domingo, 14 de octubre de 2018

El drama de las pensiones



¿Es viable el sistema de Seguridad Social (SS) español? –NO. La conjunción de los problemas demográficos (cada vez nacen menos niños y nos morimos más tarde) y los problemas económicos (una tasa de paro alta y errática) han hecho insostenible nuestro sistema de seguridad social.
Para haber evitado los 18.000 millones de déficit con los que acabaremos el año, se necesitarían 3,4 millones más de afiliados. Una cifra similar representaron los inmigrantes durante los doce años de auge económico (1995-2007). Hoy, casi nadie espera otro auge así, ni desea tantos inmigrantes. La alternativa para equilibrar las cuentas pasaría por una caída de las pensiones del 19%. Pero, ¿quién va a votar semejante injusticia? La tercera estrategia sería subir las cuotas a los trabajadores activos, a medida que aumenta el peso de las pensiones. No debemos olvidar, sin embargo, que las pensiones es un gravamen al trabajo y puede resultar contraproducente subirlas en el país de mayor tasa de desempleo.
Las leyes económicas acaban imponiéndose. Cuando, al inicio de la crisis, el FMI y la UE recomendaron al Gobierno griego un recorte del 25% en sus pensiones, éste se negó rotundamente y hasta amagó con abandonar la UE. Diez años después, el gasto efectivo en pensiones de nuestros vecinos ha caído un 40%. ¡Tales son los riesgos de los ajustes tardíos y mal planificados!
Las bases de una reforma realista de la SS española se sentaron en 2011 y 2013.  En abril de 2018, para conseguir los 6 votos del PNV que necesitaba, el Gobierno de Rajoy aplazó la fecha de entrada de la reforma (2019). En septiembre, el Gobierno de Sánchez aniquiló definitivamente la reforma con el beneplácito del Pacto de Toledo donde están representados el resto de los partidos. Ninguno quería jugar el papel de aguafiestas. ¡Cuánto les cuesta a nuestros políticos enfrentarse con la realidad! Ignoran que en nuestro sistema de reparto-contributivo es imposible repartir sistemáticamente más de lo que se recauda. Con las reformas actuales no hacemos más que desplazar el problema al futuro ... y a escala ampliada. Esperemos que la cordura vuelva pasados los dos años electorales que nos esperan.
La Tribuna de Albacete (15/10(2018)


domingo, 7 de octubre de 2018

El suicidio demográfico de Occidente

El “Suicidio demográfico de Occidente” fue el tema la VII Jornada Universitas celebrada el pasado viernes en el Campus de Albacete. La reducción de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida están transformando la pirámide de población en un cilindro. Un cilindro cuya base se va estrechando por la caída de la natalidad y cuya altura crece con la esperanza de vida. El envejecimiento de la población que resulta de este cuadro genera problemas políticos y económicos, sociales y personales.
Carmen González Carrasco (Catedrática de la UCLM) habló de la importancia de la legislación para recuperar las tasas de fecundidad. Francia y los países nórdicos lo han conseguido subvencionando a las familias numerosas. El éxito de Hungría se basa en su apuesta por las madres jóvenes.
Joaquín Leguina, que además de político y escritor es demógrafo, se lamentó que las elecciones europeas de 2019 se proyecten contra los inmigrantes. El problema no está en la entrada de inmigrantes sino en su refugio en guetos cuando falla la integración. 
Emilio Chuvieco, director de la Cátedra de Ética Ambiental de la Universidad de Alcalá, matizó que los problemas ambientales no dependen tanto de cuántos somos sino de cuánto y cómo consumimos. Eso se aprende en la familia. Advirtió que los atentados contra la naturaleza (que incluye la naturaleza humana) acaban volviéndose contra la persona y la convivencia social.
Yo tuve la oportunidad de hablar del incierto futuro de las pensiones. El quid de la cuestión no radica en si las pensiones deben o no vincularse a la inflación. Lo importante es asegurar que crecen al ritmo de las cotizaciones. El cortoplacismo de los políticos es el mayor problema para encontrar las soluciones a largo plazo. Son nueve millones de pensionistas. ¡Nueve millones de votos!
La Tribuna de Albacete (8/10/2018)

