Muchos se preguntan. ¿Por qué se resiste Pedro Sánchez a
convocar elecciones generales si va perdiendo votos mes tras mes, escándalo
tras escándalo? ¿Acaso podría el PSOE ganar las elecciones con la mayoría de
sus altos cargos condenados por latrocinio? La respuesta a ambas preguntas es
positiva si el Gobierno consigue una nacionalización masiva de extranjeros que nunca
han vivido (ni piensan vivir en España), pero sí agradecerían con su voto la
generosidad de P.S. (léase “Pedro Sánchez” o “Partido Socialista-Sanchista).
Lo explicaré
con algunos datos. En las últimas elecciones generales, el censo de votantes rozó
los 37,5 millones. De los votantes efectivos, 8.091.840 votaron al PP y 7.760.970
al PSOE. Entre las leyes que tratan de aumentar el censo, la más efectiva es la
Ley de Nietos. Si la mayoría de los 2,5 millones de beneficiarios potenciales votara
a P.S., la izquierda tendría mayoría absoluta.
Dirá
el Gobierno que la propuesta de doble nacionalización ya estaba incluida en
unas de las disposiciones adicionales de la Ley de Memoria Histórica. Callará
que esa disposición solo alcanzaba a descendientes de exiliados tras la Guerra
Civil española. Y que el PSOE la extendió a los descendientes de emigrantes
españoles desde el siglo XIX, sea cual fuere su motivo. Para más INRI, el
cambio de la ley no se hizo mediante otra ley, sino por una disposición
administrativa que otorga la última palabra al administrador de turno, a saber,
Sofía Puente, hermana del ministro de Transportes.
Para
despejar cualquier sospecha de manipulación del censo electoral, lo mínimo que
el Gobierno debería dejar claro es que los seleccionados para obtener la doble
nacionalización no tendrán derecho a votar en España hasta pasados diez años y el
pago de un mínimo de impuestos.
El que con fuego juega se quema.
El político que manipula el censo electoral, además de quemarse, está
extirpando la esencia de la democracia.
La Tribuna de Albacete (26/07/2026)