domingo, 8 de septiembre de 2024

Aquella feria

 

Los albaceteños empiezan a hablar de la Feria tan pronto como regresan de sus vacaciones veraniegas. En una conversación reciente con mis compañeros de la UCLM, uno definía la feria como la gran traca final después de un verano más caluroso, largo y agitado que en el resto de Europa. A otro compañero le llamaba la atención la duración de la feria: “¡No sé cómo pueden aguantar tantas noches durmiendo poco y a deshora!”.

El tercer tertuliano, oriundo de La Roda, aclaró estos enigmas refiriéndose a la tradición que le había llegadlo de la abuela de su abuela. A primeros de septiembre, decía aquella buena señora,  los campesinos remataban las faenas del campo para llegar a la feria de Albacete. Viajaban en carros tirados por caballos que “aparcaban” a las afueras de la ciudad y servían de casa. Al tiempo que acordaban la venta de sus excedentes agrícolas, aquellos feriantes compraban los medios para la producción y el consumo del próximo año agrícola. A saber, bueyes, aperos y utensilios de cocina. Tratándose de Albacete, no podía faltar, el último modelo de navaja.

La diversión venía al atardecer. Bailes, manchegas, saltimbanquis... Lo más satisfactorio era el encuentro con viejos amigos para contarse las batallas del pasado y las ilusiones del presente. Los jóvenes aprovechaban para lanzar el tejo, asegurando así la continuidad a las familias. Nadie regresaba a sus pueblos sin visitar a la Virgen de los Llanos para implorar su protección.

Aquellas ferias han cambiado al compás de las revoluciones tecnológicas y de las formas de vida. No tiene sentido elegir la mejor de las ferias. Sí podemos buscar los elementos comunes. Yo destacaría la importancia de la interacción humana en un clima cordialidad propiciado por esa visión trascendente encarnada en la Virgen de los Llanos. “Amar y ser amado” es la necesidad fundamental de las personas en cualquier época de la historia.

La Tribuna de Albacete, 99/99/2024

domingo, 1 de septiembre de 2024

El precio a pagar

 

Este verano, mientras en el Oriente Medio sonaban tambores de guerra, he releído el libro autobiográfico de Joseph Fadelle, “El precio a pagar” (Rialp, 2012). El verdadero nombre del autor es Mohamed Al-Sayid. Nació en Irak en 1964 en la dinastía chiita de los Moussaoui, una de las más influyentes del Islam. A los 14 años dejó de estudiar para centrarse en las funciones genuinas de un líder religioso: mandar a diestra y siniestra, combatir a los sunitas y perseguir a los cristianos.

En la dictadura de Hussein, hasta los líderes religiosos debían realizar un campamento de tres meses para librarse del servicio militar. El compañero de habitación de Fadelle resultó ser un cristiano que pronto le cautivó por su amabilidad. En lugar de entrar en discusiones teológicas, recomendó a Fadelle leer el Corán pensando críticamente en las máximas propuestas por Mahoma y en las consecuencias de aplicarlas al pie de la letra. A continuación, le invitó a leer y practicar el Evangelio que comienza con el nacimiento de Jesús en Belén y acaba con su muerte en la cruz, perdonando a sus enemigos. Fadelle se convirtió al cristianismo y atrajo, a su esposa Anouar utilizando el método de Jesús: amar al prójimo como Él nos había amado.

La reacción chiita no se hizo esperar. Sus hermanos le persiguieron a muerte por Irak y Jordania. No le quedó más remedio que exiliarse a Francia. Hoy Joseph vive en París con su familia. Preguntado por lo que más le había costado en su proceso de conversión, no dudó en afirmar: El perdón a mis propios hermanos; fue el precio que Dios me pidió para cimentar el respeto mutuo entre las grandes religiones monoteístas de la humanidad.

La Tribuna de Albacete, 02/09/2024

lunes, 22 de julio de 2024

La Inteligencia Artificial

 

La inteligencia artificial (IA) combina la velocidad computacional de los ordenadores cuánticos, con la capacidad de aprender de los propios errores y la creatividad. Oí esta definición hace ya un lustro a José Ignacio Latorre, catedrático de Física Cuántica en la Universidad de Barcelona. El conferenciante no dudó en afirmar que la IA marcará un antes y un después en la historia de la humanidad. Las restantes revoluciones tecnológicas no pasarían de ser pequeños saltos que nos anticipan una lección importante: cuando el hombre delega a las máquinas una tarea, se incapacita para hacerla por sí mismo. Tras la Revolución Industrial el hombre perdió la fuerza muscular y gran parte de sus habilidades manuales. La Revolución Informática nos ha robado la capacidad de cálculo. El GPS, primera manifestación de la IA, ha absorbido nuestro sentido de orientación. Cuando la IA alcance su madurez, concluyó Latorre, buena parte de nuestros conocimientos y habilidades intelectuales quedarán obsoletos.

