lunes, 11 de octubre de 2021

Leyes económicas versus leyes políticas. Lecciones del mercado de la vivienda.

Hoy toca clase de Economía. No se alarmen, lectores, forma parte de la primera lección del curso “Introducción a la Economía”. Mis alumnos entienden pronto las ideas básicas, aunque por alguna extraña razón, suelen sacar conclusiones inadecuadas cuando llegan a alcaldes o ministros.

                Primera idea: Las leyes económicas acaban imponiéndose a las políticas. La ley de oferta y demanda, por ejemplo, implica que un exceso persistente de demanda empuja los precios al alza. Si el ajuste de la oferta es muy lento (como ocurre con la vivienda) el precio se disparará.

                Segunda idea: Uno de los peores ataques a la economía de mercado es la fijación de precios; el mercado se venga generando efectos contrarios a los pretendidos. En este momento planteo a mis alumnos un ejercicio. “Suponga que el alquiler mensual medio de una ciudad ronda los 1000€. En un ataque de generosidad, el candidato a la alcaldía promete que fijará el alquiler máximo en 500€ y regalará a los colectivos más necesitados cheques/subvenciones para pagar el alquiler. ¿Qué resultados cabe esperar en teoría? ¿Se confirman estos resultados en la práctica?”.

Tras leer noticias donde se comentan casos históricos de control de alquileres, la mayoría de los estudiantes responde con conocimiento de causa: “La oferta de vivienda para alquilar se reducirá. Solo quedarán los peores pisos. Los buenos se alquilarán en el mercado negro por un precio muy superior a 1000€”. Los alumnos tampoco caen en la trampa de las subvenciones. “Si la carestía del alquiler proviene de un exceso de demanda, el cheque-subvención agravará el problema. Lo que habría que hacer es facilitar es la construcción de viviendas destinadas al alquiler”.

                La matrícula de honor se la llevaría el alumno que diseñara un sistema de incentivos adecuados para repoblar la España vacía, vacía de hogares y empresas, rebosante de tierras edificables.  Entre las medidas contempladas no debiera faltar la conexión digital y física con las grandes urbes donde, hoy por hoy, se concentra la actividad económica.

La Tribuna de Albacete (11/10/2021)

lunes, 4 de octubre de 2021

Perdón

                 La semana pasada se celebró el 200 aniversario de la independencia de México, con la mirada puesta en la cruel Conquista española o, como dicen otros, en la ejemplar “Resistencia indígena”. La noticia hubiera pasado desapercibida de no mediar el perdón solicitado por el Papa Francisco por los errores que la Iglesia Católica hubiera podido cometer en esos dos siglos. El presidente mexicano agradeció esas palabras y exigió que el Rey de España y el Presidente de los EE.UU. también mostraran su arrepentimiento. La izquierda española aplaudió la valentía del Papa. La derecha le criticó duramente.

                ¿Alguien entiende algo? Cuánta razón tenía Wittgenstein al afirmar que casi todos los problemas son de lenguaje. El lector me permitirá que le explique cómo entiendo yo las locuciones castellanas donde aparece la palabra “perdón”.

“Pedir perdón” y “pedir que te pidan perdón”. Lo primero es un acto de humildad, que todos debiéramos introducir en el elenco de nuestras cien palabras más repetidas. Lo segundo es un acto de orgullo que raramente obtendrá respuesta. A menudo, es también una estrategia para cargar mi parte de culpa sobre las espaldas de los indefensos. O para captar los votos de algún colectivo ingenuo.

“Perdonar y olvidar”. El perdón verdadero, implica el olvido, tanto por la parte del ofensor como la del ofendido. Lo que no hay que olvidar es la gravedad de algunas conductas.

“Perdón, arrepentimiento y enmienda”. Que nadie pronuncie la palabra perdón a la ligera, trae mucha cola. Me obliga a reparar, en la media de los posible, los daños causados. Y a cambiar de comportamiento desde ya.

                Por concretar. Si yo fuera el presidente de México reconocería el fracaso de no haber conseguido, en 200 años de andadura, la seguridad y el progreso que se espera de un Estado independiente. Agradecería cualquier tipo de ayuda que EE.UU. y España le puedan facilitar aquí y ahora. Y dejaría la historia para los historiadores.     

lunes, 27 de septiembre de 2021

Las vidrieras de la Catedral de León

 

La Semana pasada tuve la oportunidad de asistir a un congreso en la Universidad de León. A medida que el AVE me alejaba de Madrid pude palpar lo que era la España vacía. De ahí mi sorpresa al llegar a una ciudad rebosante de peregrinos. Siguiendo la corriente principal me di de bruces con la Catedral de León, el más puro y bello ejemplar gótico de España. Para describir el aspecto exterior solo tengo una palabra: “impresionante”. Para valorar el interior del templo no hay palabras. Me parecía haber sido transportado a otra época de la historia donde las personas eran capaces de hacer obras maravillosas e inmortales. Sus 737 vidrieras, que cubren 1800 metros cuadrados, elevan al peregrino.

                La luz que penetraba por las vidrieras despertó en mí algunas preguntas fundamentales. ¿Cómo consiguió una pequeña ciudad de 5000 habitantes levantar una catedral de esa altura y perfección en apenas cincuenta años (1255-1302)? ¿Y cómo es posible que 720 años después se mantenga en pie, en todo su esplendor? Esta fue mi conclusión: Aquellas pobres y humildes personas eran conscientes de estar levantando un templo para Dios y Dios merece lo mejor.

