lunes, 20 de julio de 2020

Aprender a dialogar

            Al abrir el ordenador se encienden en su pantalla estas dos preguntas. (1) Valore, de 1 a 10, la importancia del diálogo para el buen funcionamiento de la democracia; (2) Valore, de 1 a 10, la capacidad de diálogo de nuestros políticos. Me atrevería a avanzar que la media de la primera pregunta estaría cercana a diez y la segunda cercana a cero. Con el ánimo de mejorar su capacidad de diálogo les propondría los siguientes ejercicios para estas vacaciones (y el resto de sus vidas). Entre los “juegos” que me propusieron en mi época de bachiller destacaré tres. 

            Ejercicio 1: escuche y responda a lo que se pregunta. El juego consiste en agrupar al público en parejas. Antes de responder a tu colega has de resumir la cuestión que te ha formulado. Sorprendentemente, nadie admitía la interpretación que el otro ha hecho de su pregunta. “O no eres capaz de entenderla o no quieres entenderla”

                Ejercicio 2: póngase en el pellejo del contendiente. Un juego habitual en los debates universitarios consiste en plantear un tema polémico y sortear, instantes antes del debate, quién defenderá cada postura. El juego ayuda a ver que la mayoría de las cuestiones tiene varias caras y uno ha de saber aceptar la parte de verdad que tiene el adversario.

               Ejercicio 3: evite insultos y escapatorias fáciles. Algunos juegos de mesa tienen una prueba llamada “tabú”. Consiste en explicar un concepto sin emplear determinadas palabras. Si las pronuncias, se acaba tu turno. Imaginen ustedes que ocurriría a nuestros políticos de izquierdas si no pueden emplear las palabras “facha”, “Franco” o “Guerra Civil”. Y a nuestros políticos de derechas si no pueden mentar a “Venezuela”, “Stalin” o “ETA”.

              Advertencia. Estos juegos no son solo para políticos. Cada uno puede practicarlos con su cónyuge, hijos o vecinos. El diálogo es el tejado de una casa que la mayoría de nosotros todavía no ha empezado a construir. ¡Y así nos va!

La Tribuna de Albacete (20/07/2020)

lunes, 13 de julio de 2020

Motín a babor


           El 7 de julio de 2020, 150 escritores, artistas e intelectuales de izquierda firmaron un manifiesto contra la dictadura de lo políticamente correcto. ¡Ya era hora! Entre ellos figura Noam Chomsky quien en “Guardianes de la libertad” (1988), había criticado cómo los gobiernos y los grandes grupos editoriales (todos de derecha) controlaban la génesis y difusión de las ideas. Ahora se lamenta del avance de la intolerancia en la izquierda. La religión universal de lo políticamente correcto no admite disidentes ni a derecha ni a izquierda, ni a estribor ni a babor. Un grupo de voceros perfectamente organizados sale en tromba cada vez que alguien se atreve a cuestionar los nuevos dogmas. 
           Leamos la Letter of Justice and Open Debate. “El libre intercambio de informaciones e ideas, oxígeno de una sociedad libre, es diariamente reprimido (…) Editores despedidos por publicar textos críticos; libros retirados del mercado; periodistas vetados de escribir sobre determinados temas; profesores investigados por citar textos clásicos (…) Escritores, artistas y periodistas temen por su vida profesional si se apartan de lo políticamente correcto o si no lo defienden con suficiente celo”.
                El manifiesto no osa concretar en qué consiste hoy lo políticamente correcto. Lo diré yo: la ideología de género. Cualquiera puede insultar o quemar la foto del Presidente o del Rey por ser quién es. Pero nadie puede criticar las ensoñaciones de los ideólogos de género ni rebelarse contra sus imposiciones educativas. Bien lo sabe J.K. Rowling, una de las firmantes del manifiesto. Acaba de ser defenestrada del Olimpo intelectual por insinuar que también hay que valorar a las mujeres que aceptan su sexo en lugar de cambiárselo. Ya verán ustedes qué pronto se prodigan las publicaciones sobre “homofobia en Harry Potter”.

