La bomba de la última semana (una bomba de racimo) fue la imputación de Rodríguez
Zapatero, presidente del Gobierno español en el periodo 2004-2011. Lo que más
me ha llamado la atención son las reacciones de políticos y periodistas. Dominan
las expresiones de extrañeza: “Nunca hubiera pensado que un político tan honrado
y generoso como Zapatero hubiera caído tan bajo”. Para mí, estas expresiones
demuestran una ignorancia supina de la naturaleza del hombre y de las
metamorfosis que su conducta puede experimentar. En una columna que trata de “tocar
fondo”, se impone una reflexión sobre “antropología, sociedad y política”.
Con la afirmación “el hombre es un lobo
para el hombre”, Hobbes concluyó que las personas son malas por naturaleza;
mejor no confiar en nadie. Para Rousseau, el hombre es bueno por naturaleza …
hasta que la sociedad le corrompe. Marx divide la sociedad en dos clases
sociales: los malvados capitalistas y el benévolo proletariado. Acabemos con
los capitalistas y la propiedad privada para regresar al paraíso terrenal,
concluyen. Para el cristianismo, el hombre es imagen de Dios, aunque ello no le
priva de su libertad para elegir el mal. Por decirlo de una manera más fuerte:
“el hombre es capaz de lo mejor y lo peor”
Aunque fuera cierta la presunta bonhomía
del presidente Zapatero, nadie debiera extrañarse de que en su “jubilación” acabara
tragado por la corrupción (también “presunta”, claro está). Todos estamos
sujetos a tales contradicciones. El camino que une los dos escenarios resulta
especialmente resbaladizo para quienes están acostumbrados a los fastos de la
riqueza y el poder y, un buen día, descubren su capacidad para apropiarse de ingentes
sumas de dinero ajeno de una manera mucho más descontrolada que cuando detentaban
un cargo público.
Que nadie se rasgue las vestiduras por
casos como el de Zapatero. Que todos exijamos a todos, justicia y
responsabilidad.
La Tribuna de Albacete (25/05/2026)