domingo, 1 de febrero de 2026

Auges y desplomes bursátiles. No aprendemos.

 

La Bolsa de Valores es una de las instituciones más emblemáticas de las economías capitalistas avanzadas. Además de facilitar la financiación de macroproyectos empresariales, la Bolsa permite la valoración de tales empresas a tiempo real. El valor económico fundamental (VEF) de una sociedad anónima depende de la capitalización de sus beneficios. Si estos se estiman en un millón anual de euros y si la tasa media de beneficios asciende al 5%, nuestra empresa valdrá: 100/0,05=2.000 millones de euros.

              El parqué bursátil se presta a ser utilizado como un foro de juegos especulativos. Los inversores financieros apuestan por los títulos que consideran infravalorados y los revenderán cuando sus expectativas se confirmen. El problema es que la euforia puede extenderse a todos los títulos y disparar las cotizaciones muy por encima de su VEF. En su libro Manías, pánicos y cracks, Charles Kindleberger explica las pequeñas y grandes crisis bursátiles en tres fases. Al auge que acabamos de describir, sigue el pánico cuando los inversores más expertos se lanzan a vender, conscientes de que las acciones están sobrevaloradas. Todo acaba en un desplome general que arruinará a quienes compraron caro y no fueron capaces de revender a tiempo. El pinchazo de una burbuja bursátil fuerte, suele llevar a una crisis económica general como ocurrió en 1929 y en 2007-08.

              Estos procesos pueden ser largos y dolorosos. En España. el IBEX-35 alcanzó los 16.000 puntos en el 2006 gracias a la construcción de viviendas y a los bancos hipotecarios que las financiaban. Tras la crisis del 2008, cayó a 10.000 puntos y no volvió a recuperar su nivel de partida hasta el año 2025. Desde entonces empezó un rally alcista que ha llevado el IBEX a 17.881 puntos. Todo hace temer que, al primer síntoma de recesión y/o inflación descontroladas, asistiremos a un desplome del mercado bursátil e inmobiliario que engullirán a la economía real. Si, otra vez, seguimos sin aprender de los errores del pasado.

La Tribuna de Albacete (02/02/2026)