El sábado
proliferaron las manifestaciones frente al Ministerio de Igualdad. Protestaban
contra la Ley Trans que está a punto de encarar su última etapa legislativa
después de haberse saltado todas las anteriores; quiero decir, las exigidas a las
leyes serias. Entre los manifestantes, dominio absoluto de mujeres; quiero
decir “de mujeres aparentes”, que la ley de marras no distingue entre hombres y
mujeres; cada uno es del sexo que se siente. Por las pancartas y consignas
coreadas, se intuía una batalla entre PSOE y Unidas Podemos. El inicio de una
guerra mundial de “todas contra todes” y “todos contra todo”.
Para ser lo
más objetivo posible, me voy a limitar a leer las pancartas de la foto
panorámica que tengo delante.
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No son trans, “es” un contagio social.
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Contra el borrado de las mujeres.
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Deseos no son derechos.
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Mejor investigar antes de hormonar.
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Montero, quita las manos de nuestros hijos.
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Paremos la locura Trans.
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Mi hija es lesbiana, dejadla crecer sana.
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Ley Trans: misógina, reaccionaria, sexista.
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Delirio queer.
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Ser mujer no es un sentimiento.
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Por los derechos de las mujeres, no a la ley
trans.
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No existe la “infancia trans”, la habéis
inventado vosotras.
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Mujer, hembra humana adulta.
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El sexo no se elige.
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Feminazis al poder.
Yo no tengo
tiempo para asistir a este tipo de manifestaciones. Si alguna vez fuera, me
limitaría a plantear una pregunta. “¿Quién se responsabiliza de las
consecuencias de educar a nuestros hijos en la ideología de género, de
hormonarles y meterles en un quirófano? ¿Quién se atreverá a explicar la incapacitación
de esos niños y jóvenes a una vida normal de estudio y trabajo, sus depresiones
recurrentes y los posibles suicidios?