domingo, 19 de abril de 2026

Personas de paz

 

Hace unos días escuchamos los ataques del presidente de EE.UU. contra el Papa. Digo bien, el ataque personal lo lideró Donald Trump, sintiéndose aludido por un mensaje de León XIV que tiene más de 2000 años de antigüedad y que ha sido elevado a la categoría de los valores fundamentales desde la encíclica de Juan XXIII, Pacem in Terris: “Nada se pierde por la paz, todo puede perderse con la guerra”.

En tiempos de Jesús, los judíos defendían la ley del Talión: “Ojo por ojo, diente por diente”. Los romanos miraban hacia delante: “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Las actuales “guerras preventivas” y la competencia por exhibir armas cada vez más letales y rentables, implican un paso atrás. La Iglesia católica, basándose en la ley natural, solo justifica la guerra en defensa propia y siguiendo los pasos marcados por el derecho internacional.  

León XIV no se olvida de mostrar la otra cara de la moneda: la paz. La verdadera paz, la que Cristo propuso para el Reino de Dios en la tierra, ha de estar cimentada en la justicia y la dignidad de las personas. Cita al papa Francisco para referirse a un “proceso artesanal y permanente”, en el que cada uno da lo mejor de sí para sembrar la paz en su entorno. El “no a la guerra” degenera en un eslogan vacío e hipócrita cuando lo proponen políticos que solo buscan conseguir votos para mantenerse en el poder; y lo cacarean personas que tratan de esconder su incapacidad de mantener la paz en su entorno social y en su propia familia. “La verdadera fuerza (pacificadora) —concluye León XIV— se mide en el servicio a la vida y la solución de los problemas concretos de las personas”.

Personas pacíficas que busquen la paz por encima de sus intereses políticos, eso es lo que falta.

La Tribuna de Albacete (20/04/2026)