                ¿Por qué los libros de texto siguen empeñados en hablar de la oscura Edad Media siendo que en ella se construyen las catedrales más esbeltas y luminosas, auténticos prodigios de la arquitectura? No tengo respuesta para esta pregunta. Posiblemente sea un reflejo de los prejuicios con los que nos envolvió la modernidad. De estos prejuicios hemos heredado el miedo a mirar hacia arriba y hacia dentro.

                ¿Cómo explicar que 720 años después la catedral de León siga teniendo esa fuerza de atracción para personas de todo el mundo?  Será que la via pulchritudines (la búsqueda de la belleza) sigue abierta. Posiblemente es el camino apropiado para reconstruir nuestra sociedad actual, tan materialista y fragmentada.

La Tribuna de Albacete (27/09/2021) 

domingo, 19 de septiembre de 2021

Más chispas y euros que luz

 

Hace un año el megavatio de electricidad por hora (MW) se pagaba en España a 50 euros. La Filomena lo subió a 95. Bajó pronto, pero en el rally del último mes ha alcanzado los 188 euros. Nos situamos a la cabeza de la UE tanto por el precio como por la rapidez de escalada. En Francia, en el mismo periodo, el precio de la electricidad ha subido de 60 a 101 euros.

Para explicar la evolución de un precio en el corto plazo hay que tener en cuenta las fuerzas de la demanda, las de la oferta y el tipo de mercado que casa demanda y oferta. De la demanda hay poco que hablar. La próxima ola de frío polar dispara la demanda de electricidad y, a igualdad de circunstancias, el precio.

La oferta se refiere a los MW que cada empresa lanza al “pool” energético. Empiezan ofertando las empresas nucleares, son las que producen más barato y lo hacen durante 24 horas al día, no les sale a cuenta parar por la noche. Siguen las renovables ... a no ser que falte el viento y el sol. Acaban las plantas que producen electricidad quemando gas y otros combustibles sólidos. Las plantas de ciclo combinado, así se las llama, con las más caras y contaminantes. En el mix energético encontramos, pues, la primera causa de la singularidad española.  Francia genera el 70% de su electricidad en centrales nucleares. España el 23% y ya ha condenado a muerte a las 7 centrales que le quedan.

La segunda causa radica en la gestión del mercado eléctrico. Los economistas quedaron satisfechos tras imponer (artificialmente) el modelo que explican en sus clases de Microeconomía. El precio se  iguala al coste marginal. Lo marcará, pues, la última energía en entrar que, por definición, es la más cara. A mayor demanda y menos oferta (por la ausencia de viento), mayor participación del gas y mayores precios. Eso es todo. O “casi todo”, pues los impuestos, peajes y compromisos políticos representan en España el otro 50% de la factura de la luz. También lideramos el ranking de complementos. 

Urge desmantelar el actual sistema de fijación de precios. Mejor limitarse a encauzar la tendencia natural hacia precios estables basados en el coste medio. Se conseguirá permitiendo que los consumidores fijen con los proveedores de su elección un precio revisable anualmente. Lo peor (o mejor) que podría pasar es que las plantas donde se queman combustibles fósiles hubieran de cerrar y ser sustituidas por otras basadas en energía renovable y nuclear.

La Tribuna de Albacete (20/09/2021)

lunes, 13 de septiembre de 2021

Educonfusión

 

Reiniciamos el curso escolar con normalidad, ¡excelente noticia! La plena normalización de la enseñanza no se conseguirá hasta que los expertos lleguen a un consenso mínimo sobre los objetivos, metodologías y contenidos de cada etapa educativa. Estoy hablando de expertos educativos, no de políticos; de metodologías didácticas, no de estrategias políticas e instrumentos de ideologización. Desde mi modesta perspectiva de profesor daré mi opinión sobre tres temas que son una fuente permanente de confusión.  Este artículo bien podría titularse “carta de un viejo profesor a las últimas declaraciones del Ministro de Universidades”.

Memoria. Cada una de las ocho leyes educativas de los últimos cuarenta años, empieza por condenar la enseñanza memorística. Es evidente que aprender no es memorizar. No menos cierto es que la memoria es una de las potencias constituyentes del ser humano; ayuda en muchos quehaceres, incluido el aprendizaje. La clave está en combinar memoria y práctica. Expliquemos al alumno los diferentes tipos de oraciones gramaticales y pidamos que resuma lo explicado con sus propias palabras y ejemplos.

Internet. Las nuevas tecnologías cumplen un papel fundamental en la enseñanza. Nadie lo pone en duda. Pero sería un error concluir que no vale la pena explicar lo que el alumno puede encontrar en internet. En internet está todo, pero hay que saber entender lo que allí se escribe y discriminar lo bueno de lo malo. Para eso se necesita mucho estudio en el aula y en clase. Internet será una maldición si desplaza el estudio y la reflexión personal.

Exigencia. La vida es muy exigente. La exigencia en los estudios ayudará a nuestros alumnos a afrontarla con éxito. Su inteligencia y voluntad crecerá con el esfuerzo. Quienes desean eliminar el fracaso escolar eliminando los suspensos o los exámenes de recuperación, están labrando el fracaso vital de esos niños y jóvenes.

La Tribuna de Albacete (13/09/2021)