domingo, 20 de diciembre de 2020

Dudas sobre la eutanasia

 

El jueves 17 de diciembre el Congreso español aprobó la ley de Eutanasia por amplia mayoría: 198 votos a favor, 138 votos en contra y 2 abstenciones. En mi memoria se agolparon muchos interrogantes que no me dejan dormir.

·      Hace tres años el  PSOE rechazó por peligrosa, injusta y anticonstitucional la ley de eutanasia propuesta por Podemos. Ahora ha impulsado una ley similar calificándola como una conquista social que demuestra la superioridad moral de la izquierda. Vaya, yo pensaba que la moral consistía en la restricción de la propia libertad cuando choca con la vida ajena y otros derechos fundamentales de la persona.

·        ¿A qué viene tanta urgencia? La ley se ha “deslizado” por el Parlamento en un tiempo récord, entrará en vigor en menos de un mes y se hará efectiva antes de 33 días desde que uno manifieste su deseo de morir. La consigna parece ser: “Mejor que nadie lo piense dos veces”.

·        ¿Por qué no se consultó al Comité de Bioética elegido por el PSOE, PP y el resto de partidos? El Comité se ha visto compelido a declarar por su cuenta que el proyecto de ley no respeta los criterios éticos más elementales.

·      ¿Qué razones explican que solo cinco países del mundo hayan aprobado la eutanasia y cómo ha evolucionado su gestión? Nos sorprenderá que la praxis raramente coincide con el prototipo legal: “enfermo con dolores insufribles que solicita la muerte con plena consciencia y libertad”. Nada que ver con la realidad donde dominada por casos de trastornos psíquicos y quienes deciden suelen ser sus familiares o el personal sanitario.

·     Si el objetivo es evitar el dolor ajeno, ¿por qué no promueven cuidados paliativos adecuados? Me creeré la buena voluntad de una ley de eutanasia cuando incorpore una cláusula del siguiente tenor: “La herencia del difunto se dedicará íntegramente a financiar los cuidados paliativos. Al mismo fin irá el ahorro de la Seguridad Social por la muerte anticipada de ancianos, enfermos y desesperados”.

La Tribuna de Albacete (21/12/2020)

domingo, 13 de diciembre de 2020

Libertad de información

            Imagine un mundo con un solo periódico, una sola cadena de televisión y una agencia pública que filtrara todo lo que se difunde por internet. Esta pesadilla rememora las dictaduras de derechas (fascismo) y de izquierdas (comunismo). Resulta incompatible con el sistema de contrapoderes que sostienen una democracia; el pluralismo de los mass media forma parte del mimo. 

        Esta presunción no libera a los gobernantes de la tentación de monopolizar y controlar la difusión de las ideas. Se aprecia en la Comisión recientemente propuesta por el Gobierno español para “monitorizar y vigilar las campañas de desinformación”. Los periodistas temen (con toda la razón) que bajo el pretexto de combatir las fake news se instale en la Moncloa el “Ministerio de la Verdad” profetizado por G. Orwell en 1948.

En mi opinión la libertad de expresión e información es de las pocas cosas que funcionan relativamente bien en los países occidentales. Amenazas como la indicadas nos deben estimular a proteger los pilares sobre los que se asienta y extrapolarlos a otras actividades de fuerte contenido ideológico como es el caso de la educación. (1) Libertad de creación de medios informativos y libertad de expresión a través de ellos. (2) Igualdad de acceso a los medios públicos y neutralidad de sus informativos (la BBC inglesa suministra un buen ejemplo). (3) Libertad de elección de las fuentes de información, lo que descarta cualquier tipo de monopolio.

Los límites a la libertad de expresión provienen del derecho al honor y la veracidad que asisten a cualquier persona física o jurídica. Quien no esté de acuerdo con una noticia se defenderá contraatacando. O la denunciará ante los tribunales, cuando se trate de una calumnia manifiesta. La carga de la prueba recaería en el medio y la persona que profirieron aquella acusación falsa y dañina. Todo menos utilizar el poder político para eliminar y domeñar la libertad de crear medios de comunicación que actúan como contrapoderes y garantizan la libertad de expresión.

La Tribuna de Albacete (14/12/2020)

lunes, 7 de diciembre de 2020

Educar en libertad

           Todos aceptamos que una buena educación básica es lo mejor que le puede ocurrir a un país. Contribuye a la formación de personas libres, críticas y respetuosas. Personas capaces de crear y disfrutar de la cultura. Impulsoras del progreso técnico y económico.

Lamentablemente, la escuela también es un terreno abonado para sembrar ideologías y manipular los valores de los alumnos, futuros votantes. Tras el fiasco de ocho leyes generales de educación en 40 años, parece evidente que estamos incapacitados para consensuar los valores que hemos de transmitir en la educación. El único pacto posible consiste en respetar y encarrilar la libertad de los agentes que intervienen en la educación: libertad de creación-gestión de los centros docentes y libertad de elección

                Libertad de oferta educativa. Los centros habrán de atenerse a las directrices generales señaladas por el gobierno central o regional. Este respetará la libre iniciativa en la organización del aprendizaje en su esfuerzo por conseguir que cada alumno saque lo mejor de sí mismo. ¡En eso consiste la calidad educativa!  

