En la mitología griega, Pluto, el dios
de la riqueza, era ciego. Al bueno de Pluto le hubiera gustado repartirla entre
las personas más justas y sabias. Sin embargo, por alguna extraña maldición, siempre
daba más a quienes menos se lo merecían. Cuando Zeus le cura de su ceguera
momentáneamente, los que vivían a costa de los demás y se hicieron ricos
engañando a dioses y hombres, montaron en cólera.
Aristófanes escribió en el 388 a.C. una
comedia titulada “Pluto”. Trataba de escudriñar por qué se enriquecían tanto las
personas malvadas, los hipócritas que no tenían principios o los cambiaban
según la conveniencia del momento, los embaucadores que mentían sin que les temblara
la voz. Personas de esta calaña eran más astutas para conseguir el poder y lo
utilizaban para aprovecharse de las personas generosas y honradas.
He leído esta historia en “Siete
miradas sobre el hombre”. Un libro recientemente publicado en la editorial valenciana
“Pre-Texto” por mi buen amigo Víctor del Moral. En el capítulo que acabo de
resumir se aprecia la lucha perenne entre el bien y el mal en una sociedad repleta
de paradojas. Los grandes filósofos y literatos griegos apuntalaron la verdad y
la justicia social como valores supremos, sin dejar de reconocer que a menudo
prevalecía el mal tanto a escala personal como social. Sus obras son, por otra
parte, un alegato contra el mesianismo barato de los sofistas de todos los
tiempos. Esos que planifican la paz universal y perpetua, al tiempo que azuzan
el odio entre personas y naciones. Los que predican la justicia social y la
prosperidad que nos hará ricos a todos … sin esfuerzo alguno.
Esta historia me recordó el programa
electoral de Winston Churchill tras la Segunda Guerra Mundial: “No os puedo
ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas”. Sorprendentemente, Churchill perdió aquellas elecciones. Si Aristófanes
pudiera levantar la voz, oiríamos: “Ya os lo advertí yo”.
La Tribuna de Albacete (11/05/2026)