domingo, 11 de julio de 2021

Mejorar la formación profesional

 

El tercer desafío del informe “España 2050” propone “Mejorar la formación y recualificación de la población”. El énfasis en la formación profesional me parece muy acertado. Además de abrir nuestras mentes a la cultura y de capacitarlas para la innovación, el sistema educativo ha de formar profesionales capaces de atender las necesidades del tejido productivo, incluyendo el autoempleo.

           En la sección de logros, el Informe presume de que entre 1980 y 2020 se crearon 2 millones de plazas en la Universidad y la Formación Profesional Superior (FPS). Y de que hoy día el 47% de los adultos nacidos a partir de 1980 tiene un título universitario.

        Sin negar tales logros, resumiré los interrogantes que me asaltan. Primero: ¿Somos conscientes de las diferencias entre cantidad y calidad, y de las diferencias personales en inteligencia y voluntad? En su libro “El pacto inmoral”, Sophie Cognard rastrea las causas del deterioro progresivo del sistema educativo francés. Una exministra de Educación entrevistada reconoce que el sistema empezó a hundirse el día que el Presidente le pidió que hiciera lo necesario para escalar a los primeros puestos del rango universitario, es decir, que Francia pasara rápidamente de 1 a 2 millones de estudiantes universitarios. El objetivo actual es que todos los graduados tengan uno o varios másteres. Mañana será que todos ellos alcancen uno o varios doctorados. ¿Para qué? ¿Es posible conseguirlo sin mermar la calidad?

                Segundo: ¿Por qué mezclan las cifras correspondientes al sistema universitario y la FPS? Me temo que casi todas las nuevas plazas son universitarias. Urge tratar con todo el interés que merece la formación profesional, tanto la básica como la superior. Alemania demuestra que es allí donde se cuece la empleabilidad de nuestros estudiantes.

     Tercero: ¿Estamos dispuestos a aprovechar las sinergias entre instituciones educativas y empresas? ¿Hasta cuánto prevalecerán los prejuicios ideológicos contra el mercado y sus empresas, esas que nos dan el pan y el salario para comprarlo?

La Tribuna de Albacete (12/07/2021)

domingo, 4 de julio de 2021

Mejorar la educación

                 “Conquistar la vanguardia educativa” es el segundo desafío de “España 2050”. Estos son los principales problemas detectados en el Informe: (1) Elevadas tasas de repetición y abandono escolar. (2) Malos resultados en el aprendizaje. El informe PISA demuestra que son demasiados los alumnos españoles incapaces de llegar al mínimo y pocos los estudiantes más capacitados que alcanzan la excelencia. (3) Dificultad de romper el círculo vicioso de “pobreza social - pobreza de resultados académicos”.  

                Entre las causas de estos problemas aciertan a destacar la falta de autonomía de los centros educativos y la desmotivación de alumnos y profesores. En mi opinión, además de mejorar la financiación y el resto de tópicos que nadie cuestiona, las alternativas básicas que se abren son dos: la intervencionista-facilona o la liberal-exigente.

La ley Celaá se decanta por la primera opción. Tras proponer un cuadro de objetivos uniforme, se inflan las notas para motivar a los alumnos y se permitir pasar de curso a los pocos alumnos que suspendan; así nadie se quedará atrás. Lamentablemente, la desmotivación de los alumnos aumentará a medida que se sientan más y más lejos de los objetivos propuestos. Los profesores también se desanimarán cuando comprueben que el sistema académico les relega a guardianes del orden público en un aula de alumnos perdidos y desmotivados.

La segunda opción es la liberal. (1) Libertad para crear centros escolares y, dentro de ciertos límites, ajustar el curriculum y estrategias a las necesidades de los alumnos que tienen delante. Los más aventajados podrán aprovecharse de un estudio más autónomo; los rezagados tal vez requerirán dos profesores por clase. (2)  Libertad de los padres para escoger el centro que mejor facilite el aprendizaje para sus hijos. (3) Libre competencia entre los centros educativos (públicos y privados). Si quieren sobrevivir habrán de demostrar a los padres su capacidad de estimular al estudiante. No importa si los alumnos son listos o torpes, ricos o pobres… todos  pueden y deben superarse hasta colmar su capacidad que, dicho sea de paso, es muy flexible.  Y al decir “todos” incluyo a estudiantes,  profesores y gestores de los centros académicos.

Para mi sorpresa, la opción liberal no se menciona en el informe “España 50” y la ministra Celaá se ha manifestado abiertamente en contra. ¿Hasta cuándo permitirán el deterioro del sistema educativo antes de apostar por la libertad? ¿O es que lo único que preocupa a nuestros políticos es garantizar la formación de  niños y adolescentes en los valores políticamente correctos?

La Tribuna de Albacete (5/07/2021)

domingo, 27 de junio de 2021

Mejorar la productividad

                 El primer desafío abordado en el documento España 2050 consiste en “ser más productivos para crecer mejor”. Totalmente de acuerdo. Aumentar la productividad empresarial es la clave para mejorar las condiciones de trabajo, salarios incluidos, sin merma del beneficio, la inversión y el crecimiento. Para generar más valor añadido sin destruir empleo, pues las mejoras de competitividad impulsan las exportaciones. Para asegurar un crecimiento sostenible. Para fundamentar un estado del bienestar sin generar una deuda que hipoteque a las generaciones futuras.

