domingo, 10 de mayo de 2026

Pluto, dios de la riqueza

 

En la mitología griega, Pluto, el dios de la riqueza, era ciego. Al bueno de Pluto le hubiera gustado repartirla entre las personas más justas y sabias. Sin embargo, alguna extraña maldición le llevaba a dar más a quienes menos se lo merecían. Crémilo era el dios de la pobreza, cuyo poder era proporcional al número de pobres en la Tierra. Poco cabía esperar de él.

Aristófanes escribió en el 388 a.C. una comedia titulada “Pluto”. Trataba de escudriñar por qué se enriquecían tanto las personas malvadas, los hipócritas que no tenían principios o los cambiaban según la conveniencia del momento, los embaucadores que mentían sin que les temblara la voz. Personas de esta calaña eran las que más se enriquecían; las que conseguían el poder y lo utilizaban para aprovecharse de otras generosas y honradas.

He leído esta historia en “Siete miradas sobre el hombre”. Un libro recientemente publicado en la editorial “Pre-Texto” por mi buen amigo Víctor del Moral. En el capítulo que acabo de resumir se aprecia la lucha perenne entre el bien y el mal en una sociedad repleta de paradojas. Los grandes filósofos y literatos griegos apuntalaron la verdad y la justicia social como valores supremos, sin dejar de reconocer que a menudo prevalecía el mal tanto a escala personal como social. Sus obras son, por otra parte, un alegato contra el mesianismo barato de los sofistas de todos los tiempos. Esos que planifican la paz universal y perpetua al tiempo que azuzan el odio entre personas y naciones. Los que predican la justicia social y la prosperidad que nos hará a todos ricos con el mínimo esfuerzo.

Me parece más sensato el programa electoral de Winston Churchill tras la Segunda Guerra Mundial: “No os puedo ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas”

La Tribuna de Albacete (11/05/2026)