domingo, 22 de marzo de 2026

El Habermas que nuestros políticos no quieren escuchar

 

    

              Dicen que los alemanes siempre han sido buenos filósofos porque fuera hacía mucho frío y habían de recluirse en el rincón de pensar de sus casas. Jurgën Habermas (1929-2026) es uno de esos filósofos que abrió el foco de la filosofía a la política y la sociología, sin ignorar el derecho, la economía y psicología. Los errores y horrores del nazismo le convirtieron en un ferviente defensor de la democracia. Pero para no volver a caer en los mismos errores y horrores, enfatizó los ingredientes necesarios de una democracia verdadera.

El pluralismo que caracteriza a todas las sociedades debe respetarse, al tiempo que se buscan los consensos mínimos para funcionar como sociedad. Las personas que se dedican a la política, añade, han de compartir un par de actitudes: la búsqueda de la verdad a través de la razón y la capacidad de dialogar y respetar los consensos. La historia nos demuestra que la democracia auténtica no es fácil … pero tampoco imposible, concluye. La confianza en el hombre moderno caracteriza a Habermas. Me gustaría ver que cara ponía en una sesión del Parlamento.

              La Constitución es el consenso fundante de una sociedad. En ella se recogen los derechos esenciales de las personas y las reglas básicas del juego político. No puede ser una ley inmutable, pues si cambian las circunstancias, es inevitable un replanteamiento de los consensos. Pero siempre habrán de respetarse  los cauces previstos por la vigente Ley Fundamental y exigirse que los nuevos consensos vengan respaldados por una mayoría similar.

              Dos buenas lecciones para nuestros políticos, y para los ciudadanos que les votamos. Si somos incapaces de pensar y deliberar utilizando la razón, si somos incapaces de buscar y respetar los consensos, podemos despedirnos de la democracia. Si la Constitución se interpreta según los intereses del partido o coalición dominantes, si se reforma a las bravas, se convertirá en un arma arrojadiza para castigar al adversario y dejar manos libres a los autócratas.

        La Tribuna de Albacete (23/03/2026)