domingo, 25 de octubre de 2026

Involución a la barbarie

Un día de la semana pasada me llamó mi hija pequeña que estudia en la Complutense. “Papá, han convocado una huelga. Los organizadores se despidieron convocándonos a nuevos paros los días 4 y 5 de noviembre. Así hasta el día de las elecciones. De ganar la derechona, enemiga de la universidad pública, podrían arder edificios y calles, como está ocurriendo en París y otras ciudades europeas”.

                Por mi mente se cruzaron recuerdos del inicio de mi carrera universitaria en Barcelona, entre la muerte de Franco y la Constitución de 1978. Había una huelga intermitente de los PNN (profesores no numerarios) que seguían cobrando durante los paros pues la huelga era ilegal. Cuando estábamos en medio de la clase, un par de jóvenes (que nadie conocía) subían a la tarima para soliviantarnos. “Compañeros, ayer despidieron a un trabajador de una quesería extremeña. Salgamos del aula para mostrar nuestra solidaridad con los trabajadores españoles. Quien no esté de acuerdo, que levante la mano”. Los cabecillas se plantaban en medio de la Diagonal y obligaban al conductor de un autobús articulado a cruzarse para interrumpir el tráfico. Así pasaban los días, sin poder disfrutar del derecho a la enseñanza.

Un hecho sentó los cimientos de una manera más civilizada y sensata de vivir. En el referéndum del 6/12/1978, el  87,78% de los votantes votó a favor de la nueva Ley Fundamental que constituía España en un Estado social y democrático de Derecho (art. 1.1 de la CE). Las huelgas se desinflaron cuando estudiantes, profesores y trabajadores comprendieron que la mejor manera de defender sus ideas e intereses era aprobar leyes en el Parlamento y asegurar que jueces independientes las hicieran cumplir.  

Me aterra pensar que España pueda involucionar hacia la era preconstitucional. El actual Estado de Derecho degeneraría en la ley del más fuerte. ¡La barbarie!    

La Tribuna de Albacete (26/10/2026)