domingo, 24 de mayo de 2026

Antropolítica

 

La bomba de la última semana  (una bomba de racimo) fue la imputación de Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno español en el periodo 2004-2011. Lo que más me ha llamado la atención son las reacciones de políticos y periodistas. Dominan las expresiones de extrañeza: “Nunca hubiera pensado que un político tan honrado y generoso como Zapatero hubiera caído tan bajo”. Para mí, estas expresiones demuestran una ignorancia supina de la naturaleza del hombre y de las metamorfosis que su conducta puede experimentar. En una columna que trata de “tocar fondo”, se impone una reflexión sobre “antropología, sociedad y política”.

Con la afirmación “el hombre es un lobo para el hombre”, Hobbes concluyó que las personas son malas por naturaleza; mejor no confiar en nadie. Para Rousseau, el hombre es bueno por naturaleza … hasta que la sociedad le corrompe. Marx divide la sociedad en dos clases sociales: los malvados capitalistas y el benévolo proletariado. Acabemos con los capitalistas y la propiedad privada para regresar al paraíso terrenal, concluyen. Para el cristianismo, el hombre es imagen de Dios, aunque ello no le priva de su libertad para elegir el mal. Por decirlo de una manera más fuerte: “el hombre es capaz de lo mejor y lo peor”

Aunque fuera cierta la presunta bonhomía del presidente Zapatero, nadie debiera extrañarse de que en su “jubilación” acabara tragado por la corrupción (también “presunta”, claro está). Todos estamos sujetos a tales contradicciones. El camino que une los dos escenarios resulta especialmente resbaladizo para quienes están acostumbrados a los fastos de la riqueza y el poder y, un buen día, descubren su capacidad para apropiarse de ingentes sumas de dinero ajeno de una manera mucho más descontrolada que cuando detentaban un cargo público.

Que nadie se rasgue las vestiduras por casos como el de Zapatero. Que todos exijamos a todos, justicia y responsabilidad.

La Tribuna de Albacete (25/05/2026)

martes, 19 de mayo de 2026

Next Generation versus pensiones

 La semana pasada saltó a los medios que, en el 2025, el Gobierno español destinó al pago de pensiones 10.000 millones de los fondos europeos del Plan de Recuperación y Resiliencia, más conocido como Next Generation. Alemania ha puesto el grito en el cielo. Era de esperar, pues Alemania es el principal contribuidor neto a estos fondos y España el segundo receptor, tras Italia. Leemos: “Esto es un escándalo de primer orden”. “Absolutamente inaceptable”. “Socava la credibilidad y confianza en la UE”. “La UE no es un supermercado de autoservicio”.

La historia viene de lejos.  En febrero de 2024 se presentó en Madrid la Sra. Hohlmeier para preguntar dónde se habían destinado los 40.000 millones que la UE había concedido para superar la crisis del coronavirus introduciendo un sistema tecnológicamente más avanzado. El Gobierno español no fue capaz de responder con un mínimo de precisión. Para zanjar la disputa, hubo de intervenir la presidenta de la Comisión Europea, cuya reelección dependía del apoyo de los socialistas españoles.  

El problema de fondo es la quiebra del sistema de seguridad social (SS). Pese a llamarse “contributivo”, desde el año 2010 el Estado es incapaz de sufragar las pensiones con las contribuciones anuales. Las pensiones españolas se están pagando con impuestos, deuda pública… y fondos europeos destinados a inversiones tecnológicas.  

España no se ha dado por aludida. El ministro de Economía ha presumido de que la situación financiera de la SS mejoraba día a día y que el trasiego de euros entre partidas contables no ponía en riesgo los fondos Next Generation. Tendría razón el Sr. ministro, si los países europeos estuvieran dispuestos a dejarse robar por un gobierno tan ineficiente como atrevido. Pero va a ser que no. El partido de extrema derecha alemán (AfD) ya ha solicitado a la UE el mismo trato que España.

La Tribuna de Albacete (30/05/2026)

domingo, 10 de mayo de 2026

Pluto, dios de la riqueza

 

En la mitología griega, Pluto, el dios de la riqueza, era ciego. Al bueno de Pluto le hubiera gustado repartirla entre las personas más justas y sabias. Sin embargo, por alguna extraña maldición, siempre daba más a quienes menos se lo merecían. Cuando Zeus le cura de su ceguera momentáneamente, los que vivían a costa de los demás y se hicieron ricos engañando a dioses y hombres, montaron en cólera.   

Aristófanes escribió en el 388 a.C. una comedia titulada “Pluto”. Trataba de escudriñar por qué se enriquecían tanto las personas malvadas, los hipócritas que no tenían principios o los cambiaban según la conveniencia del momento, los embaucadores que mentían sin que les temblara la voz. Personas de esta calaña eran más astutas para conseguir el poder y lo utilizaban para aprovecharse de las personas generosas y honradas.