                Libertad de elección. Entregando el “vale” suministrado por el Gobierno, los padres escogerán el colegio que consideren mejor para sus hijos, habida cuenta de los resultados en las reválidas nacionales al final de cada ciclo y de la confianza que les merezcan sus actividades complementarias. Lo que no es admisible es que cualquier iluminado secuestre a nuestros hijos en el aula y les obligue a aprender su filosofía de la vida.

                El actual sistema de organización de la comunicación de masas podría ser copiado por la educación. Conscientes de que constituyen un cuarto poder ideológico y político, exigimos (por el momento) la libre creación de medios públicos y privados y les dejamos expresarse como quieran. Respetamos también la libertad de los ciudadanos para ver el canal televisivo y leer el periódico que deseen. No pedimos más que eso. Y nuestro mejor aval es el artículo 28 de la Constitución española.

La Tribuna de Albacete (7/12/2020)

lunes, 30 de noviembre de 2020

Libertad y fisco

             El Gobierno (PSOE-UP) con sus aliados separatistas y comunistas se han confabulado para obligar a la Comunidad de Madrid a reactivar el impuesto sobre el patrimonio y sucesiones. Renunciando al cobro del impuesto, arguyen, Madrid compite deslealmente con el resto de comunidades autónomas. La noticia nos suministra un buen caso de estudio para confrontar el intervencionismo y el liberalismo. También para constatar el vuelco de las instituciones. El Parlamento nació para controlar al “fisco”, al poder impositivo del Estado. Vemos ahora como algunos pretenden utilizar al parlamento para obligar a los gobiernos subcentrales a aumentar gastos e impuestos. El fisco ya no es un poder, tan necesario como peligroso, que deba ser objeto de control. Es un bienhechor que hay que mimar.

               Antes de entrar en el tema que nos ocupa conviene aclarar que el impuesto sobre patrimonio-sucesiones difícilmente puede utilizarse como cebo para atraer empresas. En la mayoría de países de nuestro entorno este tipo de tributos o no existe o representa una proporción exigua de la recaudación fiscal. Además, no recae sobre las sociedades sino sobre las personas físicas.

El éxito de la economía madrileña en las últimas décadas habrá que explicarlo por otros motivos. Tras largos siglos de letargo económico, como capital de un estado intervencionista, Madrid logró despegar cuando tuvo la oportunidad de dar cuerda a la iniciativa privada. Una acertada combinación entre iniciativa privada y pública ha redundado en mejores y más baratos servicios públicos, incluyendo la educación y la sanidad. El crecimiento de la renta, a su vez, ha permitido reducir la presión fiscal estimulando el trabajo, el ahorro y la inversión. En la economía abundan este tipo de círculos virtuosos; también los viciosos.

               Algún lector objetará que el modelo madrileño ha alentado la corrupción política. No le falta razón. Solo matizaré que la corrupción política está directamente relacionada con los recursos fiscales que los políticos manejan discrecionalmente y con el tiempo que permanecen en el poder. Otra razón de peso para defender el liberalismo frente al intervencionismo. Hay que limitar el mandato de los políticos, obligarles a devolver todo lo robado y exigirles algún tipo de responsabilidad económica si se acreditara el despilfarro del dinero de los contribuyentes. 
La Tribuna de Albacete (29/12/2020)

lunes, 23 de noviembre de 2020

Sabiduría liberal

 

La semana pasada se aprobó la octava ley general de Educación en cuarenta años. ¡Bochornoso!, es el calificativo más suave que se me ocurre para describir la forma como se gestó y alumbró ese texto con fecha de caducidad. No menos crispado es el debate sobre el resto de proyectos con incidencia en valores personales e identidades de grupo que el Estado trata de imponer desde arriba.

Algunos solucionan todos los problemas con diálogo. ¡Ingenuos!, es el calificativo más suave que se me ocurre. El diálogo es una pieza clave en la construcción de cualquier comunidad. Pero sí ya resulta complicado en el seno de una familia y de un partido político, ¿cómo vamos a esperar que aúne a la entera comunidad nacional tras un Estado partidista por naturaleza?

La sabiduría liberal arranca de una antropología más realista y simple, descarnada dirán algunos. Mientras el hombre siga siendo hombre, lo máximo a lo que podemos aspirar es a conseguir acuerdos nacionales e internacionales de mínimos. El Estado resulta indispensable para facilitar tales acuerdos, plasmarlos en una Constitución y asegurar su cumplimiento. Casi todo lo que pase de ahí sobra y habrá de mirarse con suspicacia. Los políticos son hombres como nosotros, no ángeles que sacrifican sus intereses personales y partidistas por el interés general.

                 La sabiduría liberal bebe de la experiencia de siglos. Deja que hombres y mujeres organicen libremente sus vidas personales y familiares, amén de las asociaciones en las que se integran voluntariamente. A quienes desean un Estado que organice y uniformice sus vidas desde la cuna a la sepultura y desde la alimentación, a la información y la educación, les recomienda juntarse en una isla o un continente. Un lugar que sea fácil cerrar para evitar que los camaradas escapen del paraíso comunista.

La Tribuna de Albacete (23/11/2020)