En un encuentro religioso el sacerdote nos preguntó:
¿Cuál pensáis que es la potencia o capacidad mas alta y exclusiva del ser
humano? La opinión dominante concluyó: la inteligencia humana, la capacidad de
pensar. Los mas asiduos al Evangelio, se decantaron por la capacidad de amar al
prójimo, superando así nuestros impulsos egoístas que nos invitan a recorrer la
vida mirándonos al ombligo.
“Bien dicho, vais por buen camino, pero…”
Cuando nuestra curiosidad estaba en su punto álgido, el sacerdote abrió el Catecismo
y leyó el título de su primer capítulo: “El hombre es capaz de Dios”. Lo más
importante y exclusivo que tenéis es la capacidad de comunicaros con Dios para
preguntarle cuál es su voluntad para la humanidad y para mí en particular, aquí
y ahora.
La Navidad que celebraremos esta semana
fue una de las ocurrencias más sorprendentes de Dios. Primera sorpresa, Dios se
hace hombre para que podamos hablar con el de tú a tú. Segunda sorpresa, no un
hombre que deslumbrara por su poder, su inteligencia o sus riquezas. Sino un
niño pobre, indefenso, necesitado como cualquier bebé. Este niño no nos desarma,
antes bien despierta lo mejor de nosotros mismos: la gratitud, la humildad, la
confianza, la disposición a socorrerle y ayudarle.
A medida que ese niño fue creciendo en
edad, estatura, sabiduría y gracia, se convertiría en el camino, verdad y vida
de todos y cada uno de los seres humanos. Para preparar el reino de Dios en
esta tierra y para dar pleno sentido a nuestra existencia, no tenemos más que
preguntarle qué debemos hacer aquí y ahora. El nos insinuará cómo utilizar
nuestra inteligencia para mantenernos en la verdad y cómo ser instrumentos de
caridad, justicia y paz.
¡Feliz Navidad!, es la mejor manera de
conseguir un 2026 todavía mejor.
La Tribuna de Albacete, 24/112/2025