martes, 13 de octubre de 2026

A los 250 años de "La Riqueza de las Naciones"

 

                Estamos celebrando el 250 aniversario de la obra maestra de Adam Smith: "Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones". ¡Cuánto desearía que nuestros políticos entendieran los principios básicos de esta obra para dejar de entorpecer el funcionamiento de las economías capitalistas de mercado!

                El primer principio es que la economía NO es un juego de suma cero en el que unos ganan a costa de otros. Cuando un empresario invierte con acierto, además de beneficiarse él mismo, ganan los trabajadores que podrán disponer de un empleo y sueldo que mejoren el bienestar de su familia; ganan las demás empresas por el aumento generalizado de la demanda; y gana el propio Estado, que contará con una base imponible mayor para sufragar los servicios públicos.

                Segundo principio: la iniciativa privada es el motor clave de la prosperidad económica y el bienestar social, cuando respeta la propiedad privada, la libertad de empresa y la coordinación del mercado. La “magia” de los mercados competitivos la atribuye Smith a una mano invisible que estimula la eficiencia y la innovación. Cada agente económico tendrá un fuerte incentivo para esforzarse al máximo cuando de este esfuerzo deriva un mayor beneficio o salario, amén de la permanencia de la empresa y del puesto de trabajo. También el beneficio tiene una dimensión social. Para maximizar sus beneficios, una empresa ha de producir los mejores bienes al mejor precio. La competencia se encargará de ajustar los precios a un coste decreciente gracias a los avances de la productividad.

                Adam Smith es considerado el padre de la economía moderna y del liberalismo. Yo añadiría otro par de galardones a su realismo y prudencia. Tras reconocer que el mercado era incapaz de conseguir ciertos objetivos económicos, reclamó la intervención complementaria de los poderes públicos para asegurar la seguridad (defensa y orden público), la justicia, las infraestructuras de transporte y la educación. Hoy añadiría algún cometido más, no sin antes advertir que buena parte de nuestros problemas económicos son fruto de un intervencionismo público generalizado y desnortado. ¡Hay medicinas peores que las enfermedades que tratan de corregir!

La Tribuna de Albacete (12/10/2026)