lunes, 1 de octubre de 2018

Los cuarenta años previos al uno de octubre

La Constitución española de 1978 fue refrendada por el 88% de los españoles. En Cataluña la cifra rebasó el 90%. El Estatut de 1979 fue apoyado por el 88% de los catalanes. Durante muchos años los independentistas catalanes no superaban el 10% del censo electoral.  ¿Qué pasó en los 40 años siguientes para que el 50% de los catalanes abrazaran la causa independentista y renegaran de la Constitución? Pues muy sencillo: la siembra del nacionalismo excluyente a través de los medios de comunicación públicos y del sistema educativo público.
Me diréis, ¡pero también los poderes públicos de otras regiones y el propio gobierno español,  manipulan los medios y las escuelas para sus intereses electorales! Cierto. Y de ahí mi propuesta. Amarrar a los políticos cuando se adentran en la información y la educación.
En Cataluña, en Castilla-La Mancha y en el resto de España debemos asegurar la pluralidad de los medios de comunicación. Acepto que los medios públicos pueden mejorar el contenido cultural de los mismos. Pues eso, que se centren en la cultura. En los informativos y otros programas de contenido político debemos evitar que el dinero público se utilice para los objetivos del gobierno de turno.
           En Cataluña, en Castilla-La Mancha y en el resto de España debemos evitar la manipulación de la educación y eso se consigue asegurando la libertad de creación de centros educativos y la libertad de elección de los padres. Corresponde a los poderes públicos diseñar un programa general y los contenidos mínimos, comprometiéndose a financiar a todos los centros que los cumplan. No es admisible que se arroguen el poder de regular el currículum educativo hasta los mínimos detalles y de obligar a los escolares a cursarlo en “sus” centros públicos.  Si un centro público desea predicar la ideología del nacionalismo excluyente o la ideología de género lo mismo que puede hacer es respetar la libertad de que algunos padres lleven a sus hijos a otros centros.
La Tribuna de Albacete (1/10/2018)

lunes, 24 de septiembre de 2018

¿Qué hizo diferente a la crisis de 2008?

Estamos recordando (y todavía sufriendo) el décimo aniversario de la crisis de 2008, sólo superada en dureza por la de 1929. Las crisis financieras son una enfermedad endémica a las economías capitalistas. Los bancos son los primeros interesados en la expansión crediticia, en eso consiste su negocio. Pero crédito implica deuda y la calidad de ésta se va deteriorando a medida que aumenta. Cuando la fruta está madura, una elevación del tipo de interés o la quiebra de una institución financiera puede precipitar una crisis general.
Hyman Minsky, un experto en estos temas, concluyó que el ciclo del crédito/deuda se repetía cada 20 ó 25 años. La peculiaridad de la crisis de 2008 es que el proceso tomó una velocidad de vértigo por la connivencia entre la banca tradicional y la banca a la sombra, en el nuevo esquema bancario de “originar para distribuir”. La primera multiplicó el dinero a base de créditos hipotecarios, cada vez de menor calidad. La segunda, una vez esquivada la regulación bancaria, transformó las hipotecas basura en productos financieros de gran liquidez y bajo riesgo. En realidad, los riesgos eran enormes, pero estaban disimulados tras los nuevos y sofisticados derivados crediticios. 
            Tres son lecciones que debiéramos haber aprendido de la crisis de 2007-08. Primera, la regulación bancaria es más importante que nunca; la “banca a la sombra” resulta inaceptable. Segunda, no debe concederse créditos a la compra de activos financieros. Aunque no sea posible extirpar la especulación, no debemos tolerar que se financie con créditos baratos. Tercera, la expansión crediticia debe ir acompañada de mayores dotaciones de capital que suministren un colchón de seguridad y obliguen a los directivos bancarios a ser más responsables. 
La Tribuna de Albacete (24/09/2018)

lunes, 17 de septiembre de 2018

Diez años después de Lehman Brothers



El 15 de septiembre de 2008 es una de las fechas negras de la historia financiera. La caída de Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de los Estados Unidos, arrastró a otras muchas entidades (financieras y no financieras) a lo largo y ancho del planeta.   
España fue una de los países más afectados… y lo sigue siendo. Entre 2008 y 2018 el sistema bancario español perdió el 40% de sus oficinas y el 30% de sus empleados. Las cajas de ahorro, uno de los rasgos distintivos de nuestro sistema financiero, pasaron a la historia.
En 2007 presumíamos de tener saneada la hacienda pública con un 2% de superávit presupuestario y un 35% de deuda (en términos del PIB). En 2009 el déficit llegó al 10% y todavía sigue por encima del 3%. A pesar de las políticas de austeridad,  la deuda pública ha seguido creciendo hasta representar el 100% del PIB. Es más fácil endeudarse que desendeudarse, sobre todo cuando te exigen una prima de riesgo.
La tasa de paro es el mejor indicador del sufrimiento infligido por las crisis económicas. En 2007 habíamos logrado situarla en la media europea (8,5%). Se disparó con la crisis hasta llegar al 26% en 2009. Desde entonces ha bajado lentamente. Hoy supone el 16%, el doble de la UE.
Diez años después de la caída de Lehman Brothers continúa la resaca en algunos países intoxicados por exceso de crédito. A la vista de los datos anteriores, resulta grotesco culpar a los americanos de todos nuestros males. Es hora de poner la lupa en el sistema económico español y en la política económica de nuestros gobernantes (y los de la UE). Necesitamos empresas más competitivas e innovadoras. Un sistema financiero que dé preferencia a las inversiones productivas. Y un sector público más delgado y eficiente.
La Tribuna de Albacete (17/09/2018)