domingo, 13 de septiembre de 2026

Pisa desde la Universidad

 

La ciudad de Pisa es conocida en todo el mundo por su “torre inclinada”. Al parecer, el problema fue que la torre se levantó aislada de la catedral, sobre un terreno arcilloso que no resistió el peso de la estructura. ¡Y ahí sigue, para deleite de millones de turistas! No escribimos hoy para criticarla o elogiarla. Solo queríamos resaltar que las torres no construidas sobre roca son poco fiables y no pueden crecer demasiado.

                Pisa también es un observatorio de educación comparada. Esta semana hemos conocido el “Informe trienal Pisa”, elaborado por la OCDE para comparar los niveles educativos de los estudiantes de 15 años de los institutos que han participado. El informe de 2026 ha despertado un gran revuelo en España, pues los indicadores son malos y en caída libre. Los niños españoles se cuentan entre los peores de la OCDE en lo que afecta a capacidad lectora, matemáticas y ciencias.

                ¿Qué consecuencia tiene para la enseñanza universitaria el hecho de que los nuevos alumnos tengan un nivel educativo cada vez más bajo? Con varias décadas de docencia universitaria a mis espaldas, resumiré mis impresiones.

                La mayoría de los alumnos de la ESO acabarán en la universidad para cursar estudios de grado y posgrado. A los profesores no nos queda más remedio que bajar el nivel. La supresión de los conocimientos y técnicas prescindibles debe ir acompañada de una exigencia firme en lo que hoy consideramos necesario.

                La falta de motivación e implicación del alumnado es, como mínimo, sorprendente. Sus habilidades digitales se han disparado, cierto, pero a menudo las utilizan para rehuir el esfuerzo personal requerido en la lectura, el estudio, los ejercicios prácticos y la propia capacidad de pensar que identifica a la inteligencia humana. Si tocáramos fondo, descubriríamos que la incapacidad de pensamiento crítico no se circunscribe a los chicos que acaban la ESO. Y que la pretensión de construir una civilización sobre arenas movedizas tiene límites evidentes. La torre y el informe de Pisa así nos lo recuerdan.

La Tribuna de Albacete (14/09/2026)