domingo, 12 de julio de 2026

Rompiendo moldes, Nayib Bukele

             Nadie se tomó en serio a Nayib Bukele cuando en el 2019, a sus 38 años, se postuló como candidato a las elecciones presidenciales. Su compromiso era acabar con las maras (pandillas violentas de jóvenes y adolescentes que vivían del pillaje y la extorsión, matando a todo el que se les pusiera por delante. Pero, ¿cómo conquistar el poder que los partidos tradicionales de izquierda y derecha llevaban cuatro décadas repartiéndose? Ante el estupor de políticos y civiles, Bukele ganó las elecciones con el 53% de los votos en primera vuelta.

              Las reformas no se hicieron esperar. El Gobierno no tenía excusa para restablecer el orden público.  Multiplicó el presupuesto de la policía que patrullaba noche y día por las calles y encarceló a más de 80.000 pandilleros entrando en sus propias viviendas (los tatuajes permitían identificarlos fácilmente). Para que el Gobierno y la policía pudieran actuar con eficacia, se declaró el Estado de excepción en 2022 y fue prorrogado año tras año. El resultado fue una caída del 95% en los homicidios. El Salvador pasó de ser el país más peligroso de Latinoamérica, al segundo más seguro de las Américas, solo por detrás de Canada.

                  A Bukele le llovieron críticas de todas partes, incluidos los organismos internacionales. Que sí había dado un autogolpe de Estado, que sí gobernaba como un dictador, que sí no respetaba los derechos humanos de los presos, que sí… Sorprendentemente, su índice de aprobación popular no paraba de crecer y en las elecciones generales del 2024 arrasó: 84,6% de los votos. La autodefensa del presidente se ha basado en argumentos muy simples. A su entender, las categorías políticas tradicionales (izquierda/derecha) han perdido todo significado. Lo verdaderamente importante para los latinoamericanos es la seguridad en las calles, el empleo estable, viviendas dignas, escuelas y hospitales. Los derechos humanos de los pandilleros, insiste, no pueden ser una patente de corso, para que los pandilleros vivan a costa de la gente honrada. Además, concluye, las formas de aplicación de los derechos humanos no pueden calcarse de Europa, que ya sufrió sus propias contradicciones al inicio del estado democrático de derecho.
  La Tribuna de Albacete (13/07/2026)