domingo, 13 de abril de 2025

Control jurídico de la IA

 

               Después de innumerables guerras, los humanos hemos aprendido a vivir en sociedades abiertas. La DUDH de 1948 proclamó como derechos fundamentales, la vida, la igualdad, la libertad... A esos derechos les corresponden otros tantos deberes.  La libertad implica responsabilidad.

El compromiso con los derechos y deberes fundamentales atañe también a la revolución científica y cultural del momento: la IA. El derecho debe prohibir las aplicaciones que atentan contra la dignidad de las personas y exigir transparencia y responsabilidad en todas las fases de la IA. Por poner un ejemplo, a partir de la inteligencia generativa se han desarrollado aplicaciones que permiten desnudar a mujeres. Tales conductas debieran estar prohibidas y castigadas contra la intimidad y dignidad de la mujer.

Las inteligencias artificiales adolecen de “sesgos”. Pensemos en la selección para ocupar altos puestos directivos. Si entrenamos a la máquina con el curriculum vitae de los laureados en los últimos 50 años, la IA no recomendará ninguna mujer por la sencilla razón de que ellas no formaban parte de los comités directivos hasta la última década. Otro tanto ocurrirá con los trabajadores negros/as pues el color de su piel impedía identificarles con precisión. El curriculum vitae pesará como una losa sobre quien cometió un hurto en su adolescencia. De nada serviría probar que ha cumplido la condena, que hay arrepentimiento y que es la persona más trabajadora del mundo.

La utilización de la IA para manipular la ideología y el voto de los ciudadanos irá en aumento. Lo mejor es que no preguntemos al chat GPT por asuntos éticos y políticos. Nos engañará y nos autoengañaremos. La respuesta del chat se ajustará al partido político que más datos y discursos haya conseguido introducir. Los usuarios aprenderemos a formular la pregunta que refuerza nuestra ideología. ¡Seremos felices de autoengañarnos para  tener siempre la razón!   

La Tribuna de Albacete (14/04/2025)

lunes, 7 de abril de 2025

IAe, ¿IA con ética?

 

           Podemos entrenar a una máquina en buenos modales como son el dar gracias o pedir perdón. Debemos tener presente, sin embargo, que esas máquinas desconocen lo que es el agradecimiento y el arrepentimiento. Eso no es ética sino etiqueta, mera fachada.

Quienes hablan de máquinas con ética se refieren a la necesidad de controlar con principios éticos a las máquinas que toman decisiones. El ejemplo típico es del coche autónomo. Cuando detecta un niño que se ha escapado de sus padres para saludar a sus abuelos que avanzan por la acera opuesta, el coche afronta un dilema ético. Si el freno automático no se activa al 100% morirá el niño, pero de hacerlo pondría en riesgo la vida de los cuatro viajeros. Si gira a la derecha atropellaría a los jóvenes padres; si lo hace a la izquierda, a los abuelos. Para resolver este dilema, los programadores exigen al Parlamento que les informe del valor monetario que atribuye a cada vida humana. No hace falta decir que eso es un disparate típico del utilitarismo más burdo. Las corrientes filosóficas humanistas, rechazan atribuir a un hombre el poder para decidir sobre la vida de otro.

Todavía más ingenuo sería preguntar a una máquina sobre la moralidad de la conducta que tiene planeada. O encargar a una IAe la educación ética de sus hijos o alumnos. ¿Quién escogería los criterios éticos? ¿Y cómo entrenaríamos a una máquina en los principios morales?

Las máquinas con IA no son inteligentes porque no piensan, aunque sí potencian a la inteligencia humana. Las IA no pueden tener ética, ni potenciar la moralidad de las personas. La ética es un atributo exclusivo de las personas pues solo ellas tienen una conciencia moral que les permite discernir el bien y el mal, decidir con libertad y responsabilizarse de las decisiones.

La Tribuna de Albacete (07/04/2025)

lunes, 31 de marzo de 2025

¿Es inteligente la inteligencia artificial?

En 1950, el matemático y lógico inglés Alan Turing se preguntó si el ser humano llegaría a fabricar máquinas inteligentes. Lo serán, concluyó, si las respuestas de esas máquinas fueran indistinguibles de las de un ser humano. A la luz de este criterio, el chatGPT ha conseguido hacer inteligentes a los ordenadores. Pero este criterio no nos sirve a quienes aspiramos a llegar al fondo de cada asunto. Se queda en la fachada, en las apariencias.

Los seres humanos “piensan”; las máquinas “procesan”. Estas máquinas, cada día son capaces de procesar más datos en menos tiempo y presentar los resultados de una manera aparentemente más “humana”. Tales méritos, sin embargo, no deben velar la realidad de que esa información y los algoritmos para procesarla la han ideado e introducido personas de carne y hueso. Tampoco debemos obviar que esas máquinas solo sirven para para analizar las situaciones para las que previamente han sido entrenadas. Para contar las personas que acuden a una manifestación, alguien ha debido introducir en la memoria de la máquina millones de caras humanas. Pero no te molestes en preguntarle qué es una persona. Para que su respuesta fuera correcta alguien debería haber cargado como “inputs” todos los escritos antropológicos desde Aristóteles. Si la respuesta (“output”) no satisface al usuario, éste puede modular la pregunta hasta obtener el resultado que buscaba. 