He leído esta historia en “Siete miradas sobre el hombre”. Un libro recientemente publicado en la editorial valenciana “Pre-Texto” por mi buen amigo Víctor del Moral. En el capítulo que acabo de resumir se aprecia la lucha perenne entre el bien y el mal en una sociedad repleta de paradojas. Los grandes filósofos y literatos griegos apuntalaron la verdad y la justicia social como valores supremos, sin dejar de reconocer que a menudo prevalecía el mal tanto a escala personal como social. Sus obras son, por otra parte, un alegato contra el mesianismo barato de los sofistas de todos los tiempos. Esos que planifican la paz universal y perpetua, al tiempo que azuzan el odio entre personas y naciones. Los que predican la justicia social y la prosperidad que nos hará ricos a todos … sin esfuerzo alguno.

Esta historia me recordó el programa electoral de Winston Churchill tras la Segunda Guerra Mundial: “No os puedo ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas”. Sorprendentemente,  Churchill perdió aquellas elecciones. Si Aristófanes pudiera levantar la voz, oiríamos: “Ya os lo advertí yo”.

La Tribuna de Albacete (11/05/2026)

domingo, 3 de mayo de 2026

¡La imaginación y la irresponsabilidad al poder!

 

En los últimos días, dos malas noticias financieras con raíces políticas. “El Gobierno holandés autoriza el embargo del Instituto Cervantes en Utrecht por impago de la deuda del Estado español”. “El Gobierno de los Estados Unidos autoriza el embargo de bienes invertidos en aquel país por empresas públicas españolas, así como de los bienes que allí lleguen este verano con motivo del Mundial de fútbol”.

Detrás de estas noticias subyacen impagos reiterados del Estado español. En el boom de las renovables (2004-08), el presidente Zapatero se comprometió a otorgar generosas primas que garantizarían una rentabilidad mínima a los inversores internacionales. Esto dio origen a un enorme déficit tarifario: el coste de producir energía eléctrica con fuentes renovables (subvenciones y primas incluidas) era muy superior al precio de la electricidad en el mercado. Tras la crisis del 2008, los sucesivos gobiernos rebajaron unilateral y retroactivamente las primas prometidas. Los fondos internacionales (entre los que destacan los planes de pensiones estadounidenses) reclamaron ante las instituciones de arbitraje, que ya han dictado 27 laudos condenatorios contra el Gobierno español, decisiones convalidadas en instancias superiores. El Gobierno dio largas al asunto. A fecha de hoy, las condenas por impagos suman 1.700 millones de euros, una cifra similar a la de Grecia antes de ser intervenida. Si sumamos los intereses de demora y los costes procesales, la cifra anterior asciende a 2.000 millones.

Tres lecciones que nuestros políticos debieran anotar. (1) El derecho internacional privado obliga al Estado español cuando se compromete en negocios mercantiles. (2) El impago de una deuda estatal con particulares acabará pagándose por los “contribuyentes netos” españoles, a saber, los autónomos y los trabajadores por cuenta ajena. El pasotismo del actual Gobierno es un intento desesperado de ganar tiempo mientras llega un auge fulminante que dispare la recaudación. En el peor de los casos, el Gobierno que le suceda habrá de tragarse el marrón.

¡La imaginación y la irresponsabilidad al poder!

La Tribuna de Albacete (4/05/2026)

domingo, 26 de abril de 2026

Cueva de ladrones

            El próximo 8 de junio, durante su visita al Reino de España, León XIV tiene una cita en el Palacio de las Cortes donde se reunirán el Congreso y el Senado. ¿De qué hablará? Sabiendo que Robert Prevost, antes de Papa, fue el Prior General de la Orden de San Agustín, yo espero un discurso que recoja la espiritualidad sociopolítica de su santo patrono. Algo en la línea de lo que predicó en Guinea Ecuatorial el pasado 21 de abril ante la plana mayor de los políticos del país.

San Agustín se convirtió al cristianismo a los 32 años, corría el año 387. El libro-testamento social, que nos dejó en el 426, “La Ciudad de Dios”, explica el contraste entre una civilización basada en la gracia y el amor frente a otra basada en el pecado y el egoísmo. En la primera (el “Reino de Dios en la Tierra”), los hombres y mujeres de todas las edades vivirían (tratarían de vivir) los gozos y tristezas de su vida terrenal cumpliendo la voluntad de Dios-Padre, que se concreta en el amor a nuestros hermanos. El amor a Dios nos ayuda a olvidarnos de nuestros intereses egoístas y asegura una paz cimentada en la justicia.

Lamentablemente, los hombres que habitamos la Tierra estamos sujetos a los reclamos del egoísmo personal. Si lo alimentamos, acabaremos por olvidarnos de Dios y machacar a los hombres, empezando por los más cercanos. A escala global, los resultados no pueden ser otros que la injusticia del tirano, la violencia y la guerra.

               Corresponde a las autoridades crear las instituciones que nos estimulen a dar lo mejor de nosotros mismos. A dictar unas leyes justas y tratar de que todos las cumplan, empezando por quienes las dictan. Su conclusión es tan fuerte como clarividente: cuando las autoridades políticas y religiosas de un país anteponen el interés propio al bien común, tanto el Senado como  el Templo se convierten en una cueva de ladrones.