domingo, 28 de diciembre de 2025

La familia, derecho fundamental del niño

 

Es su afán por llenar el calendario de conmemoraciones, la ONU ha reservado un día para el niño y otro para la familia. Lamentablemente, casi nadie conoce esas fechas ni se ha preocupado por encontrar la relación entre los derechos/deberes del niño y los de la familia. La iglesia católica es una excepción. El 25 de diciembre recuerda el nacimiento de Jesús. El primer domingo después de la Navidad celebra el día de la familia. Dios no le proporcionó a Jesús una posada en Belén, pero no le privó de una familia. Jesús crecerá y será educado en el seno de esa familia, la familia de Nazaret.

Durante el 25 aniversario de los Derechos del niño, se generó una competencia por ver quién era capaz de imaginar nuevos derechos para los niños. La declaración más simple y certera la encontré en la hoja parroquial de mi pueblo. El derecho fundamental del niño no era otro que el vivir en una familia. Para poder cumplir sus funciones básicas (ayuda mutua y procreación - educación de los hijos) era indispensable que esta familia estuviera fundamentada en el amor. De ahí derivan tres derechos del niño que implican obligaciones para los padres: “derecho a que mis padres se quieran”, “derecho a que mis padres me quieran”, “derecho a que mis padres me guíen con su ejemplo”.

La educación requiere un ambiente de alegría y paz que se fragua entre los padres y se proyecta en su entrega a los hijos. ¿Dedicamos a nuestros hijos el tiempo que requieren? ¿Les educamos con nuestro ejemplo? Las palabras y consejos resbalan en cualquier persona sensata, empezando por los niños. Nuestras actitudes, en cambio, sí quedan grabadas en su personalidad y les ayudarán a lo largo de toda la vida. No hace falta ser perfectos para conseguirlo. Sí intentarlo y pedir perdón cada vez que hemos sido víctimas de nuestro egoísmo.    

Ciertamente, estamos lejos del ideal de la familia. Pero lo más preocupante es que nos desentendamos de la meta. Más trágico es todavía que, a menudo, los poderes públicos se empeñen en torpedear la institución familiar.

La Tribuna de Albacete (29/12/ 2025)

domingo, 21 de diciembre de 2025

El hombre, capaz de Dios

 

En un encuentro religioso el sacerdote nos preguntó: ¿Cuál pensáis que es la potencia o capacidad mas alta y exclusiva del ser humano? La opinión dominante concluyó: la inteligencia humana, la capacidad de pensar. Los mas asiduos al Evangelio, se decantaron por la capacidad de amar al prójimo, superando así nuestros impulsos egoístas que nos invitan a recorrer la vida mirándonos al ombligo.

“Bien dicho, vais por buen camino, pero…” Cuando nuestra curiosidad estaba en su punto álgido, el sacerdote abrió el Catecismo y leyó el título de su primer capítulo: “El hombre es capaz de Dios”. Lo más importante y exclusivo que tenéis es la capacidad de comunicaros con Dios para preguntarle cuál es su voluntad para la humanidad y para mí en particular, aquí y ahora.

La Navidad que celebraremos esta semana fue una de las ocurrencias más sorprendentes de Dios. Primera sorpresa, Dios se hace hombre para que podamos hablar con el de tú a tú. Segunda sorpresa, no un hombre que deslumbrara por su poder, su inteligencia o sus riquezas. Sino un niño pobre, indefenso, necesitado como cualquier bebé. Este niño no nos desarma, antes bien despierta lo mejor de nosotros mismos: la gratitud, la humildad, la confianza, la disposición a socorrerle y ayudarle.

A medida que ese niño fue creciendo en edad, estatura, sabiduría y gracia, se convertiría en el camino, verdad y vida de todos y cada uno de los seres humanos. Para preparar el reino de Dios en esta tierra y para dar pleno sentido a nuestra existencia, no tenemos más que preguntarle qué debemos hacer aquí y ahora. El nos insinuará cómo utilizar nuestra inteligencia para mantenernos en la verdad y cómo ser instrumentos de caridad, justicia y paz.

¡Feliz Navidad!, es la mejor manera de conseguir un 2026 todavía mejor.

La Tribuna de Albacete, 24/112/2025

lunes, 15 de diciembre de 2025

Los pilares de la sociedad

 

              La filosofía griega y la escolástica cristiana enfatizaron los trascendentales del ser (la verdad, la bondad y la belleza), así como la ley natural (no matar, no robar, no mentir). Todo ello radica en la dignidad de la persona humana. Kant, el filósofo de la modernidad, habló de unos imperativos categóricos que emanan de la razón humana y que, también, se presentan como valores universales e incondicionales. La sociedad se autodestruiría si los principios que rigen mi conducta egoísta o la de gobernantes corruptos se convirtieran en norma general. Si tú eres el único que roba es posible que te hagas rico en poco tiempo, pero si robar se convierte en moda, todos acabarán siendo unos miserables.

              Los tiempos han cambiado … para nuestra desgracia. Hoy todo es bello, incluido lo más vulgar y asqueroso. Todo es bueno si sirve para mi bien o el de mi partido. Todo es verdadero, lo que implica que no podemos distinguir entre la verdad y la mentira. Solo tenemos “opiniones” que pueden cambiar de un día para otro, aunque ataquen el veredicto de la ciencia y de una conciencia libre del propio interés. La decadencia de nuestro tiempo se explica por olvidar la verdad y sus principios, por normalizar el relativismo y el pragmatismo.

              Si el lector lee las páginas políticas de cualquier diario, se topará con una retahíla del siguiente tenor. La OCU descubre una red mafiosa que se enriquecía en la adjudicación de obras públicas. Los delincuentes niegan categóricamente tales cargos, borran el contenido del móvil y denuncian la manipulación de las fotos y audios incriminatorios. Cuando se sientan acorralados por la opinión pública, alegarán que cualquier medio es bueno si les ayuda a mantenerse en el poder. En los mítines políticos asegurarán que la alternativa sería una vuelta a la caverna de la mano de los partidos de la oposición.

              El relativismo y pragmatismo han triunfado en la política. Los conformistas se consuelan esperando que esos grupos se devoren unos a otros. Yo aprovecharía la espera para apuntalar los pilares de la convivencia tanto a nivel institucional como personal. ¿Pero cómo hacerlo se hemos sepultado la familia y la religión?

La Tribuna de Albacete (15/12/2025)