                Los remedios propuestos en el documento para reducir la brecha que nos separa de la UE también me parecen acertados. Hay que evitar el envejecimiento de la población pues son los jóvenes quienes mejor aprecian y absorben las nuevas tecnologías. Hay que mejorar la educación y empleabilidad de esos jóvenes. Hay que invertir en investigación, básica y aplicada. Hay que digitalizar las empresas y las instituciones. Hay que eliminar las trabas burocráticas.

             Mi advertencia. El Gobierno puede y debe facilitar el tránsito de los agentes económicos por estas vías. Fracasará si se erige como protagonista, desplazando a la iniciativa privada. Desde sus inicios, allá por 1800, el principal logro de las economías capitalistas es el aumento sostenido de la productividad. El proceso ha sido liderado por los países que más han confiado en la iniciativa privada: Estados Unidos, Inglaterra hasta 1945 y Alemania desde 1945. La incorporación de España a la UE (y a su presión competitiva) coincide con los mejores momentos del crecimiento español en productividad, valor añadido y empleo.

     Para maximizar sus beneficios, o simplemente sobrevivir, las empresas se han visto compelidas a producir nuevos bienes que satisfacen mejor las necesidades del consumidor. A reducir los costes de producción y, a renglón seguido, ajustar los precios a unos costes menguantes. ¡He aquí el secreto de la mano invisible del mercado!

La Tribuna de Albacete (29/06/2021)

 

domingo, 20 de junio de 2021

Otro brindis al sol

 

En el mundo tan complejo y egoísta como el que vivimos, la primera y más importante de las funciones de un gobierno es dejar claras las reglas del juego político. Para tal fin se inventó la Constitución. La ley que fundamenta y enmarca todas las demás. Una ley que no impide ser reformada siempre que se respeten los procedimientos establecidos en la propia Constitución. 

          Mi primer y único consejo al actual presidente del Gobierno español es que deje claras esas normas a los políticos catalanes que pretende indultar, al conjunto de los catalanes y al resto de españoles. Muchos políticos temen la claridad. El ciudadano de a pie la reclama. A él dirijo estas aclaraciones.

Primera. La independencia política de una parte del territorio español no puede alterarse por un referéndum unilateral. Tampoco por un referéndum acordado entre los gobiernos catalán y español. Ni siquiera por el Parlamento. En los dos últimos casos el referéndum dejaría de ser ilegal pero no pasaría de ser una consulta electoral.

Segunda. La segregación territorial requiere un proceso de reforma constitucional complejo, por afectar a una institución básica del Estado. Tres son los pasos a seguir: (1) Disolución del Parlamento por mayoría cualificada y convocatoria de nuevas elecciones; (2) Elaboración y aprobación de la reforma constitucional por las nuevas Cortes Generales; (3) Consulta al pueblo español para que refrende la reforma.

Tercera. Lo único que le puede ofrecer el líder del PSOE a los líderes del “procés” es el apoyo a una reforma constitucional que haga posible la secesión de Cataluña. Por ejemplo, el paso a una república confederal, conde cada nación puede independizarse si así lo decide la mayoría de sus habitantes. El Brexit es el ejemplo más reciente.  

Volvemos al tema de los indultos. El problema no está en su legitimidad  sino en su justificación y utilidad. Carecerán de una y otra si los independentistas no están dispuestos a acatar la actual Constitución (y sus vías de reforma), o si el PSOE no está dispuesto a llegar a lo que piden los independentistas: una república confederal donde cada comunidad pueda independizarse por su cuenta y riesgo. En las condiciones actuales, los indultos más parecen un brindis al sol. Otro brindis al sol que convierte la vida política en un juego de pillos. ¿Quién engañará a quién?

 

domingo, 13 de junio de 2021

El Príncipe de Maquiavelo

 

Los derroteros de la política española me recuerdan tanto al Príncipe de Maquiavelo que no he podido resistir la tentación de releerlo. Este libro de 1513, culmen del Renacimiento italiano, lo dedicó Maquiavelo a Lorenzo de Médici. Le aconseja cómo debe gobernar su Principado y cómo extenderlo hasta lograr la reunificación de Italia. Desde la primera página deja claro que hablará de las “estrategias del poder”, no de las reglas de “filosofía moral” engendradas en la oscura Edad Media. “El fin justifica los medios”, es el resumen que ha quedado para la posteridad. La ética solo es importante si contribuye a nuestros objetivos.

El fin que debe perseguir un Príncipe que se precie de serlo no es otro que llegar al poder, mantenerse en el poder y acrecentarlo. Tal empresa no requiere virtudes ni fortunas extremas, solo “astucia afortunada”.

La virtud es importante para ganar el aprecio del pueblo, pero más importante es todavía la apariencia de virtud.  “El Príncipe debe parecer compasivo, fiel a su palabra, inocente y devoto. Y de hecho debería ser así. Pero su disposición debe ser tal que, si necesita ser lo opuesto, sabe cómo hacerlo”. Esto incluye la capacidad de mentir con tal que sepa ocultar sus mentiras, justificarlas o incluso creérselas.

La forma de ganarse a los súbditos dependerá de las circunstancias. He aquí algunos de los consejos de Maquiavelo al Príncipe: (1) Procura ser amado y temido por el pueblo; cuando estés obligado a elegir, mejor lo segundo. (2) Si deseas alcanzar el poder absoluto de forma rápida y segura, evita gobernar a través de los magistrados. (3) Convence al pueblo que necesita tus favores, especialmente en sus momentos de necesidad. (4) Evita a los aduladores, te harán dormir en los laureles; el buen Príncipe siempre ha de estar despierto y maquinando.

PD. Cualquier parecido con la realidad española es pura coincidencia.

La Tribuna de Albacete (14/06/2021)