecnología nos ayuda a ello. Estoy pensando en los accidentes de automóvil. La multiplicación del parque de vehículos, de los kilómetros de viajados y de la velocidad media, nos invita a concluir que el número de accidentes aumentará cada año.. No es el caso, porque los sistemas de seguridad automovilística han mejorado sin cesar y lo mismo cabe decir de la red de carreteras.

            ¿Por qué no pasa lo mismo con los incendios que los españoles sufrimos cada verano ni con las inundaciones del otoño? La respuesta es obvia. -Porque no se aplican los remedios tradicionales con la mejor tecnología. Si preguntáramos a los ingenieros de montes y a los agricultores, nos aconsejarían organizar patrullas durante todo el año para limpiar y clarear los bosques, evitando que la vegetación seca actúe como combustible de las llamas. Nos aconsejarán también aumentar el número y extensión de los cortafuegos, dotados de surtidores preinstalados. Estos remedios proporcionarían una fuente de trabajo estable en las zonas rurales, reduciendo el problema de la despoblación. La evidencia así lo confirma. Como respuesta a sus terribles incendios de 2017 y 2020, los portugueses y californianos aplicaron con éxito las nuevas tecnologías a los remedios tradicionales. Para sorpresa de muchos, estas actuaciones marcaron un antes y un después en seguridad pública

            Lo que no tiene sentido es atribuir los incendios al cambio climático y pedir cada vez más recursos para objetivos imprecisos. En el mejor de los casos, las políticas medioambientales al uso, podrán reducir las emisiones de CO2. Pero eso no deja de ser una cortina de humo para tapar el problema decisivo hoy y ahora: El refranero no deja bien claro: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”

lunes, 20 de julio de 2026

Rompiendo moldes: Javier Milei, Argentinq

 

Desde mediados del siglo XX, la política argentina ha estado dominada por el peronismo. En su primer mandato (1946-52), Juan Domingo Perón instauró un “capitalismo de estado” que acercaba el fascismo al socialismo. La esencia del peronismo es la dirección del proceso socioeconómico “desde arriba”, por un autócrata omnisciente y benevolente aplaudido por el pueblo. ¿Quién osaría derrocar a un gobierno que prometía unos servicios públicos similares a los del paraíso europeo? En el siglo XXI, con los esposos Kirchner, el peronismo se revitaliza en el plano político. En el económico, se mantuvo gracias al espejismo de la inflación y la bola de nieve de la deuda pública que se iba empujando hacia el futuro.

             En 2023 apareció un tal Javier Milei que se atrevió a enfrentarse a los partidos convencionales que defendían el capitalismo de estado y el estado del bienestar. Contra todo pronóstico, ganó en segunda vuelta las elecciones presidenciales con un mensaje liberal- Y, lo que es más sorprendente, lo puso en práctica desde el primer día. El déficit público se convirtió en superávit; la hiperinflación, en una inflación moderada; el riesgo país cayó.  Lo que no ha logrado (al menos hasta ahora) es impulsar el crecimiento y reducir el peso de la deuda exterior. Esto no es óbice para que sea el presidente mejor valorado tras tres años en el cargo.

            Con todos sus claroscuros, tanto Javier Milei en Argentina como Nayib Bukele en El Salvador han demostrado que es posible romper los círculos viciosos de la política y la economía. El siguiente reto es crear equipos de gobierno inmunes a la corrupción y respetuosos de las esencias del estado democrático de derecho. En el plano económico, lo mejor que puede hacer un gobierno es crear las condiciones favorables a la inversión privada, fuente de la productividad, el empleo, el progreso económico y el bienestar social.

La Tribuna de Albacete (20/07/2026)

domingo, 12 de julio de 2026

Rompiendo moldes: Nayib Bukele, El Salvador

             Nadie se tomó en serio a Nayib Bukele cuando en el 2019, a sus 38 años, se postuló como candidato a las elecciones presidenciales. Su compromiso era acabar con las maras (pandillas violentas de jóvenes y adolescentes que vivían del pillaje y la extorsión, matando a todo el que se les pusiera por delante. Pero, ¿cómo conquistar el poder que los partidos tradicionales de izquierda y derecha llevaban cuatro décadas repartiéndose? Ante el estupor de políticos y civiles, Bukele ganó las elecciones con el 53% de los votos en primera vuelta.

              Las reformas no se hicieron esperar. El Gobierno no tenía excusa para restablecer el orden público.  Multiplicó el presupuesto de la policía que patrullaba noche y día por las calles y encarceló a más de 80.000 pandilleros entrando en sus propias viviendas (los tatuajes permitían identificarlos fácilmente). Para que el Gobierno y la policía pudieran actuar con eficacia, se declaró el Estado de excepción en 2022 y fue prorrogado año tras año. El resultado fue una caída del 95% en los homicidios. El Salvador pasó de ser el país más peligroso de Latinoamérica, al segundo más seguro de las Américas, solo por detrás de Canada.