En resumen, la máquina con IA no es inteligente al carecer de las características básicas de la razón humana: búsqueda de la verdad, creatividad, generalidad, pensamiento crítico, autoconciencia… "Pensar" significa todo eso. 

Lo que sí puede hacer la IA es potenciar nuestras capacidades intelectuales. Nos beneficiaremos de la IA cuando le preguntemos aquello para lo que ha sido informada y preparada. Y cuando sepamos analizar críticamente sus respuestas. Esta condición no puede darse por garantizada. Nos obligará a estudiar y pensar más de lo que venimos haciendo a fin de detectar los posibles sesgos que resultan de la información introducida y de los algoritmos que la manejan.

Me atrevería a concluir que la peor amenaza para la humanidad del siglo XXI es que unas máquinas aparentemente inteligentes, liberen al ser humano de su capacidad de pensar y decidir libre y responsablemente.

La Tribuna de Albacete (31/03/2025).


domingo, 23 de marzo de 2025

IA, ¿avance o revolución en las TIC?

 

               UNIVERSITAS-UCLM  es un foro de discusión interdisciplinar donde profesores y estudiantes debaten sobre las bases antropológicas y éticas de la ciencia, la cultura y las instituciones. La Jornada del 2025 se centró en las “Fronteras científicas y éticas de la IA”.

               La primera pregunta que nos planteamos fue si la inteligencia artificial (IA) constituía una etapa más en la revolución de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) o marcaba una auténtica revolución en la historia de la humanidad, como sostienen los más atrevidos. Desde 1980 las TIC consiguieron tratar un banco inmenso de datos a una velocidad de vértigo para responder a las preguntas previamente introducida en internet. Desde 2020, la IA ha multiplicado por 100 o 100 millones los inputs de internet, al tiempo que aceleraban el proceso de tratamiento. La IA ha refinado los algoritmos para el análisis (hoy les llaman “redes neuronales”). La IA se aplica a nuevos campos e interacciona con nosotros en un lenguaje más humano (“chat”). Eso no ocurre por generación espontánea. Las máquinas necesitan ser entrenadas durante miles o millones  de horas. Eso sí, una vez que aprenden los patrones son capaces de aplicarlos a nuevos datos en una fracción de segundo. En algunos casos las preguntas son abiertas y la IA puede tomarse varios segundos para reconducirlos a los patrones con los que se ha familiarizado. No importa que el número de patrones sea 10 o 10 millones. El tiempo necesario para la respuesta siempre se medirá en segundos.  

               No puedo finalizar sin quitarme el sombrero ante tales avances tecnológicos. No me lo quito ante las máquinas con IA, sino ante las personas que las han ideado y entrenado. Dicen que los humanos solo utilizamos una pequeña parte del cerebro y lo conocemos bastante mal. ¿Se imaginan ustedes lo que podría avanzar la inteligencia humana (y su hija, la IA) si dedicamos más recursos a conocer el cerebro y entrenarle con ejercicios intelectuales adecuados?

La Tribuna de Albacete (24/03/2025)

domingo, 16 de marzo de 2025

Deudas de humo

 

Acaba de aterrizar un líder extranjero (LE) para preguntar a nuestro Presidente el secreto de su éxito político. Para adelantar las respuestas me voy a permitir actuar como inteligencia artificial (IA).

LE: ¿Cómo es posible alcanzar el poder y perpetuarse en él estando tan lejos de la mayoría absoluta?

IA: Muy sencillo. Dando al resto de partidos de izquierda todo lo que piden, y a los partidos separatistas de la derecha, el doble de lo que piden.

LE: ¿Y de dónde saca el dinero para atender a tantas demandas? Ayer leí que piensa aumentar sus aportaciones a la defensa, sin disminuir un céntimo el resto del gasto público.

IA: Muy sencillo: emitiendo deuda pública. Hasta el presente la he conseguido endosar en el Banco Central Europeo (BCE) a un tipo de interés insignificante. La ventaja de tener un buen paraguas.

LE: ¿Supongo que será consciente de que dentro de unos años habrá de amortizar la deuda del Estado español, la que más está creciendo en la UE?

IA: Usted es demasiado puritano. La deuda pública no se devuelve. Cuando llegue el vencimiento, colocaremos en el BCE otra emisión por un importe mayor.

LE: Vale, así hasta que le expulsen de la UE. Entonces…

IA: Y dale. ¿Quién se atrevería a expulsar de la UE a un país tan grande y tan europeísta como España?

LE: ¿Reconocerá, al menos, que esta estrategia de gasto acelera la inflación?

IA: Bien nos iría un poco más de inflación. Es la mejor ayuda para un Estado sobre endeudado. Aumenta los ingresos tributarios y disminuye el valor real de la deuda pendiente.

LE: Me rindo. Ahora mismo vuelvo a mi país para hacer lo mismo. Convenceré de las bondades de su estrategia a otros líderes europeos

IA: No, por favor. La clave de este milagro (y otros muchos de los que podemos tratar otro día) es la exclusividad. Solo funciona cuando eres el único país y partido político que lo aplica.

La Tribuna de Albacete (17/03/2025)