domingo, 14 de julio de 2024

La balanza de las migraciones

 

Hace una semana un emigrante africano me abordó a la salida del supermercado. Para quitármelo de encima le aconsejé que se acercara a un centro de Caritas y allí recibiría los alimentos que necesitaba. Me tomé la molestia de aclarar mis motivos: “Sabe, yo no me atrevo a dar dinero a personas desconocidas que pueden darle un mal uso”. Me respondió. “Señor, no se ha enterado de nada. Yo no le pido ayuda, ni en dinero ni en especie. Yo le ofrezco estos ajos que mi amo me ha permitido recoger del suelo para que usted me dé lo que quiera y pueda”.

Me sorprendió la iniciativa y honradez, de este emigrante. Seguro que se ganará la vida en España y podrá ayudar a sus familiares que se han quedado en África. El secreto del despegue de la economía española provino de las remesas de los dos millones de emigrantes al centro y norte de la UE entre 1959 y 1973.

Las ventajas para los países anfitriones también son significativas. Reciben mano de obra joven, motivada y barata. Sus contribuciones a la Seguridad Social son fundamentales para un sistema en quiebra por falta de natalidad y de proporción entre contribuciones y prestaciones.

Los problemas de la emigración que sufren casi todos los países ricos son de índole sociocultural y solo puede solucionarse con paciencia y mesura. Estos son mis consejos. (1) Regular la entrada de migrantes para que puedan ser integrados en el sistema económico y educativo. (2) Crear las condiciones para que un vez formados y con ciertos ahorros estos emigrantes puedan volver a sus países de origen. (3) Promover el desarrollo económico en los países de origen a fin de que puedan dar un empleo estable  a la mayoría de sus habitantes.