                  A Bukele le llovieron críticas de todas partes, incluidos los organismos internacionales. Que sí había dado un autogolpe de Estado, que sí gobernaba como un dictador, que sí no respetaba los derechos humanos de los presos, que sí… Sorprendentemente, su índice de aprobación popular no paraba de crecer y en las elecciones generales del 2024 arrasó: 84,6% de los votos. La autodefensa del presidente se ha basado en argumentos muy simples. A su entender, las categorías políticas tradicionales (izquierda/derecha) han perdido todo significado. Lo verdaderamente importante para los latinoamericanos es la seguridad en las calles, el empleo estable, viviendas dignas, escuelas y hospitales. Los derechos humanos de los pandilleros, insiste, no pueden ser una patente de corso, para que los pandilleros vivan a costa de la gente honrada. Además, concluye, las formas de aplicación de los derechos humanos no pueden calcarse de Europa, que ya sufrió sus propias contradicciones al inicio del estado democrático de derecho.
  La Tribuna de Albacete (13/07/2026)

domingo, 5 de julio de 2026

El que con el censo juega...

 

Muchos se preguntan. ¿Por qué se resiste Pedro Sánchez a convocar elecciones generales si va perdiendo votos mes tras mes, escándalo tras escándalo? ¿Acaso podría el PSOE ganar las elecciones con la mayoría de sus altos cargos condenados por latrocinio? La respuesta a ambas preguntas es positiva si el Gobierno consigue una nacionalización masiva de extranjeros que nunca han vivido (ni piensan vivir en España), pero sí agradecerían con su voto la generosidad de P.S. (léase “Pedro Sánchez” o “Partido Socialista-Sanchista).

              Lo explicaré con algunos datos. En las últimas elecciones generales, el censo de votantes rozó los 37,5 millones. De los votantes efectivos, 8.091.840 votaron al PP y 7.760.970 al PSOE. Entre las leyes que tratan de aumentar el censo, la más efectiva es la Ley de Nietos. Si la mayoría de los 2,5 millones de beneficiarios potenciales votara a P.S., la izquierda  tendría mayoría absoluta.

            Dirá el Gobierno que la propuesta de doble nacionalización ya estaba incluida en unas de las disposiciones adicionales de la Ley de Memoria Histórica. Callará que esa disposición solo alcanzaba a descendientes de exiliados tras la Guerra Civil española. Y que el PSOE la extendió a los descendientes de emigrantes españoles desde el siglo XIX, sea cual fuere su motivo. Para más INRI, el cambio de la ley no se hizo mediante otra ley, sino por una disposición administrativa que otorga la última palabra al administrador de turno, a saber, Sofía Puente, hermana del ministro de Transportes.

              Para despejar cualquier sospecha de manipulación del censo electoral, lo mínimo que el Gobierno debería dejar claro es que los seleccionados para obtener la doble nacionalización no tendrán derecho a votar en España hasta pasados diez años y el pago de un mínimo de impuestos.  

El que con fuego juega se quema. El político que manipula el censo electoral, además de quemarse, está extirpando la esencia de la democracia.

La Tribuna de Albacete (26/07/2026)

lunes, 29 de junio de 2026

Vueltas y revueltas a la economía de mercado

 

Acaba de hacerse oficial el triunfo de Abelardo de la Espriela, líder del partido más conservador de Colombia. El actual Presidente, Gustavo Petro confiaba en una victoria aplastante de su sustituto Iván Cepeda, tras cuatro años regando al electorado potencial con subvenciones y derechos sociales. El principal reto que afrontará el Sr. de la Espriela es solucionar los desequilibrios fiscales sin espantar al electorado. El déficit público respecto al PIB representa el 6,8%; la deuda pública, el 65% del PIB. No son cifras bajas, si consideramos que los países latinoamericanos no tienen algo parecido a un Banco Central Europeo que les compre la deuda pública a un interés muy bajo. Solo los narcoestados socialistas de Latinoamérica, pueden permitirse gastar sin aumentar los impuestos.

En el 2027, a más tardar, el gobierno socialista español habrá de convocar elecciones generales. Uno de los puntos fuertes de la propaganda socialista es su sólida gestión económica. Han multiplicado el dinero destinado a los servicios públicos al tiempo que reducían el ratio Déficit/PIP al 2,4% y mantenían la Deuda Pública en el 100% del PIB. Con la derecha, advierten los progresistas, volveríamos a la caverna del mercado que alimenta al rico a costa del pobre.

No es difícil criticar los argumentos socialistas. Basta con percatarse que sus promesas solo se sostienen con un BCE que compra la deuda pública española a un tipo de interés cercano a cero y con una continua elevación de impuestos a los trabajadores que cobran una nómina. De todas maneras, es evidente que el público general se siente más atraído por la generosidad de los socialistas que por la disciplina de los mercados. Lo único que los liberales dan por seguro es que, a largo plazo, las promesas socialistas son desmentidas por la realidad. La prosperidad económica y el bienestar social dependen de las inversiones empresariales y del trabajo productivo.

La Tribuna de Albacete (29/06/2026)