La utilidad de la IA está fuera de toda duda. Sus riesgos también. En los últimos años, los profesores hemos descubierto que los alumnos aprenden de otra manera y pueden pedir al chat GPT que realicen cualquier trabajo académico sin posibilidad de ser acusados de plagio. Esto nos obliga a los profesores a centrar nuestras clases en los aspectos cualitativos que escapan a la IA y a realizar exámenes orales para comprobar que el alumno se ha enterado de lo importante.

La IA es de escasa ayuda para encontrar el sentido de la vida, la moralidad o el amor. Un chico le dirá a su novia. “En base a la experiencia de millones de parejas, la IA ha concluido que somos incompatibles y no debemos casarnos. ¡Semejante sandez! Si me aceptas por esposo, yo me esforzaré día tras día en hacerte feliz”. Ella responderá: “Lo mismo estaba pensando yo”.

La Tribuna de Albacete (22/07/2024)

domingo, 21 de julio de 2024

Progresar aprendiendo

 

Después de todo lo que hemos visto en los últimos años queda claro que la migración incontrolada tiene efectos negativos tanto para los países de origen como para los de destino. La mejor alternativa al descalabro actual consiste en crear oportunidades dentro del territorio de los países subdesarrollados. El economista italiano Luigi Pasinetti explica que, a lo largo de la historia de la humanidad, el motor del crecimiento económico y bienestar social ha sido el progreso técnico. Que los países que han liderado el progreso son los que más han invertido en el capital humano. Que lo mejor que pueden hacer los países rezagados es aprender de los avanzados.

El primer paso de los países en vías de desarrollo (PVD) consiste en producir con las tecnologías modernas los bienes tradicionales, los que dan trabajo, salarios y pan a los habitantes del territorio.

Las mejoras de la productividad liberarán una buena parte de la población nativa que puede destinarse a producir y exportar los bienes demandados en todo el mundo. Los bajos salarios son la ventaja comparativa de los países pobres. A partir de este momento la financiación del desarrollo estará asegurada.

Actualmente las economías de los PVD están fracturadas en un sector moderno controlado por el capital extranjero que extrae y exporta materias primas y un sector tradicional sumido en la pobreza. El desarrollo interno vía aprendizaje permitirá conectar ambos sectores.

Romper el círculo vicioso del subdesarrollo no es fácil, aunque tampoco imposible. Así lo demostró en el año 2000 el acuerdo de 186 países de la ONU para transferir el 0,7% de su PIB al Tercer mundo. Durante los ocho primeros años el éxito en la reducción de pobreza y las mejoras en educación, salud e infraestructuras fue espectacular. Pero llegó la crisis financiera de 2008 y los países ricos encontraran la excusa perfecta para retirarse. Es necesario recuperar el compromiso del 0,7 para crear las condiciones que permitan progresar aprendiendo (human learning).

La Tribuna de Albacete (22/07/2024)

domingo, 14 de julio de 2024

La balanza de las migraciones

 

Hace una semana un emigrante africano me abordó a la salida del supermercado. Para quitármelo de encima le aconsejé que se acercara a un centro de Caritas y allí recibiría los alimentos que necesitaba. Me tomé la molestia de aclarar mis motivos: “Sabe, yo no me atrevo a dar dinero a personas desconocidas que pueden darle un mal uso”. Me respondió. “Señor, no se ha enterado de nada. Yo no le pido ayuda, ni en dinero ni en especie. Yo le ofrezco estos ajos que mi amo me ha permitido recoger del suelo para que usted me dé lo que quiera y pueda”.

Me sorprendió la iniciativa y honradez, de este emigrante. Seguro que se ganará la vida en España y podrá ayudar a sus familiares que se han quedado en África. El secreto del despegue de la economía española provino de las remesas de los dos millones de emigrantes al centro y norte de la UE entre 1959 y 1973.

Las ventajas para los países anfitriones también son significativas. Reciben mano de obra joven, motivada y barata. Sus contribuciones a la Seguridad Social son fundamentales para un sistema en quiebra por falta de natalidad y de proporción entre contribuciones y prestaciones.

Los problemas de la emigración que sufren casi todos los países ricos son de índole sociocultural y solo puede solucionarse con paciencia y mesura. Estos son mis consejos. (1) Regular la entrada de migrantes para que puedan ser integrados en el sistema económico y educativo. (2) Crear las condiciones para que un vez formados y con ciertos ahorros estos emigrantes puedan volver a sus países de origen. (3) Promover el desarrollo económico en los países de origen a fin de que puedan dar un empleo estable  a la mayoría de sus habitantes.