domingo, 26 de julio de 2026

Incendios, con y sin cambio climático

 

Los desastres naturales son inevitables. Lo que sí podemos y debemos minimizar es su frecuencia y propagación. La tecnología nos ayuda a ello. Estoy pensando en los accidentes de automóvil. La multiplicación del parque de vehículos, de los kilómetros de viajados y de la velocidad media, nos invita a concluir que el número de accidentes aumentará cada año.. No es el caso, porque los sistemas de seguridad automovilística han mejorado sin cesar y lo mismo cabe decir de la red de carreteras.

            ¿Por qué no pasa lo mismo con los incendios que los españoles sufrimos cada verano ni con las inundaciones del otoño? La respuesta es obvia. -Porque no se aplican los remedios tradicionales con la mejor tecnología. Si preguntáramos a los ingenieros de montes y a los agricultores, nos aconsejarían organizar patrullas durante todo el año para limpiar y clarear los bosques, evitando que la vegetación seca actúe como combustible de las llamas. Nos aconsejarán también aumentar el número y extensión de los cortafuegos, dotados de surtidores preinstalados. Estos remedios proporcionarían una fuente de trabajo estable en las zonas rurales, reduciendo el problema de la despoblación. La evidencia así lo confirma. Como respuesta a sus terribles incendios de 2017 y 2020, los portugueses y californianos aplicaron con éxito las nuevas tecnologías a los remedios tradicionales. Para sorpresa de muchos, estas actuaciones marcaron un antes y un después en seguridad pública

            Lo que no tiene sentido es atribuir los incendios al cambio climático y pedir cada vez más recursos para objetivos imprecisos. En el mejor de los casos, las políticas medioambientales al uso, podrán reducir las emisiones de CO2. Pero eso no deja de ser una cortina de humo para tapar el problema decisivo hoy y ahora: El refranero no deja bien claro: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”