La democracia perfecta no existió ni existirá. Habremos
de conformarnos con que se respeten sus esencias, a saber, elecciones periódicas
en las que no haya ningún atisbo de engaño al votante ni de manipulación de las
urnas. En la España del siglo XIX el fraude más común era el pucherazo. Las
papeletas de voto se depositaban en unas huchas de barro que eran llevadas en
diligencias a Madrid. En el cruce convenido, unos ladrones de guante blanco
cambiaban los pucheros. Resultado: el partido que convocaba las elecciones
siempre las ganaba.
Para evitar
ser engañados y manipulados, los ciudadanos debemos conocer y combatir siete
medios que el partido en el poder utiliza en el siglo XXI para engañarnos y
manipular las elecciones. Pero no nos olvidemos del pucherazo clásico, como el captado
por una cámara oculta el día de las elecciones a la secretaría general del PSOE
(2016).
1. Engañar a los electores mediante la
propaganda difundida por los medios financiados por el Gobierno.
2. Manipular las expectativas de los votantes
desde el Centro de Investigaciones Sociológicas. Importan mantener alta la
confianza de los votantes potenciales del partido en el poder.
3. Comprar votos a base de subvenciones,
amenazando con que las perderán si gana la oposición.
4. Comprar votos a cambio de dinero o de un
puesto de trabajo.
5. Adulterar el voto por correo. Correos no
deja de ser una empresa pública. Basta con que el Gobierno nombre al director
general y a las pocas personas que controlan los documentos.
6. Adulterar
los logaritmos de recuento a través de la inteligencia artificial
7. Lo último y más significativo. Adulterar el
censo de votantes. Los cientos de miles de emigrantes en suelo español votarán
al partido que acelere su nacionalización. La ley de nietos podría suponer la
nacionalización (y el voto favorable) de 2,5 millones de latinoamericanos.
Ahora
entiendo por qué el gobierno español tiene más de 800 consultores con un sueldo
superior al de los ministros. La democracia se ha convertido en una máquina siniestra
para conservar el poder.
La Tribuna de Albacete (21/09/2026)