Acaba de
hacerse oficial el triunfo de Abelardo de la Espriela, líder del partido más
conservador de Colombia. El actual Presidente, Gustavo Petro confiaba en una
victoria aplastante de su sustituto Iván Cepeda, tras cuatro años regando al
electorado potencial con subvenciones y derechos sociales. El principal reto
que afrontará el Sr. de la Espriela es solucionar los desequilibrios fiscales
sin espantar al electorado. El déficit público respecto al PIB representa el
6,8%; la deuda pública, el 65% del PIB. No son cifras bajas, si consideramos
que los países latinoamericanos no tienen algo parecido a un Banco Central
Europeo que les compre la deuda pública a un interés muy bajo. Solo los
narcoestados socialistas de Latinoamérica, pueden permitirse tales lujos.
En el 2027, a más tardar, el gobierno socialista español
habrá de convocar elecciones generales. Uno de los puntos fuertes de la
propaganda socialista es su sólida gestión económica. Han multiplicado el
dinero destinado a los servicios públicos al tiempo que reducen el ratio Déficit/PIP
al 2,4% y mantienen la Deuda Pública en el 100% del PIB. Con la derecha, advierten
los progresistas, volveremos a la caverna del mercado que alimenta al rico a
costa del pobre.
No es difícil criticar los argumentos socialistas. Basta
con decir que sus promesas solo se sostienen con un BCE que compra la deuda pública
española a un tipo de interés cercano a cero y con una continua elevación de impuestos
a los trabajadores que cobran una nçomina. De todas maneras, es evidente que el
público general se siente más atraído por la generosidad de los socialistas que
por la disciplina de los mercados. Lo único que los liberales dan por seguro es
que, a largo plazo, las promesas socialistas son desmentidas por la
realidad. La prosperidad económica y el
bienestar social dependen de las inversiones empresariales y del trabajo
productivo.
La Tribuna de Albacete (29</06/2026)