domingo, 5 de julio de 2020

Unplanned



       Anteayer se estrenó en los cines españoles la película “Unplanned”. Está basada en la historia real de Abby Jonhson que ella misma narró en un libro. Un repaso de sus protagonistas mostrará los roles que podemos jugar en uno de los grandes dramas de la sociedad actual, por no decir el primero.
             Abby es la ingenua activista pro-choice que vive instalada en la irreflexión y la mentira. Trata de justificar los valores transmitidos por su familia católica con el mantra feminista: el derecho sagrado de la mujer para disponer de su propio cuerpo, el feto como un conglomerado de células que no sufre, el aborto como una breve intervención quirúrgica que no deja huella en la mujer... En su etapa universitaria, Abby tuvo dos abortos voluntarios en Planned Parenthood, la mayor multinacional abortista del mundo, y se animó a trabajar con ella. Tanto se identificó con el mantra feminista y tan buena era engatusando a sus clientas (22.000 contó), que pronto fue ascendida a directora de la clínica. Así hasta el día que no aguantó más sus propias mentiras y se atrevió a hacer una pregunta a su jefa.
              Ésta, Cheril, le reprendió por haberle hecho en público una pregunta que delataba su tremenda ingenuidad. “Por supuesto que los estatutos justifican nuestra actividad como asociación sin ánimo de lucro para la salud reproductiva. Pero eso se escribe para el fisco. El beneficio ha de salir de alguna parte. En nuestro caso de los abortos que hemos de duplicar para seguir en el mercado”.
             Marilysa y Shawn son activistas pro-life. Rezan al otro lado de la reja que protege la clínica y ofrecen a las mujeres alternativas al aborto. A ellos se une Abby tras presenciar por primera vez un aborto por aspiración y tomarse el tiempo para reflexionar sobre lo que había visto.
            Datos complementarios para el lector pensante. La empresa denunció, sin éxito, a Abby por traición profesional. Más adelante esa clínica local quebró y Planned Parenthood fue condenada por la venta de órganos de los bebés abortados. La publicidad de la película fue vetada en las cadenas más progresistas de Norteamérica. La asociación cinematográfica de Estados Unidos, la calificó como “Restringida” por el mal gusto de grabar abortos en vivo. Los directores de la película (Konzelman y Solomon) no pudieron menos que manifestar su sorpresa: “Una chica norteamericana de 15 años puede abortar sin que sus padres se enteren, pero necesita ir acompañada de ellos para ver una película sobre el aborto”.
La Tribuna de Albacete (06/07/2020)

domingo, 28 de junio de 2020

Hipocresías de la vida



   El COVID-19 ha alumbrado muchos sentimientos nobles. El primero, la preocupación por los ancianos. En España, el 69% de los fallecidos por Covid-19 ha ocurrido en residencias de tercera edad.  ¿Cómo es posible, claman los políticos rasgando sus vestiduras, que hayan impedido la hospitalización de ancianos necesitados de respiración asistida?
Lamentablemente, detrás de tantas lágrimas y vestiduras rasgadas, hay mucha hipocresía. El PP utilizó estos datos para acusar al Gobierno del PSOE-UP de ser el país que peor había gestionado la crisis sanitaria. El Gobierno contraatacó advirtiendo que la mayoría de las muertes provenía de las residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid (PP). La Presidenta madrileña recordó al Gobierno que era él quien había asumido el mando único en materia de sanidad y residencias. Además, en términos per capita, el ranking de fallecimientos lo lideraba Castilla-La Mancha (PSOE). Vamos que una vez más hemos convertido una tragedia social en un partido de tenis ante a la galería electoral.
Hay otro tipo de hipocresías todavía más sangrante. Mientras que por el día algunos políticos se rasgaban las vestiduras a causa de la muerte de ancianos desatendidos, por la noche ultimaban una ley de eutanasia. Y ya empezamos a saber qué es la eutanasia. En Bélgica, la inmensa mayoría de las 2357 personas que murieron “dignamente” en 2019 superaba los 60 años. La cifra se acerca a los muertos por coronavirus en residencias de ancianos en 2020. Bajo secreto de sumario, el 41% de los médicos holandeses que practican la eutanasia ha reconocido que, la dificultad de comunicarse con estos pacientes de edad avanzada, les obliga a decidir por ellos mismos cuándo una vida deja de tener sentido.  ¿No ven ustedes excesivas coincidencias con el trato recibido por los ancianos durante el confinamiento?
La Tribuna de Albacete (29/06/2020)

lunes, 22 de junio de 2020

Fray Junípero Serra



                Al construirse el Capitolio de Washington en 1873 alguien sugirió que sus salas estuvieran presididas por las personas que más habían contribuido a levantar la nación norteamericana. Cada uno de sus 50 estados tenía el derecho de proponer un nombre. El Estado de California escogió al “civilizador y evangelizador de estas tierras, fray Junípero Serra”.
Nuestro fraile nació en una humilde familia de Petra, Mallorca. Dejó el calor de la familia y su flamante cátedra de filosofía para seguir su vocación misionera. A medida que avanzaba hacia el noroeste del continente americano se percató que el nivel cultural y profesional de los indios era más y más bajo. Al llegar a la Alta California, su creatividad le llevó a fundar “misiones” donde convivieran europeos con indios, clérigos con laicos. Enseñaron a los indios a cultivar las tierras, explotar el ganado y practicar todo tipo de oficio. Simultáneamente les transmitieron la fe en Dios Padre que nos hace a todos hermanos y en Jesucristo que nos muestra la verdadera estatura del hombre.
Fray Junípero siempre vio a los indios como personas que había que defender y promocionar. En cierta ocasión, sorteando a un Gobernador déspota que controlaba su correspondencia personal, recorrió cientos de kilómetros para entregar en mano una carta al Virrey (Méjico). Esta carta constituye una auténtica declaración de los “los derechos de los indios”. Le pidió el cese de Pedro Farges, un Gobernador más interesado por el oro que por las personas. Lo consiguió.
Cuento todo esto porque anteayer en la ciudad de los Ángeles (una de las 9 misiones fundadas por el santo) un grupo de justicieros derribaron su estatua, la golpearon y la pintaron de rojo-sangre.  ¿A qué viene esa fiebre iconoclasta? ¿Será una muestra de incultura? ¿Será el odio que no puede resistir tanto tiempo confinado? ¿Serán arrebatos de grandeza propios del adanismo? Sea lo que fuere, urge poner las cabezas en su sitio. Mejor que cada uno empiece con la suya.

La Tribuna de Albacete (22/06/2009)